SANTA FE.— El frío vuelve más visible una realidad que no se interrumpe cuando termina el invierno. En las veredas, bajo galerías, en plazas, inmediaciones de terminales, hospitales y sectores del macrocentro, la situación de calle tiene rostros conocidos para los equipos municipales, pero también suma casos nuevos.

Frente a la continuidad de las bajas temperaturas, la Municipalidad de Santa Fe reforzó las recorridas nocturnas y la asistencia directa: en la actualidad distribuye unas 140 raciones de comida por día, de las cuales 60 corresponden a quienes pernoctan en el parador “Beata Clara”, sobre avenida Blas Parera 7740. La cifra permite dimensionar la escala cotidiana del operativo.

Mientras entre 50 y 60 personas son alojadas cada noche en el dispositivo municipal, durante las recorridas por distintos puntos de la ciudad se entregan alrededor de 100 raciones de alimentos, asimismo de frazadas, ropa de abrigo y elementos de higiene . No todos aceptan ser trasladados al refugio.

Por eso, para la Dirección de Asistencia Social (DAS), la presencia territorial es una pieza central: llegar hasta quienes permanecen en la calle, sostener el vínculo y volver a ofrecer alternativas. “El verdadero reaseguro es que puedan estar en el parador, en mejores condiciones”, remarcó el secretario de Políticas Sociales del municipio, Hugo Marchetti . No obstante, reconoció que el abordaje no puede reducirse a una cama o a un plato de comida.

La situación de calle, explicó, está atravesada por trayectorias muy diversas y exige intervenciones singulares, con equipos profesionales y articulación entre áreas. La asistencia se organiza a partir de una división territorial de la ciudad, desde Salvador del Carril hacia el norte y hacia el sur.

A ello se suma una geolocalización de los lugares habituales de permanencia, diseñada junto con la Provincia y organizaciones sociales, con el objetivo de ampliar la cobertura de los recorridos. La mayor concentración continúa estando en el macrocentro, donde durante el día hay más circulación de personas y mayores posibilidades de pedir ayuda o recibir alguna colaboración.

Más que un refugio nocturno El parador Beata Clara se convirtió en una de las piezas principales de la red municipal. El alojamiento nocturno recibe a personas en situación de calle desde las 19 y hasta las 22.

Allí pueden descansar, cenar, higienizarse y participar de entrevistas o charlas con los equipos de asistencia. Antes del ingreso se realiza un control de pertenencias y, luego de pasar la noche y desayunar, quienes lo desean pueden continuar vinculados con las actividades del Centro de Integración Social (CIS).

Ese centro funciona en la misma casa como espacio diurno, entre las 8 y las 12.30, desde agosto de 2025 . La transformación del antiguo parador en un dispositivo abierto durante todo el año implicó un cambio de enfoque: ya no se trata sólo de dar respuesta durante las noches más frías, sino de generar condiciones para que las personas puedan reconstruir vínculos, recuperar hábitos, acceder a atención de salud y proyectar alternativas de autonomía.

En lo que va de este año, más de 200 personas participaron de talleres y propuestas de cocina, huerta, deportes, fortalecimiento de capacidades, abordaje de consumos problemáticos e inclusión social. El municipio sostiene que cada intervención se registra en legajos específicos, lo que permite seguir las trayectorias personales, detectar situaciones crónicas y coordinar respuestas con otras áreas estatales y organizaciones.

La Casa Beata Clara, perteneciente a la congregación Hijas de Santa María de la Providencia, inició a funcionar como refugio municipal en 2023. En su primera etapa contaba con 38 camas; luego el dispositivo fue ampliando su capacidad y sus prestaciones.

Desde 2025 funciona como Centro de Día durante los 365 días del año, con capacidad para unas 60 personas. Un perfil mayoritariamente masculino, pero con situaciones nuevas La población que hoy llega al parador es predominantemente de varones adultos, con edades que van de los 18 a los 80 años y un promedio cercano a los 37.

La mayoría tiene vínculos familiares fragmentados, en muchos casos asociados a consumos problemáticos, situaciones de violencia, problemas de salud o dificultades para sostener una vivienda. Según describió Marchetti, el perfil mayoritario se mantiene entre hombres de 30 a 65 años.

Pero el municipio inició a advertir nuevas situaciones: mujeres, personas mayores y casos recientes derivados de desalojos o conflictos familiares. “Eso evidencia que la situación económica y social es difícil”, planteó el funcionario. La presencia de personas de otras localidades y provincias también forma parte de la dinámica del dispositivo.

Aunque una parte importante de quienes pernoctan son santafesinos, el refugio recibe a personas que llegan a la capital desde distintos puntos de la región, con trayectorias de movilidad y desarraigo que complejizan la intervención. En paralelo, la Municipalidad sostiene u