Con la intención de “dar permanencia a aquello que una cultura necesita mirar, estudiar y conservar”, y considerando que la obra de Luis Caballero exigía ser reunida y entendida en toda su complejidad, Benjamín Villegas nos entrega un homenaje al artista colombiano en un libro de pequeño formato.“La relación de los colombianos con el arte contemporáneo es más abierta y curiosa, aunque sigue siendo de un público sensible y minoritario… pero ese público existe, y para él he trabajado toda mi vida”, expresó Benjamín Villegas sobre su interés por la obra de Luis Caballero y el homenaje que le hizo.Villegas Editores. En 1968 la crítica de arte Marta Traba lo consideró “el pintor colombiano más notable de su generación y el sucesor directo de Obregón y Fernando Botero”.En “Luis Caballero.

Homenaje” (Villegas Editores, 2026) podemos recorrer, con necesario detalle y afinada mirada, la producción de un artista contemporáneo disciplinado y coherente, quien lejos de las complacencias creó para interrogar y confrontar desde una idea del cuerpo como campo de batalla espiritual, territorio de disputas, espacio de fisuras e incómoda belleza.En este homenaje las imágenes de su extensa obra se acompañan por un conjunto de textos, entre los que se destaca el de su hermano Antonio, quien entre Van Gogh y Kafka, Beckett, Lotto y Dalí, Picasso y Gide, descorre el velo para dejarnos ver al hombre-artista-creador en sus varias etapas, “distintas maneras que eran solo caminos”. A este se suman análisis de Traba y Cobo Borda, notas publicadas en la prensa nacional y en revistas francesas, y reseñas en catálogos de exposiciones y galerías de todo el mundo.

Con ellos comprendemos la manera en que edificó su obra Luis Caballero, un hombre de su tiempo, fiel a sí mismo y a una tradición a la que atravesó con las heridas de su época, pese a la imposibilidad “de escapar a las presiones y contradicciones del mundo artístico que le tocó vivir”.¿Qué decisiones fundamentaron la mirada editorial y artística del libro? Desde el punto de vista gráfico, quisimos que ofreciera una selección amplia y rigurosa capaz de mostrar todas las etapas de Luis Caballero y la evolución consecuente de su obra.

Nos interesaba incluir sus distintas técnicas —el dibujo, el grabado y la pintura— y reproducir las piezas más importantes y emblemáticas de cada período. Respecto a los textos, la decisión central fue que la mirada de fondo fuera la de Antonio Caballero, su hermano, un gran escritor y quizá quien mejor conoció a Luis, su vida y su trabajo.

Esa visión se complementó con 12 fragmentos de críticos colombianos y extranjeros, ubicados cronológicamente para acompañar las distintas épocas de la obra. Una de las piezas elegidas para el libo "Luis Caballero.

Homenaje", de Benjamín Villegas.Villegas EEntre los innumerables textos que se han escrito sobre la obra de Luis Caballero, ¿con qué criterio se escogieron los que son parte del libro? En esa labor fue fundamental Beatriz Caballero, su hermana, quien lideró la selección de la obra artística y aportó muchos de los textos publicados, tomados de los recortes que Luis conservó en su archivo.

Eso les da un valor especial: son documentos críticos, pero también parte de la memoria que él guardó sobre la recepción de su obra. Los textos se escogieron por su calidad, por su capacidad para iluminar distintas etapas de su pintura y por la diversidad de sus procedencias.

Esa variedad permite seguir cronológicamente la evolución de Luis y confirma tanto su dimensión universal como el reconocimiento que tuvo entre voces autorizadas del mundo del arte. En la presentación usted destaca la “fuerza, coherencia y universalidad” de la obra de Luis Caballero.

¿En qué aspectos puntuales se evidencian estas características? La fuerza de Luis Caballero está en la intensidad con que convirtió el cuerpo humano en un campo de tensión física, espiritual y emocional.

Sus figuras no son complacientes ni decorativas porque están atravesadas por el deseo, el dolor, la lucha, la belleza y una profunda soledad. Su coherencia está en haber permanecido fiel durante toda su vida a una gran obsesión: el cuerpo humano.

Cambiaron las técnicas, los formatos y las referencias, pero no esa búsqueda esencial. Desde las primeras imágenes, más ambiguas e indefinidas, hasta la afirmación cada vez más clara del cuerpo masculino.

Hay evolución, no dispersión. Su universalidad está en que, siendo profundamente colombiano, pertenece a una tradición más amplia en la anatomía clásica, el dramatismo barroco y la espiritualidad de ciertas imágenes religiosas.

