La Auditoría Integral del proyecto minero Cobre Panamá en Donoso, deja al descubierto riesgos ambientales en el Tajo Botija, la principal excavación a cielo abierto. La parte central del yacimiento denominado el Tajo Botija es un cráter a cielo abierto de 300 hectáreas y 180 metros de profundidad según describe la propia empresa minera, pero el informe de SGS ubica la cota superior actual en aproximadamente 105 metros, luego de la inspección presencial realizada por el equipo técnico.

Uno de los primeros hallazgos del equipo auditor según consta en el tomo 7, es que se confirma que luego de el cese de operaciones en 2023, en el fondo del tajo permanecen aproximadamente 4.8 millones de toneladas de material previamente volado pendientes de recolección y procesamiento. El informe advierte que ese material es riegoso si no se procesa adecuadamente, por lo que al igual que en los reportes preliminares se recomendó su remoción.

Una acción que fue autorizada por el Ministerio de Comercio e Industrias en abril de este año, pero el reporte no hace referencia a que haya comenzado o no ese proceso. “Se observó que los frentes de mineralización expuestos en el Tajo Botija, en la actualidad inactivo, permanecen sometidos a las condiciones de alta pluviosidad características del área, lo que podría favorecer procesos de alteración superficial o lixiviación”, añade la explicación de la auditoría en la página 128 del tomo 9 que también marca como conforme o en cumplimiento este proceso, pese a la advertencia de exposición. Vale señalar, que el informe final describe la lixiviación, como el proceso de disolución y transporte de metales contenido en las rocas y minerales del proyecto al entrar en contacto con el agua de lluvia.

Este punto es uno de los principales focos de atención para la gestión de riesgos y pasivos ambientales que tiene el proyecto. Otro de los hallazgos es la existencia de pilas de mineral ya triturado en la planta de procesos con una cantidad almacenada de 500,000 toneladas, referido a material extraído.

Señala la auditoría que en el área de almacenamiento se observó que el material intermedio se encuentra en acopios temporales que no cuentan con sistemas de cobertura. Esta condición es crítica debido a que la escorrentía pluvialo el drenaje del canal, favorece el arrastre de sedimentos hacia las pozas perimetrales.

En varios de los tomos se identica que el material expuesto y sin protección o cobertura puede generar agua de contacto, que en el glosario del reporte, específicamente en el tomo 1, es calificada como como el agua natural (lluvia, superficial o subterránea) que, al entrar en contacto con rocas, minerales o residuos mineros (relaves, escombreras), ve afectada su calidad. En los tomos del 7 al 14 de la Auditoría Integral, se repasan distintos niveles de riesgos detectados en el tajo Botija: Riesgos geotécnicos y de estabilidad 2.

Riesgos hidrogeoquímicos (Contaminación) 3. Riesgos a futuro (pasivos ambientales) La Prensa consultó a Cobre Panamá sobre el informe.

Maru Gálvez, gerente de Relaciones Públicas de la empresa, aseveró que los aspectos descritos en el Tomo 7 ya estaban identificados en el Plan de Preservación y Gestión Segura (PGS), aprobado por el Gobierno. Sobre el material volado pendiente de procesamiento, indicó que su remoción busca reducir riesgos como el drenaje ácido. “Luego de la aprobación, comenzaron los trabajos necesarios para llevar adelante el procesamiento del material extraído”, comunicó.

Gálvez añadió que el agua acumulada en Tajo Botija es tratada y monitoreada antes de ser bombeada hacia la Instalación de Manejo de Relaves. “Los elementos descritos en la auditoría corresponden a condiciones previamente identificadas, documentadas y gestionadas”, aseveró.