Sonó el pitido final en Toronto y todo el mundo sabía que esa era la última vez en la que verían a Luka Modric con la camiseta de Croacia. Contaba con ello la hinchada, que le veía emocionado sobre el césped, aunque es imposible que le quedara una gota en el cuerpo para echar una lágrima.

Lo daban por seguro los periodistas croatas. «Hoy no es el día», les decía Modric en su idioma al salir del vestuario, con cara de pocos amigos, todavía en jugador de fútbol, frustrado por una derrota épica -pero derrota-, cabreado con el VAR, que les había perjudicado. «Anunciaré mi decisión pronto», se limitó a añadir. No quería hablar de su retirada de la Selección.

No era el momento. Dedicó mucho más tiempo a protestar por la actuación del VAR en el penalti que supuso el empate de Portugal.

Vio un agarrón al central luso Veiga que no contempló el árbitro. Luego, su compañero de fatigas en el Real Madrid, Cristiano Ronaldo metió el penalti.Fue un final agónico para su carrera con Croacia, con la que se ha metido en el exclusivo 'club de los 200', el de los jugadores que han superado esa cifra.

Están él, Ronaldo, Lionel Messi y pocos más.Noticia relacionada general No No Selección española Lamine Yamal agita el ánimo: «Somos España y no tenemos miedo a nadie» José Carlos CarabiasPero más que larga, ha sido una trayectoria con Croacia rompedora. Bajo la batuta de Modric, el país balcánico ha llegado a territorios futbolísticos con los que ni soñaba: la final del Mundial de 2018, la semifinal cuatro años después.Esta vez no ha podido ser.

Modric y sus compañeros se han quedado fuera, de forma literal, por los pelos. Por los pelos del delantero Matanovic, que rozó la pelota.

Eso significó que su compañero, Gvardiol, había marcado en fuera de juego en el 103, luego de trece minutos de tiempo añadido. Fue un escándalo para los croatas.Nada de eso deslució la despedida del croata bajito, que llevaba más de dos décadas haciendo el fútbol fácil para los demás y lo hizo una noche más.

Pese a las carencias físicas -no subía en las contras, le costaba salir con ventaja de sus recortes- su despliegue fue el de siempre. Fue emotivo verle pelear carreras con laterales poderosos como Nuno Mendes, o incluso lanzarse a la desesperada para tratar de centrar desde el fondo en el último suspiro.Modric confirmará en algún momento que ya no vestirá los célebres cuadros rojos y blancos de Croacia.

Y nadie en su país, por más que les gustaría que siguiera jugando, le va a cuestionar ninguna decisión. «Es un héroe para nuestra nación», decía Mirko desde las afueras del estadio. «Solo le diría que felicidades y que gracias por toda la felicidad que nos ha dado todos estos años».«Él es nuestro rey, no puede hacer nada mal», agrega Marko, un veterano inmigrante croata, que viste con un amigo la zamarra de Modric, a quien llama «artista del fútbol» y «nuestro mejor embajador». «Ha hecho tanto bien para Croacia que puede hacer ahora lo que quiera. Haga lo que haga, seguirá siendo nuestro rey».Un destino improbable para alguien que fue niño refugiado de la guerra, que perdió a su abuelo en la contienda, que tenía que jugar a fútbol en el párking del hotel ruinoso al que fue trasladado con su familia.

Los partidillos en el cole los interrumpían las sirenas que anunciaban la artillería desde el otro lado.Vídeo resumen del Portugal 2 - 1 Croacia'Luka, Luka' chillaba la grada durante el partido, que acabó en una batalla demente en ese tiempo extra, en el que Portugal metió el gol definitivo y la tecnología se lo quitó a Croacia. Modric, que ha dedicado su vida a ordenar el fútbol, se marchó en medio del caos.

Y luego de un abrazo emotivo con Cristiano Ronaldo, con la emoción desbordada.«Lo es todo para nosotros», decía otro aficionado, Ratko. «Mostró su talento por todos lados. El día que se retire será el día más triste para el fútbol».Después de hablar tanto en el campo, y callar tanto fuera, le toca hablar de su futuro.

Modric tiene que decir si querrá seguir en el AC Milan, donde recaló después de un paso legendario por el Real Madrid, donde levantó seis Ligas de Campeones . El croata ha ofrecido un buen desempeño, pero el equipo milanés no se ha clasificado para la gran competición europea, lo que le podría quitar las ganas de jugar.

Su futuro en la competición de clubes está en el aire. El de la Selección se acabó, salvo sorpresa mayúscula, en una tarde de humedad y caos en Toronto.