Luis tomó esa tradición universal y la convirtió en un lenguaje propio, reconocible e inconfundible. En el texto “La soledad de Luis Caballero”, su hermano Antonio hace un riquísimo análisis de toda la obra y afirma, entre muchas cosas, que el artista “era contemporáneo a palos”.

Lo afirma porque, aunque su obra dialogaba con una tradición muy antigua —el cuerpo, la anatomía, la pintura religiosa, los grandes maestros europeos—, tuvo que vivir y trabajar dentro de su tiempo. Estaba en París, expuesto a las galerías, rupturas y lenguajes del arte contemporáneo y, asimismo, vivía de su obra: no podía pintar como si el siglo XX no existiera.

Luis no abandona la figura humana cuando buena parte del arte contemporáneo se aleja de ella, pero tampoco la trata de manera académica o nostálgica. La lleva al límite, la fragmenta, la somete a violencia, deseo, ambigüedad y soledad.

Permanece fiel a una tradición, pero la atraviesa con las heridas de su época. Leyendo a Antonio se entiende que veía en su hermano a un artista fiel a sí mismo, pero incapaz de escapar a las presiones y contradicciones del mundo artístico que le tocó vivir.

La primera edición del libro fue publicada en 2007. Diecinueve años más tarde, ¿cómo ve la relación de los colombianos con el arte contemporáneo y específicamente con la obra de Luis Caballero?

Creo que la relación de los colombianos con el arte contemporáneo es más abierta y curiosa, aunque sigue siendo de un público sensible y minoritario… pero ese público existe, y para él he trabajado toda mi vida. Esta reedición busca que la obra de Luis Caballero se encuentre con nuevos lectores, nuevos coleccionistas y nuevas generaciones.

Su formato más cómodo, liviano y coleccionable permite que el libro circule, se regale, se herede y esté en las casas, no solo en bibliotecas especializadas. Durante los 53 años de mi vida editorial publiqué libros sobre 36 grandes artistas contemporáneos colombianos y ahora quiero reeditar la mayoría dentro de la “Colección Antología de Colombia”, a razón de un artista cada mes, como algo esencial de nuestra memoria artística y cultural.

Con esta quiero poner nuevamente en circulación cerca de 300 títulos hoy dispersos para acercarlos a nuevas generaciones en forma impresa, perdurable y cuidada. Frente a la fragilidad de lo digital, el libro sigue siendo una de las formas más duraderas de la memoria.

¿Qué hace vigente a Luis Caballero hoy y de qué manera su obra dialoga con las nuevas generaciones? Su obra sigue vigente porque habla de asuntos que no envejecen: el cuerpo, el deseo, la soledad, la violencia, la belleza y la fragilidad humana.

Él fue un artista profundamente libre en su sexualidad, en sus técnicas y en su fidelidad a una obsesión propia, sin someterse del todo a las modas de su tiempo. Esa libertad dialoga muy bien con las nuevas generaciones, que hoy se preguntan por la identidad, la diversidad, el cuerpo y la vulnerabilidad.

Caballero abordó todo eso antes de que fuera parte del lenguaje público actual, y lo hizo no como consigna, sino como arte verdadero. ¿Cómo podemos leer la figura y la obra de Luis Caballero en 2026 desde este libro?

Como un artista cada vez más necesario. Su obra nos obliga a mirar el cuerpo sin evasiones.

Muchas de las preguntas que hoy ocupan a las nuevas generaciones —el cuerpo, la sexualidad, la libertad, la diversidad, la vulnerabilidad— estaban ya presentes en su pintura, pero tratadas con una profundidad que va más allá de cualquier moda o consigna. Este libro permite leerlo también en su dimensión completa al reunir sus distintas etapas, técnicas y miradas críticas.

La reedición ayuda a entender que en 2026 su obra sigue incomodando, conmoviendo y revelando, por eso sigue viva. ¿De qué manera esta reedición dialoga con el arte colombiano de hoy y cómo contribuye a la construcción —permanente— de la historia del arte en nuestro país?

Esta reedición devuelve a circulación una obra que sigue hablando de asuntos centrales: el cuerpo, la identidad, el deseo, la violencia, la vulnerabilidad y la relación entre belleza y dolor. Caballero no aparece como una figura cerrada del pasado, sino como un artista cuya libertad y radicalidad siguen planteando preguntas vigentes.

Su contribución a la historia del arte colombiano está en el hecho de permitir que nuevas generaciones vean su obra en conjunto, comprendan su evolución y conozcan las miradas críticas que la acompañaron. Reeditar este libro no solo conserva memoria, sino que la reactiva y devuelve a Caballero al lugar que le corresponde en la conversación cultural del país.