Chilangas FC: equipo femenil de futbol ciego que busca llegar a Brasil

DOMINGA.– Un balón rueda sobre la cancha con un sonido de cascabel que viene de su interior. Paulina, con uniforme lila, medias moradas, el número siete en la espalda y un antifaz sobre los ojos, lo conduce despacio mientras va tanteando el terreno con los pies.
Frente a ella no hay una portería convencional: apenas un marco con una hilera de tubos verticales, de acero, que hace las veces de postes, y un tercero, tendido de lado a lado, que marca el travesaño.Es un sábado de junio, 15:30 horas. Estamos en el entrenamiento de Chilangas FC, el equipo femenil de futbol ciego, en la cancha del Parque Moderna, en la alcaldía Benito Juárez.
Wendy del Río, la entrenadora, golpea con una moneda el metal de uno de los tubos.“¡Acá está el poste derecho!”, le indica en voz alta. Pau, como se lee en su playera, se acomoda, toma impulso y dispara: ¡goool!
No hay festejo. El público que observa a pie de cancha permanece en silencio.
Sólo se escuchan dos cosas: el zumbido de un dron que corta el aire como un insecto, y la voz de Sandy, compañera de equipo, que la guía de regreso a la fila de tiro.–¡Aquí! ¡Aquí!
¡Aquí! –le grita. Hace una hora la lluvia amenazó con arruinar la práctica de futbol.
Todavía caen gotas de las hojas de los árboles y mojan el rostro de las jugadoras, pero eso no las detiene. Wendy, que no tiene discapacidad visual, explica las reglas adaptadas a esta categoría:“Se juega con cuatro jugadoras con discapacidad visual, desde ceguera total hasta baja visión, y una portera que sí ve, que es normovisual.
La entrenadora se coloca en el centro y desde ahí les va diciendo por dónde generar la jugada”. También participa la guía de arco, una persona normovisual que se coloca atrás de la portería y le indica a las jugadoras a dónde tirar.
El balón posee cascabeles o dispositivos sonoros internos que emiten ruido al rodar o rebotar. Es de cuero o material sintético, un poco más pequeño y pesado que el de futbol convencional para reducir el rebote.
Todas las jugadoras deben usar parches oculares y un antifaz opaco homologado. Esto garantiza la igualdad de condiciones entre quienes tienen ceguera total y quienes poseen algún remanente visual o percepción de luz.A diferencia de la euforia y el ruido habitual de los estadios, en esta categoría el público debe permanecer en silencio mientras el balón está en juego para que las atletas puedan escuchar el sonido de la pelota y las indicaciones de sus compañeras.
Pero en un lugar público, más en un entrenamiento, esa condición es difícil que se cumpla. A unos metros de la cancha, al otro lado del parque, un hombre en situación de calle, que se resguarda de la lluvia, ataviado con una chamarra gruesa de los 49ers de San Francisco, escucha música a todo volumen que sale de una bocina que cuelga de su cuello.
Eso ahoga un poco el ruido del balón-cascabel; no obstante, no les impide a Chilangas FC entrenar, bajo las indicaciones de Wendy.–¿Por qué es tan importante la palabra “voy”, que funciona en la cancha? –le pregunto a Wendy porque durante treinta minutos es la palabra que más le he escuchado a las jugadoras. “Es una palabra clave, importantísima, que se usa para anunciar, de forma clara, que una jugadora va a disputar el balón. También les ayuda a orientarse dentro de la cancha, ubicar a las compañeras y saber a qué altura se encuentran para dar un pase o generar una jugada.
A nivel simbólico, decir ‘¡voy!’ significa: aquí estoy presente, estoy a tu lado y también quiero jugar”.A pesar de esos obstáculos, concretos y simbólicos, Chilangas FC reclama su lugar en la cancha. Entrenan todos los fines de semana para alcanzar una meta deportiva: varias de sus integrantes forman parte de la Selección Femenil de futbol ciego, que clasificó a la Copa América en Brasil para el próximo septiembre.
