Si hay una palabra con la que el presidente Kast se define a sí mismo es “responsabilidad”. Está en cada uno de sus discursos.

Kast se ve a sí mismo como el guardián de la responsabilidad; el padre serio, a veces severo, que guía a la sociedad por el camino más seguro, aunque no sea el más fácil. Por eso es tan discordante que, en paralelo a ese discurso, esté impulsando el proyecto fiscalmente más irresponsable en una generación.

Lo explicó el exministro de Hacienda Andrés Velasco: “Desde el año 90 a la fecha, tenemos un principio que siempre ha operado. Un gobierno que quiere gastar más le dice al país: “así lo financio”.

Un gobierno que quiere bajar un impuesto le dice al país: “así lo financio”. Este es un proyecto de ley que no tiene respuesta para esa pregunta”.Es la decisión que debe tomar, al filo de sus 100 días en La Moneda, el presidente Kast: si cederá a la tentación de ser un líder partisano, o si se probará la ropa de un hombre de Estado.

La tentación es sacar adelante, como sea (“por un voto, feliz igual”, como dice el presidente de los republicanos) la megarreforma tributaria en el Senado. Parece una victoria al alcance de la mano.

Pero mientras más claro aparece el camino hacia esa mayoría parlamentaria, más inocultable es que el ministro Quiroz no tiene una respuesta para la simple pregunta de su antecesor Velasco. Quiroz ya no tiene cómo seguir cantinfleando.

En los últimos días, tuvo que pedir al Congreso autorización para endeudarse por 6 mil 200 millones de dólares, y tuvo que sincerar que no cumplirá el compromiso de alcanzar el equilibrio fiscal para 2030. Hacienda ya admite que habrá más deuda y que el gobierno Kast seguirá profundizando el déficit durante los próximos cuatro años.Y el Consejo Fiscal Autónomo fue lapidario ante los senadores: les advirtió, con peras y manzanas, que la megarreforma “presenta déficits fiscales al menos hasta 2031, incluso considerando el efecto crecimiento”, lo que “cobra particular relevancia en el contexto de un nuevo escenario fiscal, en donde no hay holguras fiscales y la incertidumbre es elevada”.

Más aún cuando los costos siguen subiendo en cada trámite: 100 millones de dólares más para abrochar los votitos del PDG; otros 100 millones para el bonito de 30 luquitas por hijo (¡tremenda medida, se acabó la crisis de natalidad!);150 millones para compensar a los alcaldes, otro tanto para reponer la franquicia Sence; más el precio (“que no será barato” como advirtió el senador Kusanovic) para comprar los últimos votos que faltan en el Senado. Esa es la disyuntiva.

El político José Antonio Kast puede lograr la mayor rebaja de impuestos desde la dictadura y hacer carne las recetas más ortodoxas de los Chicago Boys que admira. Pero eso significará que el Presidente de la República, José Antonio Kast, cometa una irresponsabilidad que marcará su legado.

Afortunadamente, hay una salida. Kast puede cumplir su proyecto y al mismo tiempo ser un presidente responsable.

El camino ha sido demarcado por economistas y exministros de un amplio espectro. Una solución de compromiso sería más o menos así:-Primero, aprobar con mayoría transversal el “corazón de la reforma”: la rebaja del impuesto a las empresas de 27% a 23%.

Es una medida que, adecuadamente compensada, muchos consideran útil para mejorar la inversión y el crecimiento. Asimismo fue parte del programa de gobierno, lo que le da legitimidad democrática.

La oposición debe aceptar que Kast ganó y que tiene derecho a llevar adelante sus promesas. -Segundo, deshacerse de los regalitos tributarios a los más ricos (integración, exención a ganancias bursátiles, herencias, repatriación). Un gobierno no puede embargar cuentas corrientes a profesionales de clase media, cortar fondos a hospitales, y al mismo tiempo hacerles rebajas a las herencias de las mayores fortunas del país.

Es un gustito caro, y una provocación torpe e innecesaria. -Tercero, rediseñar el subsidio al empleo. Hay consenso en que es carísimo e ineficiente; debería acotarse a subsidiar la creación de nuevos puestos de trabajo.-Cuatro, tomar la propuesta del exministro Briones: en vez de eliminar las contribuciones, permitir postergar el pago hasta que la propiedad se herede o se venda; los adultos mayores podrán seguir viviendo en sus propiedades, y los municipios no quedarán desfinanciados. -Quinto, usar la misma mano dura que se está aplicando a deudores del CAE o Becas Chile, para perseguir la evasión y elusión tributaria a gran escala: 46% en grandes empresas según el Informe Jorratt del SII.

Ahí hay miles de millones de dólares que pueden y deben ser recaudados por el Fisco. -Sexto, ponernos serios y responder la pregunta de Velasco, compensando la plata que se pierde por la rebaja del impuesto a las empresas. Desde un estudio del gobierno Piñera, hay propuestas bien estudiadas sobre la mesa: exenciones varias, privilegios como la renta presunta, y beneficios a camioneros y otros grupos de presión, a los que pueden sumarse impuestos a “los males” (tabaco, alcohol, apuestas, combustibles contaminantes).-Y séptimo (aunque eso ya es mucho pedir), aprovechar el vuelito para impulsar medidas de fondo para sacar a Chile del estancamiento, con una agenda de diversificación económica e inversión en investigación y desarrollo.

Una agenda como esa podría aprobarse por amplia mayoría. Tranquilizaría al Consejo Fiscal Autónomo, a los mercados internacionales y agencias de rating.

Ayudaría al oficialismo a superar la percepción de que es el “gobierno de los ricos”. Daría una sensación de mayor justicia, en vez de seguir jugando con fuego al dar por descontada la paz social.

E incluso sería bien vista por el empresariado, cada vez más inquieto por el endeudamiento y la erosión de la fama de seriedad del país. Una pista la dio el histórico articulador del lobby económico, Enrique Correa, quien advirtió sobre la tentación (“si el gobierno persiste en el error de la baja de la tasa corporativa sin compensaciones puede condenar al país a tiempos difíciles y pasar ellos mismos por tiempos difíciles”) y planteó la solución (“se puede llegar a un acuerdo transversal y no agudizar el exceso fiscal.

Eso cambiaría el clima del país”).Lo dice Velasco, lo dice Briones, lo dice Correa. ¿Le gustaría al todopoderoso ministro Quiroz, que parece empecinado en ir por todo, ganarlo todo y provocarlo todo?

Probablemente no. Pero el ministro es el ministro, y el presidente es el presidente.

Y el presidente Kast puede mostrar que es él quien manda, y que la responsabilidad del estadista es más fuerte que la tentación del líder partisano. Es el momento de hacerlo.