Añoranzas bajo el sol neoyorquino: el motor de dos familias ecuatorianas en Brooklyn

Alejandra Vélez enviada a Nueva York Cruzar de Queens a Brooklyn en transporte público puede tomar casi dos horas. Es un trayecto largo, de esos que evidencian las distancias reales dentro de Nueva York.
No íbamos con una cita pactada ni buscábamos una entrevista formal; estábamos recorriendo la zona en medio de una investigación sobre el ambiente del Mundial 2026 cuando, en la cotidianidad de un parque, nos encontramos con las historias de dos mujeres ecuatorianas. Ambas salieron de su país con dinámicas distintas, pero comparten el mismo esfuerzo diario y un deseo idéntico: volver a Ecuador.
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Katy Perry se lució Helados de paila y un esfuerzo silencioso En medio de una cancha de vóley encontramos a una mujer que prefirió mantenerse en el anonimato. Tímida, sencilla y de pocas palabras, transmite de inmediato la calidez de quien trabaja cada día pensando en su familia.
Solo nos contó que es de un pequeño pueblo cerca de Ambato. Hoy vive en Nueva York junto a su esposo y tres de sus cinco hijos.
El mayor tiene 24 años y también reside aquí con ella. Su esposo trabaja en construcción y, aunque viven cerca de Brooklyn, cada día se trasladan hasta este parque con la esperanza de vender todos sus productos y seguir construyendo un mejor futuro para su familia.
A su lado estaba Jessica, la menor de sus hijos, una niña de aproximadamente ocho años que la ayuda en la jornada. Mientras caminaba empujando un carrito cargado de bebidas hidratantes para los visitantes del parque, buscaba también aportar con unos dólares más al esfuerzo familiar.
Cuando le propusimos hacer la entrevista, Jessica agachó la cabeza y le expresó a su mamá: “Mami, no quiero salir”. Fue entonces cuando la señora decidió compartir únicamente una parte de su historia, sin dar mayores detalles ni revelar su nombre.
Bajo un parasol rojo y blanco que las protegía del intenso sol neoyorquino, ofrecían helados de paila preparados por ella misma. Tuve la oportunidad de probar uno de galleta mezclado con limón, una combinación que ella me recomendó y que resultó sorprendentemente refrescante y deliciosa.
También tenía helado de piña, que asegura es uno de los sabores favoritos durante esta temporada. Asimismo de los helados, en su carrito llevaba bebidas y algunos snacks para quienes buscaban algo para refrescarse o picar mientras disfrutaban del parque.
Cada mañana sale con la misma ilusión: vender todos sus productos y seguir trabajando por los sueños de sus hijos. Una historia sencilla, como ella, pero llena de esfuerzo, dignidad y amor por la familia.
Fanny: la constancia detrás del carrito de helados A unos metros, en el mismo espacio verde, el panorama se repetía con otra dinámica. Fanny, originaria de Cuenca, conversó con nosotros frente a la cámara mientras organizaba su puesto de trabajo, un carrito lleno de más helados, snacks y bebidas listas para el público que se concentra por el movimiento deportivo.
A diferencia de la timidez de su compatriota, Fanny se muestra conversadora y directa al hablar sobre su rutina en la ciudad. Lleva tres años viviendo en Estados Unidos y, aunque el entorno es complejo, su motor principal sigue siendo el bienestar de sus seres queridos. “Yo me llamo Fanny, soy de Cuenca.
Trabajo vendiendo helados, aguas, sodas, de todo un poco para sobrevivir aquí”, relata con tranquilidad. A pesar de las distancias y las largas jornadas bajo el sol de Nueva York, la cercanía con su cultura y el motor familiar impulsan su rutina diaria.
Foto: El Comercio Su jornada empieza temprano y se extiende bajo el sol de la temporada, ofreciendo bebidas frescas a los transeúntes y deportistas del área. Al preguntarle sobre su situación familiar y sus planes a futuro, la respuesta es inmediata y coincide con el sentimiento de la gran mayoría de los migrantes que encuentran en el comercio informal una vía de sustento.
Su mirada no está fija en Nueva York a largo plazo; el esfuerzo diario tiene un norte muy claro: Volver a casa. “Tengo dos hijos allá en Ecuador. Mi meta es trabajar un añito más y regresar a mi país, si Dios quiere.
Extraño mucho a mi familia”, confiesa Fanny, resumiendo en una frase el sentir de ambas comerciantes, quienes a pesar de la distancia y las horas de jornada, mantienen el vínculo intacto con la tierra que dejaron atrás. Te recomendamos
Information from El Comercio (Ecuador). Edited by: Noticias Today.
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