Para cubrir traslados, hospedaje y viáticos, lanzaron la campaña Futbol ciego: ellas juegan, México dice: ‘¡voy!’, que busca reunir un millón de pesos. Una campaña que coincide con la inauguración del Mundial 2026, un evento que se llevará a cabo en un clima de tensión social por las protestas de la CNTE y otras organizaciones, que acusan a la ciudad de realizar obras de “maquillaje” urbano, lo que ha provocado severas afectaciones al transporte público.Por esa razón, quizá, el “fervor mundialista” que se respira en la ciudad tiene un aura performática, casi histriónica: en la mañana del sábado 6 de junio, miles de personas se congregaron para romper el récord Guinness por la ola más grande del mundo en Paseo de la Reforma.
El boleto más costoso para asistir al partido inaugural (México contra Sudáfrica) del Mundial 2026 cuesta 153 mil pesos; es decir, el costo equivalente de siete entradas cubre la cantidad que le permitiría a la Selección Femenil de futbol ciego representar a México en la Copa América 2026. La participación no tiene costo pero necesitan cubrir los gastos de jugadoras y equipo técnico.
México, con este hito, se convertiría en el cuarto país del continente con una Selección Femenil de futbol ciego, junto a Brasil, Argentina y Canadá. El contraste es abismal.
Pero las integrantes Chilangas FC, como muchas otras pioneras, son conscientes de que les toca abrir espacios y organizarse de forma autogestionada en parques o espacios públicos antes de ser reconocidas. Es la forma de decir “voy” fuera de la cancha.
El nacimiento del equipo de Chilangas FCA diferencia de la rama masculina (que debutó en los Juegos Paralímpicos de 2004), el desarrollo del futbol para mujeres ciegas es reciente y ha debido abrirse paso en medio de marcadas desigualdades, falta de recursos, infraestructura deficiente y poco reconocimiento mediático. Aunque las mujeres practicaban futbol informal en diversas comunidades, la disciplina careció de una estructura de alta competencia internacional hasta la creación de la Women's Blind Football Network por parte de la Federación Internacional de Deportes para Ciegos, en 2015.La demora en la oficialización y el desarrollo de la rama femenina se debió, entre otros factores, a la escasez de jugadoras y equipos.
Durante décadas, no hubo suficientes equipos nacionales estructurados en el mundo para justificar una categoría paralímpica o torneos internacionales constantes.Pero el problema es extracancha. Una respuesta a ese fenómeno está asociada a una disparidad en la carga de trabajo no remunerado.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (ENUT, 2024), las mujeres dedican, en promedio, 39.7 horas a la semana al trabajo no remunerado (doméstico, de cuidados y comunitario); los hombres, apenas 18.2. Esa brecha de tiempo libre también la refleja otra estadística: en México sólo 36.8 por ciento de las mujeres adultas declara practicar algún deporte o ejercicio, mientras que casi el 47 por ciento de los hombres lo hace, de acuerdo con los datos más recientes del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico del Inegi.
En ese sentido, Wendy lo vivió en carne propia cuando fundó el equipo: “Las jugadoras han llegado de boca en boca”.Acá no hay visores, reclutadores ni representantes. Todo ocurre a ras de suelo, fruto de la pasión por el balón.
Tampoco hay contratos con patrocinadores, mucho menos sus rostros están en un álbum de estampas que cuesta 26 mil pesos completar. “¿Cómo nació Chilangas FC?” El equipo es la consecuencia de una pregunta que le hacían una y otra vez. Wendy lo cuenta mientras sigue pendiente de la cancha, con la atención dividida entre la entrevista y las jugadoras.
En 2019, Patricio Ramírez, entrenador de Aztecas CdMx, equipo de futbol ciego varonil, la invitó a trabajar con él. Wendy se convirtió en la primera mujer en formar parte del cuerpo técnico del equipo.
Sus amigas, conocidas u otras mujeres que asistían a los partidos le soltaban: “¿Y las mujeres, cuándo?”.Wendy respondía que sí, que también había que formar un equipo femenil. Pero todo quedaba ahí, en el anhelo. “Y cuando volteo y veo que soy la única mujer, me dije: ‘Ok, ya entendí, creo que me toca a mí iniciar el equipo femenil’”.Así surgió Chilangas FC, en 2020, en plena emergencia sanitaria.“Nació en enero, desafortunadamente.
