DOMINGA.– “Ya, chiquita. Ya vas a descansar”.

Maribel está arrodillada al borde de la excavación. Ella y sus compañeros del colectivo llevan más de cuatro horas removiendo tierra bajo el sol de Ixtlahuacán de los Membrillos, un municipio situado a unos cuarenta minutos de Guadalajara y a poco más de veinte del recién remodelado aeropuerto internacional que está recibiendo a miles de aficionados llegados para la Copa del Mundo 2026.