The Last Dance es un tango y se baila a ritmo de Messi: así se siente ver al campeón del mundo de pie en la tribuna, rodeada del fanatismo más bravo del planeta

Quién es Luca Zidane, el criticado arquero de Argelia que recibió un hat-trick de Lionel MessiCómo era Messi antes de ser Messi: el adolescente que leía la biblia, veía el Chavo y su anécdota favorita era su viaje a LimaDesde la tribuna de prensa ubicada en medio de la hinchada, el Arrowhead Stadium parecía una imagen de inteligencia artificial y los goles de Lionel Messi, inteligencia inexplicable. Nos hizo emocionar a todos.
No era mi selección, ni mi jugador ni mi Mundial. Pero era Leo, el mejor futbolista que esta y otras generaciones hemos disfrutado.
Al darse el pitazo final, amigos y colegas me escribieron para preguntar cómo se vivió tamaña escena histórica. Pero de mi lado no obtuvieron la acostumbrada elocuencia. “No tengo palabras”, les respondí a todos.
Y eso podía resumir la noche. LEE: “Quise meterle un patadón a Messi, pero no lo agarré nunca”: El goleador de Copa Perú que se cruzó con el astro argentino y Cristiano RonaldoFue como un trance.
Y no hablo del partido. Hablo de Lionel Messi, aquel que no tenía necesidad de ratificar nada y aun así lo hizo.
Él ya comprobó hacía tiempo que es el mejor jugador del mundo. Rompió récords, conquistó títulos y derribó cualquier discusión posible.
No obstante, casi sin que nadie quisiera polemizar, todavía le quedaba una marca por alcanzar: convertirse en el máximo goleador de la historia de los Mundiales. La noche del martes, en el Arrowhead Stadium, lo logró como aquel que disfruta jugando al fútbol que siempre ha sido.
LEE: El mundial es de Messi, el mundo también: ¿por qué un futbolista argentino traspasa todas las fronteras, de Bangladesh a Lima?Fue imposible no conmoverse entre más de 70 mil personas alentando a Argentina. Los cánticos, las lágrimas, los abrazos.
Desde afuera, como periodista y asimismo como extranjera, mi lugar era otro. Quizá uno más cercano a la contemplación.
Porque si bien la selección movilizaba a todos, para muchos el verdadero motivo de estar ahí era ver a Lionel Messi.El hat-trick que le dio una nueva página en la historia se disfrutó como se disfrutan las grandes noches de fútbol: viendo la jugada decisiva como si ocurriera en cámara lenta. Con esa sensación que aparece unas décimas antes de lo extraordinario.
Esa certeza extraña de que algo inolvidable está por suceder. Sobre todo cuando el que tiene la pelota es él.
Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de DT El Comercio (@dtelcomercio) Y, no obstante, mientras observaba aquella felicidad colectiva, también apareció una nostalgia difícil de explicar. No porque este vaya a ser su último Mundial, que podría ser la razón común.
Tampoco porque se acerque el final de una carrera irrepetible. Era una nostalgia distinta y más egoísta.
La de entender que muy difícilmente se pueda volver a vivir una noche así. Extrañar anticipadamente lo que en ese momento todavía estás viviendo.
En una ciudad que jamás imaginé visitar y que por trabajo ya conocí dos veces. Un lugar donde todo queda lejos y uno se siente fuera de casa hasta que encuentra, en esta coyuntura de Mundial, a alguien que habla el mismo idioma del fútbol, sea periodista, aficionado o hincha.Desde allí, a miles de kilómetros, observaba la fiesta de Messi, aunque sin ser completamente parte de ella.
No como quien celebra un gol, sino como quien intenta guardar cada detalle antes de que desaparezca. La atención estaba en el partido, pero también en la gente.
En los abrazos. En las lágrimas.
En los rostros que sabían que estaban viviendo algo irrepetible. Quizá fue la última vez que vi a dos amigos fundirse en un abrazo por un gol de Lionel Messi con Argentina y hacer historia.
Quizá por eso costaba tanto encontrar las palabras.
Information from El Comercio (Perú). Edited by: Noticias Today.
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