Digo desafortunado porque nos cayó la pandemia dos meses después”. El equipo se reunía por Zoom; cada jugadora hacía actividad física desde casa, en sus espacios, frente a una pantalla.
Hasta 2022, cuando el gobierno de la Ciudad de México levantó algunas restricciones y los espacios públicos se reabrieron, Chilangas FC retomó el entrenamiento presencial.Si bien entrenar en parques públicos no es lo ideal, Wendy matiza:“Es nuestra forma de tomar la cancha y decir: ‘Nosotras también podemos estar aquí’”.–¿Qué has aprendido de tus jugadoras?“Hace falta romper estereotipos, pero creo que los primeros obstáculos son autoimpuestos: ‘No quiero jugar’ o ‘eso es para hombres’. Entonces, creo que dentro de todo lo que se tiene que romper, primero están los estereotipos y nuestras propias barreras.
Me han enseñado que todas podemos hacer todo. Todas aquí se dedican a algo completamente diferente y todas han roto estereotipos y rebasado sus límites”.En la actualidad, Wendy también coordina la Colectiva de Mujeres Futbolistas Ciegas, integrada por jugadoras, entrenadoras, árbitras y promotoras.
En el país existen ya cinco equipos estatales activos y más de 45 mujeres participan en el desarrollo de una categoría que, poco a poco, se abre paso.En 2025, se llevó a cabo la primera concentración nacional femenil con 12 jugadoras y cuatro porteras, asimismo del Segundo Campeonato Nacional de Futbol 5 para Mujeres Ciegas, que reunió a deportistas de todo el país. Ser jugadora con discapacidad visual es un retoPaulina Hernández tiene 31 años.
Es masajista, trabajadora del hogar y delantera de Chilangas FC. También es madre y activista de la participación de las mujeres con discapacidad en el deporte.
Está de pie junto a la reja de la cancha, con el antifaz levantado y un balón blanco, gastado por los entrenamientos, entre las manos. Sonríe mientras habla.
A Paulina le diagnosticaron retinosis pigmentaria a los cuatro años. También nació con nistagmo: un movimiento rápido, involuntario y repetitivo en ambos ojos que le impide enfocar.
Pero esos padecimientos nunca han sido un obstáculo para patear un balón.“Yo me casé con el futbol”, dice, orgullosa.De niña le gustaba jugar futbol, pero, debido a su baja visión, la cancha se le fue haciendo chiquita. Cuando alguien pateaba fuerte, el balón salía por el aire y lo perdía por completo.
Entonces jugar dependía de unas cuantas amigas dispuestas a adaptarse a su ritmo. “Con mi nivel de visión no podía jugar o ser factible en un equipo”, recuerda. Llegó a resignarse, a creer que nunca lo volvería a jugar.
En su lugar, buscó otros deportes: practicó goalball, deporte paralímpico creado específicamente para personas con discapacidad visual, en el que dos equipos de tres jugadores intentan anotar lanzando con la mano un balón sonoro hacia la portería rival, y lo disfrutó mucho. No obstante, ella quería correr y volver a patear un balón. “Siempre estaba como la cosquillita de que algo más faltaba”, confiesa.
Cuando conoció el futbol ciego, esa emoción infantil que había perdido regresó casi intacta. “Una persona me hizo la invitación a conocer el equipo y me puso en contacto con Wendy”. La entrenadora la convocó a un primer entrenamiento.
Entonces, Chilangas FC se preparaba para su primer nacional. Ahora podía entrenar, pertenecer a un equipo, competir, dedicar tiempo a algo que, dice, sí le salía. –¿A qué dificultades personales te enfrentaste en el camino de volver al futbol?“Yo creo que una de las primeras dificultades está en una misma.
A veces, como familia, sobreprotegemos a nuestros familiares con discapacidad. A mí me sobreprotegieron muchísimo.
Entonces hay que salir de ese tabú que todavía existe en muchas sociedades: ‘No, pobrecita, ¿cómo va a salir a la calle?, ¿qué tal que la atropellan?, ¿qué tal que la empujan?, ¿qué tal que se cae en una coladera?’ Pero cuando sales de esas limitantes, te quieres comer el mundo a mordidas, y así me pasó”. Se formó como técnica en Refrigeración y Aire Acondicionado y durante años trabajó en mantenimiento industrial, hasta que la pérdida progresiva de la vista la obligó a replantearse su vida profesional.
