Día del Padre: un 21 de junio, hace 100 años, El Comercio impulsó esta celebración en el Perú
150 frases para el Día del Padre 2026: dedicatorias cortas, directas y originales para un buen papá este 21 de junioDía del Padre 2026: una guía con ideas de regalos y detalles para sorprenderlo en su díaCada tercer domingo de junio, las familias peruanas se reúnen para celebrar el Día del Padre. A todos, esa cita nos parece ahora algo normal, una especie de costumbre antigua, casi inevitable; no obstante, hubo un tiempo en que esa fecha no existía en nuestro país.
Hace exactamente cien años, el 21 de junio de 1926, cuando la celebración apenas comenzaba a expandirse desde los Estados Unidos hacia otras naciones, una página de El Comercio lanzó una propuesta tan sencilla como revolucionaria: crear en el Perú un día dedicado exclusivamente a los padres.LEE ADEMÁS: John Gavin en Lima: la vez que el galán de Hollywood apareció junto a Gladys Zender | FOTOSDÍA DEL PADRE: UN HOMENAJE NACIDO LEJOSLa historia moderna del Día del Padre suele remontarse a la ciudad de Spokane, en el estado de Washington, Estados Unidos. Fue allí donde, en 1910, una mujer llamada Sonora Smart Dodd propuso rendir homenaje a los padres, inspirada por el ejemplo de su propio progenitor, quien, luego de la Guerra Civil, había criado solo a sus hijos luego de la muerte de su esposa.La idea prosperó lentamente.
Durante años, la celebración fue ganando adeptos en distintas ciudades estadounidenses. Poco a poco dejó de ser una iniciativa local para convertirse en una tradición cada vez más difundida en ese país.
En el Perú de la década de 1920, mientras tanto, el Día de la Madre ya gozaba de reconocimiento oficial y popularidad creciente. Los padres, en cambio, seguían esperando su turno.UNA PROPUESTA DESDE EL PERÚ: “EL DÍA DE LOS PADRES”La mañana del lunes 21 de junio de 1926, los lectores de El Comercio encontraron en la página de humor y costumbres una crónica titulada “Los Espontáneos.
El Día de los Padres”. El texto comenzaba con una observación irónica.Si existían jornadas dedicadas a las flores, a los bomberos y a otras causas, decía el autor, también debía existir una fecha para los “pobrecitos papás”, una institución “antigua y meritoria” que no contaba con ninguna celebración especial.
MIRA TAMBIÉN: El primer día del histórico bypass de Benavides con la Panamericana Sur en 1983 | FOTOSLa queja escondía una verdad social. Según el cronista, toda la gloria pertenecía a las madres.
La literatura, la música, la pintura y la poesía ensalzaban constantemente el amor materno. Los padres, en cambio, parecían condenados al olvido.LOS PAPÁS, OLVIDADOS DEL HOGAREl autor observaba que la humanidad había construido una auténtica devoción alrededor de la figura materna.
La madre ocupaba lugares prominentes en la historia y en la sensibilidad colectiva.“Del padre solo se acuerdan para pedirle plata o para referirse a él llamándole ‘El viejo’. ¿Para qué sirve entonces ser padre?”, se interroga el autor.
Incluso los insultos populares –decía con irreverente humor– se dirigían casi siempre a las madres y nunca a los padres. Aquella aparente injusticia servía como punto de partida para una reivindicación.El cronista afirmaba que la sociedad olvidaba sistemáticamente los beneficios de la paternidad y proponía corregir esa omisión.
Por eso lanzó una idea concreta: instituir entre nosotros “El Día del Padre”. LOS PADRES EN COMPETENCIALa propuesta no se limitaba a una celebración simbólica.
Con el humor característico de la época (los años 20), el autor imaginó concursos destinados a demostrar las habilidades paternas, pues también eran capaces de hacerlo tanto como las sufridas mamás. SEPA ADEMÁS: El tren que cambió Lima: la historia del primer ferrocarril del Perú a 175 años de su inauguraciónUna de esas competencias consistía en arrullar o “hamacar” a los niños.
Cada participante recibiría a su hijo llorando a todo pulmón y “manoteando furiosamente”. Los jueces, cronómetro en mano, medirían cuánto demoraba cada padre en callarlo o, mejor, hacerlo dormir.
El padre ganador sería proclamado campeón. Se permitirían canciones, silbidos, muecas, imitaciones de animales y toda clase de recursos imaginables.
Todo, naturalmente, sin recurrir a métodos violentos. LA PRUEBA SUPREMA DE LA PATERNIDADOtra competencia pondría a prueba a los padres paseando a sus hijos en coche por la calle.
El concursante que, al encontrarse con un amigo, sintiera vergüenza de ser visto empujando el cochecito de su propio hijo sería eliminado de inmediato. “Un padre debe serlo sin vergüenza”, indicó el cronista. La idea de la nota escondía un mensaje moderno: defendía una participación más activa y visible de los padres en la crianza cotidiana.
