¿Quién narra cuando silencian al narrador?

Vivimos en un país donde quienes cierran las historias son los periodistas. No los ministerios públicos, no las fiscalías, no los gobiernos que, cada sexenio, prometen mecanismos de protección que se llenan de burocracia y se vacían de resultados.
Son los periodistas quienes reconstruyen lo que pasó, quienes ponen nombre a los muertos, quienes siguen el hilo cuando el mundo preferiría ni siquiera tirar de él. Y ¿quién narra cuando se arrebata la voz al narrador?
¿Quién los nombra, quién sigue el hilo? Roxana Berenice Guzmán Ramírez regresó a Nanchital, Veracruz, en enero de 2026, después de años de ausencia forzada.
Al volver, fundó Pulso Informativo del Sureste, un medio local que en pocos meses acumuló 19 mil seguidores. El 2 de junio fue secuestrada en su domicilio y es fecha en que Roxana permanece desaparecida.
Los restos hallados el viernes en Ixhuatlán del Sureste están siendo analizados por expertos en genética forense, y tanto la Fiscalía como su familia han pedido esperar los resultados antes de confirmar cualquier identificación. Entre los detenidos están el comandante y tres elementos de la Policía Municipal de ese mismo municipio, coludidos presuntamente con el Grupo Sombra, organización que pasó de operar en dos municipios veracruzanos a controlar actividades en al menos 52.
Roxana cubría las quejas ciudadanas que en cualquier otra geografía mediática parecerían menores, pero que en ese territorio constituyen el registro de lo que para algunos no debe ser registrado. Podría decirse que no “desenmascaraba” a nadie; se limitó a contar lo que pasaba en su pueblo, aunque en ciertos territorios, eso es lo mismo.
Donde el crimen organizado pacta con policías municipales para controlar la extorsión y el cobro de piso, documentar lo cotidiano equivale a documentar la economía que lo sostiene, ésa que se articula en el mercado donde alguien cobra por dejar vender, en la camioneta oficial cuyo costo nadie quiere asumir, en el ayuntamiento que responde a una cadena de mando que no figura en ningún organigrama. Nadie sabe qué nota la “condenó”, y considero que ésa es precisamente la respuesta: basta con existir, con tener una cámara encendida.
Su padre lo articuló sin saber del todo lo que decía: “Ella no les ha hecho nada. Si ser periodista desfavorece a todo mundo, pues entonces no va a haber periodistas”.
Tiene razón en las dos partes. Primero, que ella no hizo nada que no fuera su trabajo, y su trabajo era ya una forma de insubordinación.
Segundo, que quienes consideran la noble insubordinación “desfavorecida” toman en sus manos el que no haya periodistas. El periodismo hiperlocal es el más invisible y el más expuesto.
No tiene el escudo relativo de los medios nacionales ni los protocolos ni los abogados ni la atención internacional. Tiene una señal de internet y la confianza de una comunidad que no tiene a nadie más a quien llamar.
En México ha cobrado 176 vidas y ha dejado 32 desaparecidos desde el año 2000. Veracruz encabeza el conteo con 33 periodistas asesinados, más que cualquier otro estado del país, país que, dicho sea de paso, es el más letal de América Latina para ejercer este oficio.
Las cifras, aun así, no dicen lo que más duele. Más de 95% de esos crímenes permanece impune, en parte porque, en más de la mitad de los casos documentados por Artículo 19, el agresor principal es el Estado, cuyos gobiernos estatales concentran 54% de las agresiones y los municipales 28 por ciento.
Lo que sucedió en Nanchital es una expresión descarnada del ejercicio de este oficio, de la colusión entre autoridad local y crimen organizado, pues un medio con 19,000 seguidores, con transmisiones en vivo, con memoria de lo que pasa en cada calle, no es sólo un portal de noticias, sino un riesgo que alguien calcula y decide eliminar. El periodismo es una condición de posibilidad de la vida pública, del derecho a saber, a exigir.
Sin él, los abusos no tienen nombre y el poder no tiene contrapeso. Por eso Roxana regresó a un territorio que ya le había cobrado una vez.
El Estado mexicano, que no la protegió, que permitió que su municipio fuera territorio de un grupo criminal enquistado en sus propias corporaciones policiales, les debe una respuesta a ella y a todos los que siguen ahí encendidos, a todos los que han sido silenciados hasta en su forma más literal: desaparecidos o asesinados. Respuesta que, a manera de cerrar las historias, usualmente viene del periodismo.
Information from Excélsior (México). Edited by: Noticias Today.
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