Lo que el Perú puede aprender de la salud digital catalana

Regresé de Barcelona con una convicción más firme: la salud digital ya no es una promesa de futuro; es una transformación en curso que está cambiando la forma en que los sistemas de salud atienden, deciden y cuidan a sus pacientes.Participé en el Health Revolution Congress como panelista y tuve el privilegio de integrar la Expedición de Aprendizaje en Salud Digital organizada por TISAC, una inmersión en uno de los ecosistemas más dinámicos de Europa. Allí, hospitales, centros de investigación, instituciones públicas, hubs tecnológicos, startups y líderes clínicos articulan innovación para generar soluciones centradas en las personas.
Lo que vi no fue solo tecnología: vi voluntad política, articulación institucional y liderazgo comprometido. Y me pregunté, inevitablemente, qué le falta al Perú para recorrer ese camino.El caso más revelador fue el modelo “One Step Ictus” del Hospital Universitari Vall d’Hebron.
El paciente con ictus isquémico pasa directamente de la ambulancia a la sala de angiografía, donde recibe diagnóstico y tratamiento de manera simultánea, gracias a un escáner móvil de última generación, angiógrafo biplano y la plataforma SmartStroke, que integra datos en tiempo real. El tiempo de intervención se reduce de aproximadamente 70 minutos a solo 15 o 20, y el 48% de los pacientes más graves logra una recuperación clínica casi total, frente al 27% del circuito tradicional.
Lo verdaderamente transformador fue el rediseño del modelo asistencial: cambiar procesos, alinear equipos y poner cada minuto al servicio del paciente. La tecnología fue el habilitador; no el protagonista.El director de Innovación del Hospital del Mar lo resumió con precisión: “Innovar es transformar añadiendo valor”.
No se trata de adoptar tecnología por moda, sino de repensar la atención para lograr mejores resultados. El Hospital Sant Joan de Déu lo muestra con su modelo materno-infantil y el “Hospital Líquido”, que acerca los servicios a la vida cotidiana del paciente mediante telemedicina, seguimiento remoto y continuidad del cuidado.
En Barcelona, la innovación vuelve al sistema más cercano, oportuno y humano.Detrás de estas experiencias hay algo difícil de improvisar: un ecosistema. El informe de Salud Digital de Cataluña documenta 419 empresas de salud digital, de las cuales el 65% incorpora inteligencia artificial, sostenidas por una arquitectura institucional deliberada: estrategia digital, interoperabilidad, espacio de datos de salud, validación clínica antes de escalar y un sector público que dialoga con hospitales, investigación, startups y financiadores.Joan Guanyabens, líder de la salud digital catalana, lo expresó con claridad: la transformación digital no es un asunto técnico; es una política pública que requiere visión, gobernanza y liderazgo.
La innovación no se compra: se construye colaborativamente.¿Qué significa esto para el Perú, en un año en que un nuevo gobierno asumirá funciones? En columnas anteriores he sostenido que la inteligencia artificial amplifica las condiciones existentes: si los datos están fragmentados, amplifica la fragmentación; si hay inequidad, puede profundizarla; si falta gobernanza, multiplica los riesgos.
Por eso, la primera reforma debe ser institucional: construir el piso habilitante antes de hablar de algoritmos.Barcelona lo confirma: avanzó porque primero construyó ese piso y luego sumó innovación con gobernanza real. El próximo gobierno debería asumir la salud digital como una reforma estructural —no como una oficina tecnológica aislada— y establecer un sistema que valide innovaciones, mida su impacto y escale solo aquello que genera valor.
Pero hay algo más que aprendí en Barcelona, quizá lo más importante: la transformación depende de personas comprometidas con el cambio. No fueron sistemas abstractos los que cambiaron las cosas: fueron líderes con visión, constancia y compromiso con un mejor sistema de salud.
El Perú tiene esos líderes en sus hospitales, universidades, ministerios, sector privado y sociedad civil. Lo que necesita es un Estado que los convoque, los proteja de la rotación y les otorgue mandato, recursos y continuidad.El nuevo gobierno tendrá ante sí una decisión estratégica: seguir respondiendo a los problemas de salud solo con soluciones convencionales —más establecimientos, más médicos, más medicamentos— o impulsar una transformación que combine esa base indispensable con innovación digital e inteligencia artificial.
Barcelona no apostó solo por modernizar hospitales, sino por construir un sistema de atención más articulado, conectado e innovador, capaz de responder mejor a las necesidades de las personas. El Perú puede hacer lo mismo si fortalece su primer nivel de atención y lo dota de herramientas digitales, inteligencia sanitaria y capacidad de innovación.La reforma no empieza en un algoritmo ni en una aplicación móvil; empieza en la decisión política de construir un sistema de salud que aprenda, innove y ponga a cada peruano en el centro.
Esa es una oportunidad que el Perú debería asumir con visión, continuidad y sentido de urgencia.
Information from El Comercio (Perú). Edited by: Noticias Today.
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