Placebo y la revancha con su debut: "No nos gustaba mucho, pero al final no fue tan doloroso como pensamos"
Una sensación fría le recorrió el espinazo a Stefan Olsdal cuando se metió al estudio junto a su eterno compañero, Brian Molko. La idea era escuchar las cintas originales grabadas para el primer disco homónimo de Placebo, hace 30 años. “Entramos con una sensación de ¿qué vamos a encontrar aquí?, todas esas memorias, todos los líos que pasamos -dice a Culto-.
Pero nos sorprendimos”. El dúo llevaba años sin escuchar ese material que lanzaron en 1996.
Nada raro. En sus shows de directo apenas tocan una canción de ese álbum (Bionic) y a contrapelo de lo que sucede en estos días en la industria, no son muy amigos de la nostalgia. “No estamos acostumbrados a escuchar mucho lo que hemos hecho en el pasado, porque somos una banda que nos interesa muchísimo más el futuro”, asegura Olsdal, como una declaración de principios.
Por eso sus presentaciones suelen concentrarse en sus discos más recientes y un puñado de canciones en que revisan el resto de su trayectoria. La inmersión de Olsdal y Molko en su primer disco les permitió trazar un plan.
En tiempos donde los aniversarios de los discos se celebran con la publicación de costosas reediciones, boxsets, ediciones de colección, lanzamientos en doble o triple vinilo, los Placebo quisieron ir a contrapelo. Con ocasión de las tres décadas desde su lanzamiento, decidieron que no deseaban hacer un boxset ni nada que se parezca y en cambio, se propusieron regrabarlo por entero. “Esto es como nuestra idea completa y final de ese primer disco -señala el sueco, con un decente castellano de marcado acento español-.
Queríamos hacer algo especial también para nosotros. Hacer algo nuevo con el arte, con la portada, con el diseño.
No queríamos hacer como una cosa simple, queríamos hacer algo más especial para los fans”.Asimismo, en el ánimo de Olsdal y Molko ese primer disco les gatilló el inquietante palpitar de la insatisfacción. Eran por entonces unos jóvenes que se abrían paso. “Siempre hemos tenido la sensación de que el primer disco no está completamente terminado.
Teníamos apenas 20 años, muy poca experiencia en el estudio y muy pocos conciertos. Entonces, éramos una banda muy joven que hizo su primer disco con toda la energía, toda la pasión.
A esa edad tienes unas ganas, te sientes como un Superman (ríe). Eso es es lo que lo que escuchas en ese disco”.De esas cintas originales, quisieron conservar esa energía juvenil.
Pero en la parte musical regrabaron algunas pistas y capas de sonido aprovechando el bagaje ganado durante los años. “Con toda la experiencia que ya hemos tenido en esos 30 años, todas las giras, estar en muchísimos estudios con nueva tecnología, quisimos revisar el primer disco para hacerlo que suene como si hubiésemos grabado hoy”.Por ello, se imponía volver a escuchar con atención las cintas originales del disco. Los Placebo iban con la guardia en alto, preparados para enfrentar el recuerdo de un momento no demasiado grato, pero sucedió que la música los sorprendió. “No nos gustaba mucho el disco.
Y pensábamos que esto era como hacernos amigos otra vez con nosotros de hace 30 años y hacer un poco de terapia con nosotros mismos. Y no, fue una experiencia con mucha alegría, con mucha energía, porque en ese disco hay muchísima energía.
Al final, no era tan doloroso como pensábamos ajaja (ríe)”.Inmunizados ante los recuerdos, no dudaron en emplear todas las posibilidades. Si en esa época contaban con solo un equipo de guitarra, ahora tienen quince.
También pudieron sacar provecho de los programas de edición y la tecnología actual que permite emular equipos, editar y trabajar efectos con suma precisión. Incluso lograron un rescate al recuperar un fragmento en francés, inédito hasta ahora, que se había registrado para la incisiva Bruise Pristine, pero que no se incluyó en la grabación original. “Había una versión en una maqueta que tenía esas frases en francés.
Entonces pensamos que funcionaba muy bien y le dimos más presencia”, comenta Olsdal. El resultado que se escucha en Placebo:RECREATED, ya disponible desde esta semana, es poderoso.
Las canciones crecen y adquieren una sorprendente contundencia sónica. La melancólica I Know suena más expansiva y suma en arreglos que hacen más marcado el quiebre de balada a pieza de rock.
Misma cosa para Lady of the Flowers, que hace más etérea la interpretación de Molko con sus aforismos. “Robó las llaves de mi casa/y luego se quedó fuera”, canta. En el fondo, se trata del ejercicio de una banda de músicos maduros, que vuelven sobre su primer álbum sin la urgencia de los 20 años. “Hemos podido sacar un lado del sonido que no pudimos hacer hace 30 años”, comenta con orgullo Olsdal.Como una crónica en clave de canción de los veinteañeros que eran entonces, el álbum muestra a un Placebo arrojado.
