Adiós a una de las discotecas más míticas de Barcelona: baja la persiana tras casi 50 años

Con la llegada del verano, la Plaza Real ya está lista para llenar sus terrazas y recuperar el bullicio de las noches largas. Pero Barcelona también mira con cierta nostalgia a uno de sus locales más emblemáticos.
Karma, una de las discotecas históricas del centro de la ciudad, ha bajado definitivamente la persiana luego de anunciar su cierre, poniendo fin a una trayectoria de casi cincuenta años ligada al rock, la madrugada y varias generaciones de barceloneses. La noticia llegó a través de las redes sociales del propio establecimiento, que agradeció a trabajadores, DJs, personal de seguridad y clientes el apoyo recibido desde su apertura en diciembre de 1978.Para varias generaciones de barceloneses, bajar las escaleras del Karma formaba parte de un ritual casi obligatorio.
Situado en uno de los rincones más emblemáticos del centro histórico, el local logró sobrevivir durante décadas a modas, cambios musicales y transformaciones urbanas manteniendo una identidad muy definida alrededor del rock y sus múltiples variantes.El espacio tenía una personalidad propia. Una mítica pista alargada, una barra que fue cambiando de ubicación con los años y una cabina de DJ que marcaba el ritmo de noches que a menudo terminaban cuando amanecía sobre la Plaza Real.
Punk, hard rock, grunge, britpop o clásicos guitarreros convivieron durante décadas en una programación que convirtió al local en un punto de encuentro para varias generaciones de aficionados a la música.En el cine y la literaturaPero Karma fue mucho más que una discoteca. Con el paso del tiempo se convirtió en un pequeño icono cultural de Barcelona.
El local apareció en la película La rubia del bar, de Ventura Pons, y también quedó inmortalizado en las páginas de El día del Watusi, la célebre trilogía de Francisco Casavella que retrató como pocas obras la Barcelona más nocturna, caótica y fascinante de finales del siglo XX.La historia del local está llena de anécdotas que reflejan una época muy distinta de la ciudad. No era extraño encontrar músicos internacionales mezclados con universitarios, trabajadores nocturnos, turistas despistados o habituales que llevaban años ocupando el mismo rincón de la barra.
Todo ello contribuía a crear una atmósfera difícil de replicar en los locales contemporáneos, más en medio de la zona cero del turismo.La Plaza Real ha cambiado profundamente desde que Karma abrió sus puertas a finales de los años setenta. La transformación turística del centro, el encarecimiento de los locales y la evolución de los hábitos de ocio han ido modificando el ecosistema que dio vida a espacios como este.
Muchos de los establecimientos que definieron la noche barcelonesa durante décadas han desaparecido o se han reinventado por completo.Por eso el cierre trasciende la simple desaparición de una discoteca. Para muchos supone el final de una forma concreta de salir de noche, menos planificada, más espontánea y ligada a lugares que funcionaban como auténticos puntos de encuentro urbanos, un tipo de ocio cada vez más difícil de encontrar en las grandes ciudades.La despedida deja asimismo una imagen simbólica: las persianas bajadas de uno de los locales más reconocibles de la Plaza Real.
Un rincón que durante casi cincuenta años acogió conciertos improvisados, primeras citas, amistades duraderas, noches memorables y otras que probablemente sea mejor no recordar.Con su cierre desaparece uno de los últimos supervivientes de aquella Barcelona nocturna que mezclaba rock, humo, estudiantes, artistas y buscavidas en un mismo espacio. La ciudad seguirá cambiando, pero para muchos el (peligroso) descenso por las escaleras del Karma quedará asociado para siempre a una época irrepetible.
Information from 20 Minutos. Edited by: Noticias Today.
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