Antes o después de las comidas

En un reciente almuerzo de cumpleaños, una man llegó con una canasta entera de chifles. Así como me leen: una canasta, de esas grandes que suelen llegar en Navidad con botellas de vino y quesos malolientes, pero repleta de chifles recién hechitos.
No hizo más que pasar por la puerta, y todos los invitados se les hicieron los ojos de plato y empezaron a maniobrar un croquis mental hacia la canasta. ¿Saben cómo se calcula el tiempo de salir de una fila sólida de tráfico?
Contando cuántos señores vendedores de chifles y papas fritas se pasean entre los carros: seis minutos por señor, según mis cálculos (avísenme si les funciona la ecuación). Y no se diga de los partidos de fútbol.
Sería una tarjeta roja poner la tele con los hombrecitos que corren para un lado y corren para el otro sin presentar a los televidentes con al menos un tipo de snack en tazón o bandeja. Así, un grupo colorido de altos ejecutivos de las marcas de alimentos y cadenas de supermercado más grandes del país se suelen reunir a comparar números. “El futuro, señores, está en hacer más productos como estos,” dice un ejecutivo entre bocados de maní japonés de sabores.
Los demás asienten las cabezas mientras escogen de un formidable buffet de snacks que cubre completamente la gran mesa de la sala de reuniones. Al menos esta es la versión que me gusta imaginar sobre los directorios de la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos y Bebidas (ANFAB).
El año pasado la ANFAB completó un análisis de mercado de snacks que proyectaba un crecimiento anual del 3.9 por ciento entre el 2025 y el 2030. Según este reporte, el 86 por ciento de consumidores compran snacks “varias veces a la semana.” Hagamos una pausa aquí: dos cosas.
La primera es tener en cuenta que uno de los problemas más grandes en medir y entender la dieta de una población es el hecho de que generalmente las personas no hacen un buen recuento de lo que comen. Con esto en mente, lo segundo: considere, querido lector, los snacks que se ha comido esta semana.
Cuenta como snack todo lo que no estuvo dentro del desayuno, almuerzo, o cena. En el ajetreo de hoy, a veces ni llegamos a completar las tres comidas del día; nos sostenemos con una serie de snacks y bocaditos consumidos al paso.
Es la vida moderna, nos limitamos a decir, pensando en la mirada de desaprobación de la abuelita, que se hubiese escandalizado de vernos bautizar como almuerzo una funda de cualquier cosa con una bebida de algo peor. En nuestro país de maravillas, almorzar bien no es un reto — más sobre el almuerzo la próxima semana, pondrán la mesa — como es en otros países donde los oficinistas escogen entre un sánduche o un sánduche.
A veces también tienen sánduches. Las tendencias mundiales, no obstante, nos van influenciando.
Esto de comerse barritas de energía, galletas hechas con ingredientes que solo un ingeniero químico reconoce, comidas que tienen sabor a otras comidas, y otras novedades ultra-procesadas contribuyen a un creciente problema alimenticio. Por suerte, vivimos en el Ecuador.
Catorce años va la seño de los cevichochos en la misma parada de bus. Es cierto que hoy en día ofrece su plato estrella con una opción de cuero o pescado añadido, y que la mayoría de clientes eligen la opción menos sana, pero ahí está, vendiendo un promedio de cincuenta platos diarios a quienes esperan el bus.
Ese es el Ecuador: se come bien sin darse ni cuenta. Estamos chochos ¿Sabe qué país es el mayor productor de chochos del mundo?
Australia. Así como lo lee, pero los australianos que comen chochos hacen todo con las patas, pues este alimento se da solamente al ganado.
Técnicamente no es el mismo chocho andino de nuestros corazoncitos. Es una variedad más pequeña, que se parece a la soya.
Recién se les está ocurriendo por esos lados del mundo, que de pronto los chochos podrían ser consumidos por humanos, o que podrían usar esos chochos para hacer sus productos ultra-procesados ‘sanos’, porque resulta que los chochos han sido medio maravillosos. El chocho está oficialmente clasificado como un ‘superalimento’ por quienes se inventan estos términos marketeros.
Quiere decir que es un alimento denso en nutrientes. El chocho ha sido consumido por la gente andina desde el Ecuador hasta la punta sur del continente por centenares de años, aportando una importante cantidad de proteína y calcio a la dieta andina.
Al chocho sin pelar — véase nutrición — le añades unos tostados crujientes, y se armó la fiesta. Como los huevos revueltos con tocino, como el café con pan, así es de perfecta esta combinación.
Pocas cosas son como un platito de chochos con tostado. ¿No vas a extrañar los chochos con tostado?
Me preguntó mi papá cuando le dije que me iba a vivir a otro continente. En ese entonces yo no entendía sobre las cosas buenas de la vida, y lo descarté con una risa.
Pero regresé a las altas montañas de flores moradas, y a la seño de los cevichochos. Ni cuero, ni pescado, gracias; póngale bastantes chifles.
La man de la canasta, por cierto, esa era yo. [09:48]
Información de El Comercio (Ecuador). Edición y redacción: Noticias Today.
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