Para 1926, aquella observación resultaba notablemente avanzada. MÁS INFORMACIÓN: Estadio de San Marcos: la inauguración del coloso que coronó los 400 años de la Decana en 1951 | FOTOSEn una sociedad donde muchas tareas domésticas recaían casi exclusivamente sobre las mujeres, la crónica reivindicaba el involucramiento paterno.
Lo hacía entre bromas, pero el mensaje permanecía.VEINTICUATRO HORAS DE PRIVILEGIO PARA LOS PADRESEl autor también imaginó cómo sería ese futuro “Día del Padre”. Durante 24 horas, el jefe del hogar recibiría un trato especial (“a la antigua”), y encontraría sus zapatillas donde correspondía: debajo de su cama, y no debajo de la cama del niño o perdido entre los juguetes, indicaba.El cronista añadía que el padre debía recibir los diarios de la jornada intactos y enteros, no en partes: asimismo, estaría a la cabeza de la mesa familiar, donde nadie protestaría por el almuerzo ni por los platos allí incluidos (como parecía ser costumbre de esos años).
Por una vez, sugería el autor de la nota, el padre podría disfrutar de cierta paz doméstica. Era una fantasía humorística, pero también un retrato de las tensiones familiares de la época.LEE TAMBIÉN: Día de la Madre: el abrazo de la nación a la mamá campesina de 1967 | FOTOS LOS GASTOS Y SACRIFICIOSLa crónica insistía en que la figura paterna acumulaba obligaciones poco reconocidas.
Los padres debían trabajar, sostener económicamente el hogar y cargar con responsabilidades constantes. No obstante, recibían pocas muestras de gratitud.
Incluso cuando un niño cometía alguna travesura, observaba el autor, la madre solía recordar que era “tan hijo tuyo como mío”. La culpa terminaba repartiéndose.
Los méritos, no siempre. Ese desequilibrio inspiró buena parte de este texto de hace 100 años.REIVINDICACIÓN CON HUMOR Y LA INFLUENCIA ESTADOUNIDENSELejos de ser una protesta amarga, la pieza periodística estaba escrita con ligereza.
Cada argumento aparecía acompañado de ironías y exageraciones. El humor servía para transmitir una idea seria.La paternidad merecía reconocimiento público.
Los padres no debían ser únicamente proveedores silenciosos. También podían convertirse en protagonistas de una celebración afectiva.
Esa visión resultaba novedosa en el Perú de 1926.MIRA ADEMÁS: Los 187 años de El Comercio: cuando multitudes se reunían frente al diario para escuchar las noticias de la bicolor | FOTOSAunque la crónica no desarrollaba extensamente los antecedentes internacionales, el contexto de la época resulta revelador. Para entonces, el “Día del Padre” ya llevaba más de una década celebrándose en diversas ciudades de Estados Unidos.La iniciativa impulsada por Sonora Smart Dodd había comenzado en 1910 y seguía expandiéndose.
Es probable que esa experiencia internacional inspirara la propuesta publicada en El Comercio, ya que el diario observaba las tendencias culturales del exterior y las adaptaba a la realidad peruana.UN SIGLO DESPUÉS: UNA VOZ ADELANTADACien años más tarde, aquella crónica conserva una sorprendente frescura. Muchas de sus observaciones continúan resonando.
La crianza compartida, la participación activa de los padres y el reconocimiento de su papel en la familia siguen siendo temas plenamente vigentes.Lo que en 1926 apareció como una ocurrencia humorística terminó anticipando cambios sociales profundos. La figura paterna dejaba de concebirse únicamente como autoridad o proveedor.
Pasó también a identificarse con la cercanía emocional, el acompañamiento y el cuidado cotidiano. “Con el ‘Día del padre’ se terminarán muchas injusticias y se logrará estimular entre las gentes el sentido de la paternidad. Porque mientras el padre solo traiga gastos, disgustos, sacrificios y amarguras, nadie querrá, sino que todos desearemos ser hijos, aunque sea de la ‘gran flauta’, situación que brindará un privilegio de injusticia para los únicos padres que no desaparecerán jamás, por lo menos mientras exista presupuesto: los padres de la patria”.Así terminaba este texto de humor visionario en el diario Decano, firmado por un enigmático: “H. del Carpio L”.
Resulta imposible saber cuántos lectores tomaron en serio aquella propuesta publicada aquel 21 de junio de 1926. Lo cierto es que la idea quedó registrada en las páginas de El Comercio.SEPA TAMBIÉN: La odisea de viajar en bus de Lima a Miraflores en la década del 50: una crónica del transporte público hace 75 añosUn siglo después permite comprobar que, mucho antes de que el “Día del Padre” se consolidara en el Perú, ya existían voces que reclamaban un espacio para homenajear a los papás.
No desde la solemnidad ni desde los decretos, sino desde el ingenio, la observación cotidiana y el humor.Tal vez por eso la propuesta conserva hoy un encanto especial. Porque detrás de las bromas, de los concursos imaginarios y de los bebés llorones, latía una convicción sencilla: los padres también merecían su día.
Y hace exactamente cien años, en una página de El Comercio, alguien se atrevió a decirlo en voz alta.
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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