La travesía por el desierto de una oposición que no logra incidir

“El último conclave en La Moneda, el 6 de marzo, a cinco días de dejar el gobierno, no fue una buena experiencia. Muchos pensaban que se vendría una diáspora total de los partidos que habían sostenido la administración de Gabriel Boric”.
El recuerdo del actual secretario general subrogante del Partido Socialista, Arturo Barrios, refleja bien las tensiones que vivían los partidos de centroizquierda e izquierda hace tres meses y que hacían prever el largo y complejo camino que tendrían que transitar para rearmarse luego de perder el poder.Esa jornada, el Presidente Boric y sus principales ministros no insistieron en su anhelo de culminar el mandato habiendo logrado crear una gran coalición progresista que se proyectara más allá del paso por el poder. Reiterar esa apuesta, en plena despedida, luego de sufrir la mayor derrota electoral del sector en las últimas décadas, era un total sinsentido.Tres partidos ni siquiera asistieron al cónclave de cierre del gobierno de Boric (Federación Regionalista Verde Social, Radical y Acción Humanista).
Y entre los que sí estuvieron ese día en La Moneda, algunos fueron más por sentido del deber que por convicción. Los socialistas recién habían comenzado a dejar atrás la pelea con el Frente Amplio y los comunistas por la aprobación de la Ley Nain-Retamal, y ya no había ánimo para juntarse cada lunes en Palacio.Otros, como el entonces presidente del PPD, Jaime Quintana, llevaban meses advirtiendo que las diferencias políticas y de estilo entre los partidos oficialistas eran de tal envergadura, que “habría varias oposiciones en el Parlamento”.
Una frase que varios dirigentes reiteraron ese día al salir del cónclave, atizando aún más los temores que embargaban a buena parte del mundo progresista que recordaba lo difícil que fue para el sector rearmarse luego de el fin del gobierno de Bachelet I, en 2010, cuando pasaron por primera vez en más de 20 años a la oposición. Fueron dos años y medio, esa vez, los que tuvieron que pasar antes de empezar a coordinarse.Un tiempo que, según varios dirigentes de la actual oposición, no disponen ahora frente a un gobierno como el de José Antonio Kast, al que analistas vinculados al mundo de la socialdemocracia chilena, como Eugenio Tironi y Enrique Correa, califican de “restaurador”, tal como en sus primeros días el de Boric intentó ser refundacional.“¿Qué sacamos cada uno por su lado?
Unidos somos, no diría que más fuertes, porque no somos fuertes, pero al menos somos menos débiles”, es el mantra que desde ese día repite cada cierto tiempo la timonel socialista, Paulina Vodanovic, a sus socios de la oposición.Por primera vez, desde el retorno a la democracia, la oposición de izquierda no sólo es minoría en el Senado y la Cámara de Diputados: asimismo, no cuenta con los escaños suficientes para vetar los proyectos de ley y las iniciativas del Ejecutivo. Ni siquiera han logrado poner en riesgo la aprobación de la idea de legislar en general de la ley miscelánea de reconstrucción de Kast y Quiroz, por más resistencia que les genere y que calificaron el 6 de abril como “la madre de todas las batallas”.“En términos de poder, esta es la salida del gobierno más débil de la centroizquierda y de la izquierda desde el retorno a la democracia”, señala el analista político y exsecretario general de la DC Víctor Maldonado. “En las dos ocasiones anteriores que pasamos a la oposición, el gobierno no tenía la capacidad de imponerse en el Parlamento recurriendo sólo a sus votos y al pirquineo de uno o dos votos extras”, remarca.Primer paso: resistirAún así, reconocen, no fue fácil dejar atrás la inercia de las tensiones y conflictos que venían arrastrando en el último tiempo.
En su primera semana como oposición, partieron con el pie izquierdo. No llegaron a un acuerdo en el Senado para enfrentar unidos la elección de su mesa.
No se trataba sólo de quién se quedaba con más cargos y cupos en las comisiones. Las diferencias eran de fondo, sobre el tipo de oposición que se quería ejercer desde el Parlamento.
Una pugna entre dialogantes versus aquellos que preferían atrincherarse en la defensa a ultranza de posiciones que bien pudo haber no tenido fin.La decisión de los senadores del PS de negociar con la derecha la testera del Senado -a diferencia de lo ocurrido en la Cámara Baja, donde los diputados desde la DC al PC pactaron con la bancada del PDG para intentar sin éxito quedarse con la presidencia- desordenó aún más el escenario.“Vamos a dar espacio a una capacidad de gobernanza sin limitaciones”, advirtió el timonel del PC, Lautaro Carmona, sobre la penosa situación en que se encontraba el mundo progresista.Por sobrevivencia, los senadores de la DC, FA y PC, cuyas bancadas no les daba para formar un comité por partido, sorprendieron al decidir formar un comité unido. Muchos los llamaron la “bancada de los excluidos”.
Pero luego se iría transformando en uno de los espacios de articulación política de la oposición.El rol de las senadoras Yasna Provoste (DC) y Claudia Pascual (PC) sería clave en aquello. Ambas han establecido una relación de confianza que ha ayudado a fortalecer la coordinación.