En temas como la machacante Come Home o la cruda Teenage Angst, presentan una peculiar lectura propia para el rock alternativo. Más cercana al postpunk pero con la energía de una banda de garaje.
El célebre crítico Jon Parales, del New York Times, apuntó que el grupo “reinterpretó la primera ola del post-punk rock, en particular a New Order, The Cure, Siouxsie and the Banshees, los primeros U2 y Talking Heads”. Cuando se le pregunta a Olsdal por esa comparación, no puede evitar una sonrisa. “Pues, la verdad es que no lo hemos pensado mucho.
Lo que ha surgido es lo que ha surgido. Esas bandas que dices, claro que somos fans de ellos y siempre vamos a escuchar influencias, pero nosotros siempre queremos seguir en nuestra visión y nuestro sonido”.La propuesta del grupo era un desafío en la cartelera musical de ese 1996.
Era el momento en que el britpop estaba llegando a su cenit con la arrolladora presentación de Oasis en Knebworth; las Spice Girls se presentaban al mundo con Wannabe, su (sobre)estimulante single debut; y The Fugees publicaban el notable The Score, su canto del cisne. Pero en el escenario, Placebo apostaba por la diferencia.
No querían celebrar lo británico, preferían un look andrógino y provocador. Aun así ya comenzaban a sonar al otro lado del Atlántico.
Por su trabajo de reportero de rock, Jon Parales, asistió a un show del grupo en club The Cooler de Manhattan y así describió a Molko en su reseña: “En el escenario, maquillado con delineador, rímel, lápiz labial y esmalte de uñas plateado, miraba fijamente al público con una mirada serena, como si las canciones fueran exactamente lo que quería decir”.Por entonces, Placebo desafiaba al britpop con actitud, vestidos y pintura de uñas. “A nosotros nos hacía gracia”, ríe Olsdal al rememorar esos días. “Nosotros empezamos aquí en Inglaterra y en ese momento esa era la música que estaba por todos los lados. Pero para nosotros más que de un país, nos sentíamos más parte de un movimiento de música.
En aquella época a la gente se le podía muy fácilmente tomarle el pelo. Vestirse con un vestido, llevar pinta uñas o maquillaje para nosotros era como jugar con nuestra imagen y eso no estaba nada de moda en aquella época.
Éramos una banda que no tenía como mucho sitio. No encajaba muy bien, pero eso nos daba más coraje para hacer lo nuestro”.Esa inmersión en el pasado también resulta una bocanada de actividad para el dúo.
Acaban de escribir la música para una obra de teatro de la The Royal Shakespeare Company y para un montaje en torno a una pieza de Bertolt Brecht. A la vez ya preparan su próxima gira por arenas en Reino Unido y Europa en que tocarán ese álbum debut como no lo hacían hace mucho, al que sumará, una pasada por el material del segundo disco Without you, I’m nothing (1998), el que le dio el aventón de popularidad al grupo.
Canciones que igualmente deben volver a aprenderse antes de salir a la carretera. “Bueno, ahora no hay otro remedio que tocarlas”, bromea Stefan antes soltar una risa. “Pensamos que es mejor hacer una gira con canciones de los dos discos, porque yo creo que funciona mejor que hacer gira de un solo disco, porque así podemos hacer un setlist mucho más contundente, mucho más variado, mucho mejor para el público y para para nosotros también”.La mención a ese segundo disco de Placebo gatilla el recuerdo de un nombre que se cruzó con la banda en ese momento, el legendario David Bowie. Escuchó un demo de Without you, I’m nothing y le gustó tanto que creó su propia armonía, llamó a Brian Molko bajo al sol de sus vacaciones en Barbados y les pidió grabarla con ellos.
Eso les dio la oportunidad de tratarlo. “Ahhh él es una leyenda”, recuerda Olsdal. “Una vez salimos a comer con él, estaba ahí del otro lado de la mesa y como que me hacía un guiño con el ojo, un poco travieso ¿no? un poco coqueto ¡él era así! Asimismo de ser un genio musicalmente era muy agradable, muy genuino y trataba bien a la gente, no importaba si era el presidente o el que limpiaba la casa”.-Saldrán de gira tocando el disco Placebo y Without you, I’m nothing ¿hay planes de venir a Sudamérica?Pues queremos mucho, queremos mucho hacerlo, porque ya hemos tenido un una relación muy buena con la gente de allá.
Information from La Tercera (Chile). Edited by: Noticias Today.
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