¿Dibuja el acuerdo entre Irán y EEUU los contornos de un nuevo Oriente Medio?

Propio del exceso de politólogos, periodistas y oficios semejantes anticipar hechos que cambian el orden mundial o regional o inauguran nuevas eras. En una región tan volátil y turbulenta como el norte de África y Oriente Medio, la tentación es casi inevitable.
Hace ahora tres lustros, la Primavera Árabe estuvo una vez llamada a representar el hito fundacional de la llegada al fin de las democracias liberales a la región, aunque el tiempo demostraría que aquello no pasó de una primera tentativa loable y emotiva en un camino que se antoja largo y proceloso. Mucho más recientemente, el 7 de octubre de 2023, día de la sangrienta infiltración de las Brigadas al Qassam de Hamás en el sur de Israel, ha sido referida a menudo para los analistas de distinto signo y condición como el inicio de una nueva etapa marcada por la hegemonía militar israelí en la región y el debilitamiento del ‘eje de la resistencia’ con centro de gravedad en Teherán, y la emergencia de una alianza entre Israel y las monarquías árabes, pero también la del triunfo de la barbarie sobre el derecho internacional y los derechos humanos, la del genocidio de Gaza, etcétera.Así las cosas, poco más de año y medio después, la guerra de los 12 días había dejado al régimen iraní prácticamente descabezado y la ofensiva simultánea contra Hamás en Gaza, Hizbulá en el Líbano y los hutíes en Yemen suponía un severo correctivo para las tres organizaciones afines a Teherán.
Asimismo, Bachar al Asad había huido de Damasco un año atrás para privar para siempre a la República Islámica de su protectorado sirio. “Hace seis meses, Israel y EEUU se encontraban en una posición envidiable”, recordaba esta semana en la revista Foreign Affairs el ex funcionario del Departamento de Estado especializado en Irán Nate Swanson. ¿Qué podía salir mal?
En esa línea, a juicio del politólogo libanés Said Chaya, el 7-O “marcó un reordenamiento de la situación en Medio Oriente, no solo porque volvió a poner la cuestión árabe-israelí en el tope de la agenda regional, sino también porque, con el correr de los meses, dejó en claro que Israel tenía un proyecto de seguridad para la región y herramientas para ponerlo en marcha. Como ejemplos de ello, la expansión del conflicto que promovió hacia Líbano, Siria, Qatar, Irán, etc.”. “También mostró que podía implementarlo prácticamente sin sufrir consecuencias graves en la comunidad internacional”, añade el director del núcleo de Estudios de Medio Oriente de la Universidad Austral (Argentina).Pero dos años y medio después del inicio de la larga y sangrienta campaña israelí en Gaza, el comienzo de la operación militar israelo-estadounidense contra la República Islámica -luego de meses de negociaciones frustradas y de una revuelta anti-régimen aplastada sin contemplaciones por Teherán a comienzos de año- era, de nuevo, para muchos observadores la certificación del establecimiento de un nuevo (des) orden regional marcado por el fin del derecho internacional y el uso abusivo e injustificado de la fuerza (no la de las fuerzas de la República Islámica contra los manifestantes iraníes sino la de las Administraciones Trump y Netanyahu en sus ataques contra Irán).Ahora, con el acuerdo -oficialmente Memorando de Entendimiento- firmado entre Washington y Teherán, aunque casi todos los interrogantes sobre el programa nuclear iraní siguen tan abiertos como antes de la guerra, la tentación es de nuevo inevitable.
No pocos observadores se han apresurado en los últimos días a hablar, otra vez, de un nuevo Oriente Medio, en este caso marcado por la derrota israelí -que se ve forzado a avenirse a los términos pactados por Trump y el régimen iraní- y la victoria de la República Islámica. Según esta visión, Teherán puede presumir de haber doblegado nada menos que a sus dos archienemigos y verá premiada su resiliencia con un alivio económico que le permitirá mantenerse a flote y alejar el peligro inminente de una revuelta interna.
De la hegemonía indiscutible de Israel a un revés histórico en poco más de tres meses.En cualquiera de los casos, el acuerdo -las partes tienen 60 días para ponerse a negociar sobre los temas que provocaron el inicio de la guerra en febrero- logra poner fin momentáneo a la guerra, una guerra que rápidamente se convirtió en un conflicto de alcance regional (que afectó directamente a una docena de países). Y no menos importante, el memorando permitiría la reapertura a la navegación comercial del estrecho de Ormuz, cuyo bloqueo disparó los precios del petróleo y provocó importantes daños a la economía mundial (asimismo de dejar varias lecciones para todos).
