El lebrel irlandés, el perro más alto del mundo y un 'cordero en el hogar, león en la caza'

Pocas razas caninas están tan ligadas a la historia y la mitología de un país como el lebrel irlandés, lobero irlandés, irish wolfhound o Cú Faoil en gaélico irlandés. Su silueta gigantesca aparece en relatos medievales, poemas, leyendas e incluso en símbolos nacionales de Irlanda.
Su reputación, a la par de su tamaño, hizo que durante siglos fuera un perro reservado para los nobles y los monarcas, apreciado tanto por su capacidad para abatir grandes presas en la caza como por su porte.Aunque hoy ya no persigue lobos ni ciervos gigantes (Megaloceros giganteus), sigue siendo una de las razas más llamativas del mundo. De hecho, suele considerarse la raza de perro más alta que existe, con algunos ejemplares machos que superan con facilidad los 85 centímetros a la cruz y pueden acercarse al metro de altura sobre las patas.
No obstante, luego de esa apariencia colosal se esconde un animal tranquilo, muy afectuoso y sensible, resumido a la perfección en el antiguo lema que se le atribuye: “corderos en el hogar, leones en la caza”.Un gigantón con siglos de historiaLos primeros testimonios escritos aparecen ya en el año 391 después de nuestra era, cuando un cónsul romano describió unos enormes perros procedentes de Irlanda que habían causado asombro en los coliseos de Roma. No obstante, todo indica que estos animales llevaban siglos formando parte de la cultura de los clanes y tribus de origen gaélico.Tradicionalmente han sido utilizados para la caza mayor, y entre sus presas figuran lobos, jabalíes, osos e incluso el ciervo gigante o alce irlandés, una especie extinta que figura entre los mayores cérvidos conocidos.
Su función consistía en localizar y derribar animales de gran tamaño gracias a su velocidad, potencia y valentía. Aunque a menudo algunas traducciones antiguas los describen como sabuesos, el término no es técnicamente correcto.
El lobero irlandés pertenece al grupo de los lebreles, un tipo de perro seleccionado para cazar principalmente mediante la vista y la velocidad. A diferencia de los sabuesos, que siguen rastros olfativos durante largas distancias, los lebreles detectan a la presa visualmente y la persiguen a gran velocidad en campo abierto.La raza estuvo a punto de desaparecer entre los siglos XVIII y XIX.
La extinción de los lobos en Irlanda hizo que perdiera gran parte de su utilidad cinegética y la exportación constante de ejemplares redujo drásticamente la población. Su recuperación se atribuye principalmente al capitán George Augustus Graham, que reunió los pocos ejemplares que quedaban y reconstruyó la raza utilizando también otras líneas como el lebrel escocés, el dogo alemán y, según algunas fuentes históricas, el borzoi ruso.Desde el punto de vista genético, el lebrel irlandés forma parte de las denominadas razas gigantes.
Su tamaño es, sin la menor duda, una de sus características más admiradas, pero también una de las que más condicionan su salud y longevidad. Como ocurre con muchas razas de gran formato, su esperanza de vida es relativamente corta en comparación con la de perros medianos o pequeños.
Entre los problemas de salud que aparecen con mayor frecuencia destacan la miocardiopatía dilatada, determinados tipos de cáncer óseo, la osteocondrosis y la temida torsión gástrica asociada a perros de pecho profundo y tamaño grande. Precisamente por ello, se recomienda prestar especial atención a la alimentación, evitar ejercicio intenso inmediatamente antes o después de las comidas y realizar revisiones veterinarias periódicas.Un compañero dulce y tranquiloQuien conoce a un lebrel irlandés por primera vez queda impresionado por su tamaño, pero quien convive con uno descubrirá que su rasgo más llamativo no es la altura, sino el carácter.
Las principales organizaciones cinológicas coinciden en describirlo como un perro de temperamento digno y equilibrado, que se pasa buena parte del día descansando tranquilamente.Su relación con las personas suele ser descrita como excelente. Es un perro profundamente vinculado a su núcleo familiar y habitualmente muy cariñoso con quienes considera parte de su grupo social.
También suele mostrarse amistoso con los desconocidos, una característica que explica por qué no se considera un perro de guarda tradicional. Su sola presencia puede resultar disuasoria para cualquier intruso, pero no destaca por la desconfianza ni por la agresividad.
En cambio, sí conserva el coraje que lo hizo famoso durante siglos y puede reaccionar con determinación si percibe una amenaza real.La convivencia con otros perros suele ser buena, especialmente cuando ha sido correctamente socializado desde cachorro, y de igual manera puede mostrarse paciente y cariñoso con niños, aunque siempre se deben supervisar las interacciones debido a su enorme tamaño. Un movimiento involuntario de un perro de más de 70 kilos puede derribar fácilmente a un niño pequeño sin intención alguna de hacer daño.A pesar de su historia como cazador, sus necesidades de ejercicio no son tan elevadas como podría parecer.
Requiere paseos diarios y la posibilidad de explorar con cierta libertad, pero no se considera una raza de alta energía. No es un perro adecuado para pasar muchas horas solo, ya que suele desarrollar ansiedad por separación o mostrar síntomas de estrés y aburrimiento cuando permanece sin compañía durante demasiado tiempo.
Tampoco conviene olvidar que mantener un perro de tamaño gigante implica gastos significativamente superiores a los de otras razas. Alimentación, cestas, transportines, tratamientos veterinarios y medicación suelen tener costes más elevados debido a su tamaño.
Antes de incorporar un lebrel irlandés a la familia es fundamental acudir únicamente a criadores responsables, clubes especializados y organismos reconocidos que realicen controles de salud adecuados y trabajen por el bienestar de la raza. En España, una de las referencias para ampliar información es el Club Español de Galgos Afganos, Salukis y demás Lebreles Extranjeros (CEGAS y DLE), entidad colaboradora de la Real Sociedad Canina de España.
En cualquier caso, antes de adquirir un cachorro conviene valorar también la adopción, ya que múltiples lebreles esperan una segunda oportunidad en protectoras y asociaciones de rescate.
Information from 20 Minutos. Edited by: Noticias Today.
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