Paulina vive en la alcaldía Milpa Alta. Para llegar al entrenamiento usa tres medios de transporte público: un camión, el tren ligero y el metro.
La ciudad, reconoce, es bastante hostil con las personas ciegas. Aun así, las guías, las señalizaciones en braille y ciertos apoyos concretos le ayudan a moverse.
Ha encontrado empatía en algunos oficiales, en sus transbordos, donde la orientan y la acompañan de un punto a otro. Chilangas FC se ha vuelto parte indisoluble de su vida.
Y no falta a ningún entrenamiento. También forma parte de la Selección que, si todo sale bien, competirá en Brasil. “Es un reto enorme, estoy tratando de dar todo lo mejor de mi persona, como atleta”.
Quiere mejorar cada día y, si alcanza, llegar a ese sueño. Si no, dice, su granito de arena está en entrenar, estar presente y transmitir la energía que puede dar. “Todas sabemos que ser una mujer con discapacidad visual es un reto.
Entonces, saber que soy un ejemplo para las chicas que vienen más atrás es muy bonito”. De todos sus highlights como jugadora, le pido a Paulina que cuente el más memorable: elige su primer gol.
Fue en un amistoso en Jalisco. La guía de arco de Chilangas FC no pudo asistir y Wendy ocupó ese lugar.
Hasta ese momento el gol se le había negado, pero la voz de su entrenadora le ayudó a disparar al ángulo.“Tampoco digo que tenga unos veinte goles, ¿verdad?, pero ahí la llevo”, dice y ríe. Para ella, esa anécdota es una lección de confianza y el apoyo mutuo.En ese momento, como si la realidad quisiera ilustrar los obstáculos a los que se enfrenta este equipo, dos adolescentes, que corren por la cancha, están a punto de chocar con una compañera de equipo:–Oigan, chicos, mitad y mitad.
Ustedes de ese lado y nosotros acá, ¿va? –les pide Wendy a los tres adolescentes que invaden la mitad de la cancha que está ocupada por jugadoras de Chilangas FC. Demandar el espacio en la cancha, sin conflictos, apelando a la solidaridad, al entendimiento y la convivencia sana, es la apuesta de Chilangas FC.
Son conscientes de que entrenan en un parque público y no pueden demandar exclusividad.Le pregunto a Paulina al respecto:–¿Es difícil?“Antes nos salíamos, nos íbamos a otro lugar, ahora optamos por proponerles dividir la cancha y que cada quien juegue de su lado. Yo creo que todos tenemos el mismo derecho a jugar.
Compartimos una pasión y, hasta cierto punto, es bonito. A mí me gusta que la gente venga, pase por aquí y nos vea entrenando y diga: ‘Esos balones suenan, ¿por qué?’”.Al cierre de esta edición, la campaña Futbol ciego: ellas juegan, México dice: ‘¡voy!’, ha acumulado solo 41 donativos, que equivalen a 18 mil 400 pesos.
Chilangas FC busca recaudar un millón de pesos para acudir a la Copa América 2026. No obstante, Paulina cree que, en el contexto del Mundial 2026, la sociedad mexicana las apoyará, porque –sostiene– “nuestro país es solidario”.
Antes de concluir la entrevista, llega a la cancha un hombre que carga una mochila deportiva. Nos mira desde el otro lado, con un gesto mezcla de enojo e impaciencia.
Me informan que se trata del entrenador de un equipo de básquetbol y que tienen un acuerdo: liberar la cancha a las 17:00 horas. El tiempo se ha acabado.
Las jugadoras de la Selección de futbol ciego enfrentan marginación Fondo Semillas es una organización feminista que apoya y acompaña a niñas, jóvenes, mujeres, personas trans, no binarias e intersexuales para transformar las condiciones en las que viven. Desde hace 35 años moviliza recursos y los coloca en manos de organizaciones, redes y colectivas.
