La otitis en cachorros suele asociarse a agua, suciedad o “orejas caídas”, pero con frecuencia es la cara visible de un problema más amplio: inflamación por hipersensibilidad. El oído se vuelve un lugar ideal para que proliferen levaduras y bacterias cuando la piel está irritada.

Señales típicas: sacudidas repetidas de cabeza, rascado insistente, mal olor, secreción marrón o amarillenta y dolor al tocar. Si el cachorro inclina la cabeza o pierde equilibrio, es una consulta urgente.

En paralelo —o antes— pueden aparecer problemas de piel: picazón, enrojecimiento, granitos, caspa, lamido de patas, “ojos llorosos” o zonas sin pelo. En la vida cotidiana se ve así: el cachorro se detiene en mitad del juego para rascarse, se muerde las patas después del paseo o no tolera el collar por irritación.

Las alergias más frecuentes que pueden manifestarse temprano incluyen: Importante: en cachorros, también hay “imitadores” de alergia, como sarna (demodécica o sarcóptica), tiña, parásitos intestinales o irritación por productos perfumados. Por eso el diagnóstico no debería basarse solo en “parece alergia”.

Ante otitis repetidas o dermatitis, el abordaje habitual incluye otoscopía, citología de oído o piel (para ver levaduras/bacterias), evaluación de parásitos y, si corresponde, un plan ordenado: control antipulgas efectivo, tratamiento de infección secundaria y, recién después, investigación de alergia. Cambiar el alimento “para probar” o usar gotas sobrantes puede empeorar el cuadro: algunas otitis requieren medicación específica y un oído inflamado puede sufrir si se aplican productos inadecuados.

Si sospechás alergia, la meta es reducir inflamación y recaídas sin asumir diagnósticos: mantener un control antiparasitario regular indicado para su edad y peso, secar bien orejas y pliegues luego de el baño, evitar perfumes o shampoos no veterinarios y registrar en qué momentos empeora (paseos con pasto, cambios de estación, limpieza del hogar, alimentos nuevos). Si la otitis o la picazón vuelven cada pocas semanas, esa recurrencia es, en sí misma, una pista: muchas alergias caninas no empiezan con estornudos, sino con orejas y piel.