El lunes pasado, ambas organizaron un encuentro con los alcaldes de oposición. Los ediles han realizado su propio juego, incluso articulándose con municipios de derecha para enfrentar sus propias urgencias, específicamente por las contribuciones.El jueves 18 de marzo, mientras el gobierno de Kast presentaba una iniciativa luego de otra y colocaba urgencia a la tramitación de sus proyectos, una aturdida oposición daba sus primeros pasos de coordinación.
En el segundo piso de la sede del PS, en calle París, a las 9 de la mañana se juntaron los secretarios generales de las colectividades. A la cita llegó la DC, representada por Alejandra Krauss, pese a que la colectividad estaba en pleno proceso de renovación de su directiva y en un debate interno respecto de la forma en que se enfrentarían al gobierno de Kast.
Pero faltaron otros. No llegaron regionalistas ni humanistas.En medio de esa primera reunión, ante las dispares posiciones que había en varios temas, una de las primeras definiciones que tomaron fue no insistir en las diferencias, sino en las cosas que los unen.“La solución a eso fue que cada partido expresara sus puntos de vista particulares y remarcara sus propios énfasis, sin entrar en confrontación con las demás colectividades del bloque”, señalan dirigentes del PS que fueron clave en que se alcanzara ese acuerdo.Entre las definiciones que allanaron el camino estuvo el hecho de que nadie habla ahora de políticas de alianza ni nuevas coaliciones.
Un tema que suele generar conflictos y divisiones. Recién en 30 meses más, señalaron, pondrán ese tema sobre la mesa.
Con eso en mente, a la coordinación que empezó a cuajar en el Senado se fueron sumando otros espacios de articulación. No eran sólo desde las directivas partidistas, también se fortaleció el trabajo conjunto que estaban realizando los centros de estudio desde las elecciones previas.Hay una anécdota desconocida hasta ahora sobre lo complejo que a veces fue articularse.
El 15 de abril, aunque Paulina Vodanovic llegó temprano al aeropuerto para embarcarse a Barcelona, donde participaría en un encuentro mundial del progresismo, perdió el vuelo en el que viajaría junto a Boric y la presidenta del Frente Amplio, Constanza Martínez.La versión que se entregó ese día fue que el vuelo estaba sobrevendido. Pero no fue así.
La timonel socialista se quedó haciendo llamados al recién elegido presidente de la DC, el diputado Álvaro Ortiz, para empujar que la tienda no siguiera la estrategia del PDG de negociar por separado con el gobierno aspectos de la megarreforma presentada por el ministro Quiroz y se plegara a la estrategia del resto de la oposición de rechazar la idea de legislar el proyecto. La Falange, en todo caso, negoció por su lado con el Ejecutivo, aunque luego rechazó la propuesta al no ser considerados sus planteamientos.Pese a que ahora se reúnen más de una vez por semana y más que en la recta final de la era Boric, en la oposición entienden que el problema sigue siendo que no tienen capacidad para incidir en el rumbo que tome el país.Todos los lunes en la mañana, en la sede del PS, se reúnen las directivas de los partidos, desde la DC al PC.
Allí se acordó la coordinación de una nueva contrapropuesta técnica de economistas de todos los sectores del progresismo para contrastarla con la megarreforma de Kast, liderada por centros de estudios.El objetivo es pasar de la crítica y los cuestionamientos a propuestas que puedan volver a entusiasmar a su electorado. Un punto clave, porque hasta ahora, pese a que el gobierno ha perdido casi 20 puntos de respaldo, la oposición no ha logrado capitalizar las polémicas de La Moneda ni repuntar sus niveles de apoyo, como sí lo ha hecho el líder del PDG, Franco Parisi.Cada jueves, también en el PS, los secretarios generales se reúnen para hacer seguimiento a las decisiones que se toman los lunes.
A esa cita concurren a veces representantes de los centros de estudio, y en dos ocasiones han servido para revisar junto a un grupo de constitucionalistas la viabilidad de un requerimiento ante el TC en contra de la megarreforma. Algo sobre lo cual no hay una sola opinión, por lo que todavía no hay humo blanco.Pese al avance en estos esfuerzos, no hay claridad de que puedan mantenerse en el futuro.
El PS y el FA están abocados también a sus congresos ideológicos y muy pronto entrarán en elecciones internas.En el FA las conversaciones ya han avanzado. Es probable que Constanza Martínez vaya a la reelección apoyada por el lote más cercano a Boric y la facción que proviene de RD.
Todo indica que habrá competencia y que el sector que lidera la diputada Gael Yeomans buscará ampliar su influencia dentro del partido.El PC también tiene previsto iniciar pronto un proceso de “conferencia”, donde pretenden revisar sus lógicas programáticas, lo que podría incidir en las futuras políticas de alianzas.Sin liderazgos fuertes que ayuden a la cohesión de todos los partidos, en la propia oposición no son pocos los que dudan sobre su futuro. “El proceso de unificarnos fue muy rápido, porque teníamos que resistir la embestida del gobierno. Pero nada asegura que no habrá más de dos oposiciones en el futuro”, señalan una fuente del PPD.En este contexto, una figura que ha ido de a poco sacando la cabeza es el expresidente Boric, quien en su reciente gira por Europa reconoció que en un futuro “podría ser candidato”.
Su comentario fue bien recibido en el FA, pero generó ruido en los otros partidos. “Aún quedan tres años para esa discusión”, se rieron diputados del PS luego de tener que responder por el tema en el Congreso.
Information from La Tercera (Chile). Edited by: Noticias Today.
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