Este sábado 20 de junio se cumplen 34 años de la Jura y promulgación de la Constitución Nacional. Llevó seis meses de trabajo a los 198 convencionales, y al término de la labor, la alegría y la tensión eran palpables debido a que los presidentes del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial de entonces estaban molestos.

Estos no acudieron al acto e hicieron su propia jura el 22 de junio. El país acababa de salir de la dictadura de Alfredo Stroessner que duró 34 años y medio, de agosto de 1954 a febrero de 1989.

En dicho contexto, el exsenador liberal Eusebio Ramón Ayala, convencional electo por el movimiento Constitución Para Todos (CPT) y uno de los impulsores de declarar el 20 de junio como feriado nacional, recuerda que en dicha fecha “había un ambiente muy bueno”, ya que los miembros de la asamblea sentían una gran satisfacción, por un lado, y al mismo tiempo una “tensa espera”. La tensión se daba porque la nueva Carta Magna no era del agrado de los poderes constituidos, es decir del presidente de la República Andrés Rodríguez, el Presidente del Congreso Gustavo Díaz de Vivar y el Presidente de la Corte Suprema de Justicia José Alberto Correa. “Tal es así que los representantes de los tres poderes del Estado no concurrieron para el 20 de junio de 1992, tal como decía la Constitución.

Un solo ministro de la Corte asistió, el doctor Jerónimo Irala Burgos (Fallecido en 2011)”, recordó. Pese a la tensión, Ayala recordó que finalmente Rodríguez juró sobre la nueva Carta Magna que entró en vigencia y la Constitución de 1967 fue derogada.

Consultado si se cumplieron las expectativas, su respuesta fue categórica: “Sí, se cumplió”, expresó. El entrevistado remarcó que a principios de los 90 hubo un ambiente propicio o “la época de la libertad”, después de la gesta de 1989 en que cayó la dictadura stronista.

Remarcó que ese fue “el ambiente necesario” y que la constituyente contó con una amplia participación de todos los sectores de la sociedad, Recordó que no solo los constituyentes representantes de partidos políticos contribuyeron a la redacción ya que también se habilitó la recepción de propuestas ciudadanas. Sobre el elemento político más importante que aportó la Constitución expresó que fue replicar el sentimiento de los paraguayos de la posguerra de 1870 que reconstruyeron el Paraguay, con la idea de 1989 de reconstruir el Estado Democrático. “Por eso se discutió con amplitud, con generosidad, en casi todos los artículos.

Hubo algunos artículos de fricción, pero fueron muy pocos. Y los convencionales constituyentes, en realidad, participaron en general con mucha libertad, independientemente de su pertenencia al partido de gobierno o a los partidos de oposición”, evocó.

Listado de los 198 constituyentes de 1992 (Arriba) Ayala indicó que la Carta Magna tiene grandes desafíos. “El desafío principal de los poderes del Estado, otros organismos del Estado y de la ciudadanía en general es el cumplimiento de la Constitución”, aseveró. “Ese es el punto, y eso ya le corresponde a la ciudadanía, le corresponde a los integrantes de los poderes del Estado, a toda la sociedad en su conjunto, y a través de sus representantes que deben actuar para el control ciudadano y sobre todo para tener la efectiva vigencia de la Constitución”, remarcó. El entrevistado también aseveró que si la Constitución de 1992 hasta ahora “soportó” todo este tiempo, es porque representaba ese espíritu en ese momento y que perdura hasta ahora.

Respecto a ciertas críticas y cuestionamientos a la Carta Magna, aseveró que no pasan de artículos puntuales que responden a intereses de grupos minoritarios o de personas disconformes. “Que eso es natural, pero la Constitución en su conjunto sí sintetiza esa convicción de construir un Paraguay democrático y justo”, insistió. Lea más: ¿Se traslada el feriado del 20 de junio?

Esto expresó el presidente Santiago Peña Por su parte, el exsenador liberal Gonzalo Quintana indicó que durante la asamblea sentían que era la oportunidad de pasar de la exclusión, del maniqueísmo y la persecución a la integración. “Nos entusiasmaba la idea que la ciudadanía pueda elegir al gobierno en sus tres niveles Nacional, departamental y Municipal. Inclusive, se incorporaron instituciones, mal llamadas, extra poderes que permitían que parte de su constitución sea producto de procesos electorales”, recordó.

Respecto a las expectativas de la Carta Magna, remarcó que los procesos electorales han mejorado lo suficiente como para pensar que los ciudadanos pueden votar, que sus votos son contabilizados, y que los resultados son reconocidos. “Es decir, esa aspiración de que la gente elija a sus autoridades se va cumpliendo”, remarcó. No obstante, lamentó que en los demás aspectos sufrimos un notable proceso de decadencia institucional. “Se ha degradado la política”, expresó.

Remarcó asimismo que “la Constitución del 92, ni ninguna otra Constitución basada en la ética republicana y en la ética democrática puede ser un obstáculo para el desarrollo, la prosperidad, la paz y la justicia”. En cuanto al mayor peligro a la Carta Magna, expresó que es que seamos incapaces de detener el proceso de decadencia y aceptemos como “constitucional” cualquier decisión que claramente viola los principios, los fundamentos del constitucionalismo liberal, burgués o como quieran llamarlo; inclusive el sentido común.