Después de votar: cómo evitar que la polarización se convierta en violencia
A horas de conocer los resultados de la segunda vuelta presidencial, la directora del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ) reflexiona sobre las lecciones que deja la historia de Colombia para tramitar el desacuerdo político sin odio ni violencia.Directora del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ)Gustavo TorrijosColombia llega a una nueva jornada electoral marcada por la polarización, los discursos de confrontación y los llamados de distintos sectores a respetar los resultados. En un país que ha padecido décadas de violencia política, la pregunta sobre cómo tramitar las diferencias sin recurrir a la agresión vuelve a ocupar un lugar central.
Para María Camila Moreno Múnera, directora en Colombia del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ), la historia del país ofrece lecciones dolorosas, pero también ejemplos de diálogo, negociación y reconciliación que demuestran que existen caminos distintos al odio. (En contexto: Colombia define su rumbo entre una derecha más fuerte y una izquierda más metódica)En conversación con El Espectador, reflexionó sobre la responsabilidad de los líderes políticos, la importancia de respetar las reglas democráticas y el mensaje que debería prevalecer entre quienes no se sientan representados por el resultado de las urnas.Colombia ha atravesado elecciones muy polarizadas en los últimos años. ¿Qué lecciones dejan esos procesos sobre cómo tramitar el desacuerdo político sin que derive en violencia?Colombia tiene una larga y dolorosa historia de violencia política.
Son ya casi cuatro generaciones que, de una u otra manera, han tramitado las diferencias de opinión y los debates ideológicos mediante la violencia. Pareciera que no somo capaces, como sociedad, de anteponer el diálogo y la concertación a la descalificación del que piensa distinto y a la agresión verbal y física.
Ya deberíamos haber aprendido de nuestros dolores: el exterminio de la UP, el asesinato de líderes políticos de todas las vertientes ideológicas, la combinación de todas las formas de lucha, el cierre del espacio democrático por décadas, etc. Pero no nos podemos resignar a que la violencia política sea el único camino. (Le podría interesar: Lo que Colombia necesita escuchar antes de conocer a su próximo presidente)Incluso en esta larga historia de guerra y violencia, hemos tenido momentos de lucidez y de grandeza, como la asamblea constituyente en la que sectores de todo el espectro político y social negociaron y acordaron un nuevo pacto social que se plasmó en la Constitución de 1991.
El diálogo y la negociación nos permitieron cerrar el conflicto armado con las FARC Ep, después de más de 50 años. Si bien no hubo un acuerdo nacional en torno a la solución política negociada, se demostró que con el diálogo y la negociación evitamos más muertes, más víctimas y más dolor.
Finalmente, hay que mencionar las experiencias de encuentro, reconocimiento de responsabilidad y reconciliación entre víctimas y victimarios, y entre excombatientes de diferentes grupos armados, enemigos acérrimos durante la guerra. Estas experiencias nos hablan de la importancia de reconocer la humanidad en el otro, de la capacidad que tenemos de pedir perdón y perdonar y de la generosidad y grandeza que emerge cuando hay que decir la verdad y reconocer la responsabilidad, incluso en los delitos más graves.
Tenemos que recordar que sí somos capaces de hablar con quien piensa distinto.¿Qué tan importante es que los líderes políticos, independientemente de quién gane, contribuyan a bajar la temperatura del debate durante las horas posteriores a la elección?Los líderes políticos deben dar ejemplo. En un mundo cada vez más interconectado, los líderes políticos y de opinión deben ser conscientes de su capacidad de influencia y tienen el deber ético de tender puentes, de reconocer la diversidad en la sociedad y de unir y no dividir.
Quien gane las elecciones debe recordar que va a gobernar para todos los ciudadanos, no solo para quienes votaron por él. (Lea también: ¿Cómo salir del agujero fiscal?: la distancia entre la campaña y la realidad económica)Para resolver los enormes problemas del país se requieren múltiples ideas, propuestas creativas y, sobre todo, el compromiso colectivo de dejarle un mejor país a las nuevas generaciones. Necesitamos más conversación, más escucha, más acuerdos y menos odio y rencor, menos amenazas y menos exclusión.
Después de nuestra larga historia de guerras, no nos podemos dar el lujo de reeditarlas.Si pudiera enviar un mensaje a quienes el domingo se sientan frustrados, molestos o incluso indignados por el resultado electoral, ¿cuál sería?Las diferencias las debemos tramitar mediante el diálogo. Si creemos que hubo alguna injusticia, podemos recurrir a las vías legales para hacer valer nuestros derechos.
Debemos evitar la violencia porque podemos entrar de nuevo a una espiral de odio que solo va a dejar dolor. Recordemos nuestra historia y tengamos la lucidez para demostrarle a las nuevas generaciones que otros caminos son posibles.
No todos vamos a estar de acuerdo con el resultado final de las elecciones. Gana quien más votos obtenga.
Esa es la democracia que tenemos que cuidar y defender. Mis derechos y tus derechos tienen el mismo valor, aunque pensemos distinto.
Mi mensaje para el que gane este domingo: Usted va a ser el presidente de todos los colombianos. Espero que tenga la grandeza de convocar, incluso a sus contradictores, a trabajar por un mejor país para el presente y para el futuro.Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.
Information from El Espectador (Colombia). Edited by: Noticias Today.
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