Tania María Carrillo, oficial de comunicación, lo detalla así: “El Fondo apoya a esas colectivas y organizaciones que ya tienen identificadas sus problemáticas y están haciendo acciones para solucionarlas”.En el caso de las futbolistas ciegas, Fondo Semillas llegó a un proceso que ya estaba en marcha. La colectiva ya existía, ya entrenaba, ya se organizaba para hacer visible el deporte adaptado y la participación de mujeres ciegas dentro de ese campo. “Nosotras más bien nos sumamos a esto que ellas ya estaban haciendo”, dice Tania.
La intención fue impulsar una iniciativa construida por ellas y darle mayor alcance. La campaña Futbol ciego: ellas juegan, México dice: ¡voy!, tiene la intención de visibilizar que no todas las personas tienen las mismas posibilidades para practicar un deporte.
En el caso de las jugadoras de la Selección de futbol ciego, enfrentan marginación estructural: “Son mujeres con discapacidad, de bajos recursos, que hacen trayectos largos para llegar aquí, así que para nosotras es importante visibilizar esas condiciones”. En este caso, señala, el deporte construye redes de apoyo y comunidad, y le devuelve su agencia a las personas con discapacidad. “En algunas jugadoras, esa transformación ha sido concreta: mujeres que perdieron la vista a lo largo de su vida pensaron que nunca volverían a correr.
Encontrarse con el futbol les abrió esa posibilidad. Eso es transformador”.
En medio del ruido mundialista, la campaña también marca un contraste con la industria del futbol multimillonaria. Para Tania es una forma de resistencia frente a la maquinaria del negocio deportivo, que excluye y relega. “Es una forma de decirle a la sociedad: ‘Aquí hay también otras formas de concebir el deporte, de jugar futbol, de apoyar a estas otras causas’”.
La campaña también ha cuidado que las jugadoras aparezcan como sujetos de derechos y no como beneficiarias. Tania insiste en que las voceras deben ser ellas.
Fondo Semillas acompaña, gestiona, pone a sus disposición su plataforma y empuja la recaudación, pero las historias, las decisiones y la voz pública pertenecen a las futbolistas.“Quienes están allí en el frente, quienes tienen su propia voz, son ellas. Es importante que sean ellas quienes sean escuchadas y quienes puedan compartir sus propias experiencias”.–¿Qué tendría que pasar para que esta campaña no sea una excepción, sino el inicio de una conversación pública?“Que el deporte adaptado se mire más allá de un caso aislado.
Que se conozca que existen muchas disciplinas para distintas discapacidades. Que las conversaciones no dependan sólo de un torneo o de una fecha.
Esto existe y asimismo necesita ser parte de la agenda pública. Seguir haciendo ruido, pero no en la cancha, sino fuera de ella”.
Bajo la sombra del MundialSobre Calzada de Tlalpan, a unos cien metros de la entrada del Metro Xola, aparece un mural con el rostro de Jorge Campos. La pintura, chillona y descarapelada, intenta imitar los colores de aquellos uniformes fosforescentes que hicieron al portero mexicano mundialmente famoso.
Hace unos días, este mismo punto, apenas a cuatro cuadras del Parque Moderna, donde entrena Chilangas FC, fue el epicentro del malestar social por el cierre parcial de la Línea 2 del Metro, que colapsó la Calzada de Tlalpan y afectó a miles de usuarios con largas filas, desorganización, problemas con el servicio emergente de RTP. Pienso entonces en dos escenas que parecen ajenas entre sí, pero que el Mundial 2026 conecta: el caos vial provocado por la remodelación de las estaciones del metro y la existencia de un equipo femenil de futbol ciego que busca representar a México en una competencia continental y que sólo necesita reunir el monto equivalente a siete de las entradas más costosas del partido inaugural, México contra Sudáfrica, para costear sus traslados, hospedaje y viáticos.
Ambas circunstancias ocurren bajo la misma sombra: un espectáculo deportivo cada vez más elitista y excluyente. De vuelta en la cancha, me acerco a Wendy para hacerle la última pregunta:–¿Qué piensas del Mundial 2026?
¿Lo van a escuchar juntas?Antes de responder, Wendy se da cuenta de que sus jugadoras no encuentran el ba…
Information from Milenio (México). Edited by: Noticias Today.
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