Algo ahora en duda, después de que este sábado Irán anunciase que volvía a cerrar el pasaje marítimo.En esa línea, para el politólogo iraní Ehsan Rahimi, “la verdadera importancia del conflicto radica en que desplazó el centro de gravedad de la crisis desde el ámbito militar hacia las dimensiones diplomática, económica y económico”. “El estrecho de Ormuz demostró que no es únicamente una ruta marítima, sino uno de los instrumentos geopolíticos más relevantes del mundo. Las perturbaciones en el comercio energético afectaron a los mercados internacionales y evidenciaron hasta qué punto la economía y la seguridad se encuentran hoy estrechamente interconectadas”, asevera el especialista en relaciones internacionales a 20minutos.
Irán gana, pero también pierdeSin duda, el mayor éxito para el régimen de los ayatolás es el de su supervivencia. La República Islámica sale, en consecuencia, fortalecida moralmente con el acuerdo alcanzado con EEUU ciento diez días después del inicio de una campaña militar cuyo objetivo no disimulado fue el cambio de régimen.El otro gran triunfo para Teherán ha sido el descubrimiento de la ‘bomba’ de Ormuz.
El control del estrecho, por donde transita normalmente el 20% del crudo y el gas natural mundiales- le otorgó una influencia global que Washington no previó. Asimismo, el acuerdo le permite -por ahora- reivindicar el levantamiento del bloqueo estadounidense y el inicio de la descongelación de activos, e incluso un fondo de 300.000 millones de dólares en concepto de reparaciones por los daños sufridos.Said Chaya: “La guerra de Irán fue una segunda parte de ese orden regional en eclosión, pero no un cierre”Más dudas plantea a medio plazo el ascenso de una nueva generación al poder luego de la eliminación física de la élite política y militar que llevó las riendas del país en las últimas décadas.
En esa línea, para el politólogo hispano-iraní Daniel Bashandeh, “un nuevo liderazgo emerge en la República Islámica que necesita priorizar el alivio económico para consolidarse”. “Está dándose una transición política y hay señales que indican que la supervisión está llevándose a cabo por el ala militar. Ante la ausencia del ayatolá Mojtaba Jamenei, este ala marca los tiempos a los negociadores y el discurso gira en torno al pragmatismo para alcanzar el alivio económico.
De esta forma, pueden consolidar sus lealtades internas. Todo apunta a una línea más militarista que clerical”, afirma el especialista a 20minutos.Pero Irán ha perdido también.
Luego de el castigo sufrido en la guerra de los 12 días de junio de 2025, la campaña militar israelí y estadounidense de este año ha destruido -a juzgar por los cálculos de las autoridades estadounidenses- con el 30% de las capacidades misilísticas del régimen, asimismo de haber causado graves daños al conjunto de las fuerzas armadas iraníes. No menos menguado ha quedado el arco de estructuras militares proxy, de Hezbolá a los hutíes, financiadas, entrenadas o dirigidas por Teherán.
También ha obligado a tomar las riendas del país a una generación más inexperta y radicalizada.A pesar del alivio de sanciones, la economía, ya en un grave estado a comienzos del año, seguirá acusando el castigo en los próximos tiempos. Hay que recordar que fue el deterioro de las condiciones económicas de la población el desencadenante de la revuelta de los comerciantes del Gran Bazar de Teherán en diciembre, una protesta que acabó derivando en una masiva manifestación de rechazo a la República Islámica.
El frente doméstico será a partir de ahora la gran preocupación de las autoridades iraníes.El factor Golfo y Abraham en el horizonteTampoco se antoja positiva para Irán la mezcla de indignación, fragilidad y desconfianza provocada por los ataques de la Guardia Revolucionaria contra media decena de países vecinos del Golfo, a los que Teherán castigó por la presencia en ellos de tropas estadounidenses. Con unos EEUU cada vez menos dependientes de los hidrocarburos de la zona y en retirada, los países del Consejo de Cooperación del Golfo están obligados a poner la vista en otra parte, incluido Israel, para garantizar una mayor seguridad en el futuro.
Según el politólogo iraní Ehsan Rahimi, “los países árabes han comenzado a reforzar su resiliencia estratégica mediante la diversificación de sus socios en materia de seguridad y el desarrollo de corredores logísticos, puertos y oleoductos”.En otro orden, el paso de los meses deja cada vez más claro que los Acuerdos de Abraham han venido para quedarse. Ni Gaza ni mucho menos Irán se han interpuesto en el camino de los Acuerdos firmados entre Israel y tres monarquías árabes (Emiratos, Bahréin y Marruecos).
