Un nuevo estudio encendió las alertas sobre el sur de California: el sistema de fallas de San Andrés y San Jacinto estaría sometido a niveles de tensión más altos que en cualquier otro momento de los últimos mil años. La investigación no predice cuándo ocurrirá un terremoto, pero sí ofrece una imagen más clara de un escenario que preocupa a los especialistas: una futura ruptura podría propagarse entre ambas fallas y provocar un sismo más severo que uno limitado a un solo sistema.

El punto clave está en el paso de Cajón, al noreste de Los Ángeles, una zona donde convergen las fallas de San Andrés y San Jacinto. Los investigadores lo describen como una especie de “puerta sísmica”, porque puede determinar si una ruptura se detiene o continúa hacia otra falla.

Los terremotos ocurren cuando la tensión acumulada en la corteza terrestre se libera de forma repentina a través de una falla. En el sur de California, las fallas de San Andrés y San Jacinto absorben gran parte del movimiento tectónico de la región.

Desde el terremoto de Fort Tejon de 1857, de magnitud 7.9, varios segmentos de estas fallas han permanecido sin una gran ruptura. Ese largo periodo de calma no significa que el riesgo haya desaparecido.

Al contrario: puede indicar que la tensión se ha seguido acumulando. Para entender el estado actual del sistema, un equipo internacional dirigido por la Dra.

Liliane Burkhard reconstruyó mil años de actividad sísmica. El modelo integró evidencia geológica, datación por radiocarbono, registros de anillos de árboles y observaciones históricas de rupturas en superficie.

Uno de los hallazgos más importantes del estudio es el papel del paso de Cajón. Esta zona funciona como una intersección entre fallas.

En algunos terremotos históricos, la ruptura se detuvo ahí. En otros, logró cruzar y propagarse por más de un sistema.

Por eso los investigadores lo llaman una “puerta sísmica”: no porque abra o cierre de manera literal, sino porque sus condiciones de tensión pueden favorecer que un terremoto avance de una falla a otra. El estudio comparó eventos históricos.

El terremoto de Fort Tejon de 1857 se detuvo en el paso de Cajón y no rompió la falla de San Jacinto. En cambio, el terremoto de Wrightwood de 1812 cruzó la intersección y se propagó por ambos sistemas.

La investigación encontró que no solo importa cuánta tensión hay en una falla, sino qué tan parecidos son los niveles de tensión entre fallas vecinas. Cuando ambas están muy cargadas y con niveles relativamente similares, aumenta la posibilidad de que una ruptura atraviese la unión y se extienda por más de un sistema.

Según el modelo, la sección San Jacinto-Bernardino alcanza en la actualidad una tensión de 3.6 MPa, por encima de cualquier valor registrado en la simulación de 1,000 años. La sección Mojave Sur, de la falla de San Andrés, se ubica en 2.8 MPa.

Para los investigadores, esa combinación es relevante porque se parece a condiciones que en el pasado precedieron rupturas de múltiples fallas. Un terremoto que involucrara tanto la falla de San Andrés como la de San Jacinto podría ser más dañino que uno limitado a una sola falla.

La razón es simple: una ruptura más larga puede liberar más energía y afectar una zona más amplia. En este caso, el impacto potencial alcanzaría regiones densamente pobladas y con infraestructura crítica, como Los Ángeles, San Bernardino, Riverside y el Valle de Coachella.

El paso de Cajón también es estratégico porque concentra carreteras, vías ferroviarias, líneas de energía y corredores de transporte importantes para California. Un sismo de gran magnitud en esa zona no solo implicaría daños en edificios.

También podría afectar movilidad, suministro eléctrico, comunicaciones y cadenas de distribución.