La falsa comodidad de las correas extensibles: riesgos, tirones y alternativas más seguras

Las correas extensibles, conocidas popularmente como Flexis por la marca que las popularizó, siguen siendo una imagen habitual en calles, parques y caminos. Su éxito se explica por una promesa sencilla: ofrecer más libertad al perro sin que la persona tenga que soltarlo.
No obstante, esa comodidad aparente puede esconder problemas importantes para la seguridad, el aprendizaje y el bienestar del animal.Cuando la correa está desbloqueada, el perro puede alejarse de su tutor hasta una distancia que suele oscilar "entre 3 y 10 metros", según indican desde la Fundación Sr. Perro Colega.
El mecanismo, similar al de una cinta métrica, recoge la cinta o el cordón cuando el perro se acerca, siempre que no se haya activado el bloqueo. En resumen, permite ajustar la distancia con facilidad y dar margen de exploración al animal.El problema es que esa flexibilidad no siempre juega a favor del perro.
Como señalan desde la fundación, "esa flexibilidad es parte del problema". La extensión variable puede hacer que el paseo sea menos seguro y menos previsible, especialmente en entornos urbanos, zonas concurridas o espacios donde aparecen estímulos repentinos, como otros perros, bicicletas, coches, niños o corredores.A primera vista, las correas extensibles parecen ofrecer ventajas claras como la mayor libertad de movimiento o que son fáciles de utilizar y pueden adaptarse a distintos escenarios.
Pero cuando analizamos cómo afecta eso al perro, todo cambia. "El sistema retráctil genera una tensión constante que el animal debe compensar mientras camina", explican desde la fundación.
"Esa presión puede hacer que vaya más incómodo y, asimismo, favorecer un aprendizaje poco deseable: tirar de la correa para ganar distancia".En ese sentido, uno de los principales riesgos es educativo. Si cada vez que el perro tira consigue avanzar, el propio mecanismo refuerza esa conducta.
"El sistema deslizante que funciona cuando el perro tira está reforzando ese comportamiento", aseguran desde la fundación. Así, una herramienta que parece dar libertad puede acabar consolidando paseos con tensión, tirones y menor capacidad de comunicación entre perro y tutor.Puede generar problemas en el cuello o en las cervicalesOtro punto crítico está en los bloqueos.
Cuando la persona quiere detener al perro, lo habitual es presionar el botón para frenar la cinta de golpe. Esa parada brusca puede equivaler a un tirón seco, con posibles consecuencias físicas, especialmente si el perro lleva collar.
Según advierten desde la fundación, ese golpe "puede generar problemas en el cuello o en las cervicales", dependiendo también de si el animal utiliza collar o arnés.Y la situación se complica aún más en paseos urbanos. En una acera estrecha, ante el cruce con otro perro o con una persona, bloquear la correa "en corto" puede aumentar la tensión del momento.
También puede hacer que el perro se sienta atrapado o frustrado, dificultando una interacción tranquila. Asimismo, la longitud variable facilita que el animal se enrede, se cruce entre peatones o invada el espacio de otros perros antes de que la persona pueda reaccionar.
Por no hablar de escenarios especialmente delicados como ascensores, salidas del coche, cruces o zonas de tráfico.A estos peligros se suma la posibilidad de fallo mecánico. El botón de bloqueo puede deteriorarse, sobre todo en correas muy usadas, golpeadas o empleadas con perros grandes.
Si el mecanismo se rompe en un entorno de riesgo, la pérdida de control puede ser inmediata. También puede ocurrir que el mando se caiga al suelo, haga ruido y asuste al perro.
En ese caso, el animal puede salir corriendo mientras arrastra la propia correa, lo que incrementa aún más el miedo. La fundación subraya que este es "el motivo por el que demasiados perros acaban perdiéndose".¿Y qué alternativas hay?Ante estos inconvenientes, existen alternativas más seguras y funcionales.
Las correas multiposición permiten ajustar la longitud mediante varias anillas, adaptando el paseo al contexto. En ciudad, una longitud de entre 2,5 y 3,5 metros suele ser suficiente para que el perro pueda olfatear, explorar y moverse con cierto margen sin perder seguridad.
Por otro lado, para entornos más abiertos, como parques, campo, playa o montaña, una correa larga puede ofrecer libertad controlada y facilitar ejercicios como la llamada.La diferencia principal está en el control progresivo. Tanto las correas largas como las multiposición permiten modificar la distancia de manera más natural, sin depender de bloqueos bruscos ni de un mecanismo de tensión constante.
No obstante, exigen más manejo por parte de la persona, porque hay que recoger y soltar correa según el entorno, pero favorecen paseos más predecibles, seguros y respetuosos con el movimiento del perro.En definitiva, elegir una correa no es una cuestión menor, es una herramienta de seguridad, comunicación y manejo. Por eso, frente a la falsa sensación de libertad que ofrecen las extensibles, las correas multiposición y las correas largas se presentan como opciones más adecuadas para construir paseos tranquilos, seguros y adaptados a cada perro.
Information from 20 Minutos. Edited by: Noticias Today.
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