Trump seguirá trabajando para el acercamiento -y soñará con un acuerdo de normalización- entre Tel Aviv y Arabia Saudí, aunque Riad insiste en que no tiene nada que hablar con Israel mientras siga sin haber un Estado palestino. Mientras mantiene una guerra de baja intensidad en el Líbano, Israel aspira a seguir estrechando posturas con Beirut con el horizonte de un acuerdo de paz o una normalización de relaciones.“Esta tendencia sugiere que la región avanza gradualmente desde un orden predominantemente centrado en EEUU hacia una estructura más multipolar.
Paralelamente, las divergencias entre las prioridades estratégicas de Washington y las de Israel se han vuelto más visibles, mientras que el Líbano se perfila como la principal prueba para evaluar la viabilidad de cualquier acuerdo futuro”, concluye Rahimi.Cambios regionales, pero no tantoCambios regionales sí, pero no el cambio con mayúsculas. La República Islámica volverá a tratar de reconstruirse y no renunciará al arma nuclear, más convencida que nunca después de la guerra de que su posesión constituye la mejor forma de disuasión para evitar nuevos ataques.
También se acercará a sus vecinos de Golfo para explorar nuevas formas de seguridad regional que ayuden a evitar un escenario como el de la reciente guerra. Pero Israel seguirá combinando su superioridad militar con la estrategia diplomática para ampliar su reconocimiento regional.
El resultado de la contienda tendrá consecuencias a largo plazo -muchas no las conocemos aún- pero aún es pronto para adivinar los contornos de ese nuevo orden regional en ciernes. Máxime en una zona del mundo marcada por a provisionalidad y donde, como dice el veterano corresponsal en Oriente Medio Tomás Alcoverro, los acuerdos están para no ser cumplidos.
En esa línea, para el politólogo libanés Said Chaya, “la guerra de Irán fue una segunda parte de ese orden regional iniciado con el 7 de octubre en eclosión, pero no un cierre. Este tratado firmado entre Washington y Teherán vale por lo que dice pero también por lo que no dice: comprueba la creciente autonomía israelí, que implica un distanciamiento amistoso pero también una mayor independencia con respecto a Estados Unidos; también deja en claro, una vez más, que el Líbano es prenda de negociación ajena y víctima de su propia debilidad; todo esto sin negar que el patronato de Trump puede ser poderoso para generar un marco de más estabilidad en el país”, concluye a 20minutos el director del núcleo de Estudios de Medio Oriente de la Universidad Austral.A juicio de Rahimi, “la guerra no condujo a una victoria decisiva de ninguna de las partes ni resolvió las cuestiones fundamentales de Oriente Medio”. “No obstante, puso de manifiesto una realidad esencial: ningún actor es ya capaz de eliminar por completo a su rival.
Irán no fue derrotado ni neutralizado, Israel no alcanzó sus objetivos máximos y EEUU demostró que no está dispuesto a involucrarse en una guerra prolongada e indefinida. El resultado ha sido la configuración de un nuevo equilibrio de poder, basado menos en la victoria militar que en la disuasión mutua y la gestión de la competencia”, asegura a 20minutos el investigador doctoral en la Universidad de Alicante.¿Hacia una paz duradera?La falta de apetito de Trump y el liderazgo iraní por continuar la guerra ha sido una de las evidencias que dejaron las seis semanas de escalada bélica de mayor intensidad.
En una situación tan volátil, no obstante, el riesgo de incumplimiento del acuerdo por alguna de las dos partes y el consiguiente de regreso de la violencia sigue siendo muy elevado. Sin ir más lejos, este sábado Irán anunciaba de nuevo el cierre de Ormuz como respuesta a la nueva escalada israelí en el sur del Líbano contra la más mimada de sus creaciones paramilitares.
El país de los cedros será, sin duda, una de las piedras de toque del acuerdo.Según el propio Rahimi, “lo que está emergiendo no es una paz duradera, sino una forma de ‘estabilidad competitiva’: un orden basado en la disuasión, la negociación permanente, la interdependencia económica y el reconocimiento de los límites del poder. El nuevo Oriente Medio será menos ideológico, más geoeconómico y estará definido, sobre todo, por la gestión de la competencia entre sus principales actores”.Finalmente, Bashandeh estima que “si Iran finalmente es readmitida a escala regional a través de estas negociaciones y hay avances en el la reintegración económica, habrá menos incentivos para volver a la confrontación directa”.
Con todo, el analista advierte de que si se avanza en ese proceso de rehabilitación, “Israel puede verlo como una amenaza, ya que un Irán sin sanciones significará una oportunidad para que la República Islámica crezca bajo un liderazgo plenamente militar”. Por último, recuerda el hispano-iraní, “Si Irán invierte en recomponer el eje ideológico será una vuelta a la confrontación que pondrá en alerta a la región”.
Information from 20 Minutos. Edited by: Noticias Today.
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