SANTA FE.— En esta sección nos referimos muchas veces a Ricardo Supisiche . Hablamos de su vínculo con la isla y cómo, desde ese entorno, dialogó en sus obras con los dramas propios de la existencia humana.

También del viaje a Italia que, en los años 50, lo llevó a reformatear por completo su mirada. En una entrevista realizada en 2025, el arquitecto y especialista en artes visuales Guillermo Aleu , contó como "Supi" profesionalizó la plaza a partir de ese viaje, en el cual le tomó el pulso a las vanguardias europeas: el futurismo, el naturalismo, la pintura metafísica.

No obstante, hoy nos toca hablar de un momento en el cual a un ya veterano pintor le tocaba empezar a recibir el fruto de lo que había sembrado en las décadas previas. Se trata de un homenaje que le hizo el Club del Orden de Santa Fe en junio de 1978 al cual El Litoral le dio amplia difusión.

Un valor de "la cordial" Al promediar junio de ese año, Supisiche había pasado largamente los 60 años y su obra era valorada por propios y ajenos. Fue entonces cuando, dentro del ciclo cultural "Valores santafesinos", el Club del Orden decidió rendirle homenaje.

En la oportunidad, hubo una semblanza del artista a cargo de Antonio González Iturbe, quien, según consta en el archivo de El Litoral, "reseñó la larga serie de premios y exposiciones que jalonaron más de cuatro décadas de su labor ". Luego, el entonces presidente de la institución, Miguel Irigoyen, hizo entrega del diploma de honor al pintor homenajeado.

Seguidamente hubo un diálogo de Supisiche con el crítico Jorge Taverna Irigoyen. El oficio del pintor Taverna partió de la premisa de que "se habla mucho de pintura, se escribe más y se conoce a fondo muy poco de ella , del oficio del pintor, de las características de su lenguaje, de su imponderables técnicos, aún de su supuesta condición de juego o de habilidad por aptitudes naturales".

A lo cual Supisiche respondió ampliamente "acerca del profundo compromiso que significa pintar, dar expresión al mundo de las formas a través de colores, planos y espacios ", según indicó El Litoral en la crónica que dedicó al hecho. En la charla, el artista fue confiando "sus largas experiencias y aun algunas referencias anecdóticas desde sus primeros dibujos de niño, que asombraran a Baldomero Banús, hasta la iniciación en firme de su formación con Sergio Sergi , después de una fugaz permanencia en la Academia Reinares ".

El amor por la isla En una parte nodal de la exposición, Supisiche expresó con "palabras cálidas y justas" una justificación de su amor por la isla y la razón "de la cambiante visión de ese paisaje, a través de los años". Lo cual alude al centro de su obra.

Según reprodujo El Litoral, "expresó que, de presencia viva, el río pasó a ser para su pintura algo así como una esencia que inunda la memoria de los días, no sólo en el contacto físico de canoas, ranchos y lagunas, sino en la atmósfera que rodea a todo ello, en el latido del hombre que lo habita, en los sonidos y el silencio espeso ”. Color y composición En otra vertiente, la charla derivó hacia el tema del color.

En este punto, "Supi" recordó particularmente a la escuela veneciana, que lo impactó en oportunidad de su viaje a Europa y de las características de su paleta y su materia. Taverna recalcó la importancia que en su quehacer revestía la composición , “como fuerza ordenadora de los elementos”.

Ante lo cual el artista confesó que mucho influyó en él "su dilatado ejercicio docente en la Escuela Leandro Alem". En el diálogo se habló también de la pintura del litoral, de su sentido americano y la trascendencia universal.

Asimismo, Supisiche dio una serie de referencias íntimas a su modo de sentir y vivir: "sin apuros, pero apasionadamente, su auténtica vocación de pintor".