COLÓN.— Pasaron casi 32 años. Por ese entonces, Aaron era el hijo de una familia que se había ofrecido para albergar a los jugadores que llegaban desde distintas partes del mundo para participar de la Dallas Cup y “Pechu” Suárez, más joven todavía, portaba la ilusión de llegar a jugar en la primera de Colón , algo que concretó cuando “Pancho” Ferraro lo llevó a su primera pretemporada, en Necochea, y que tuvo su gran “bautismo de fuego” cuando Jorge Olguín lo eligió como titular para un clásico.

A ese equipo de Colón lo dirigía el siempre recordado profesor Carlos Hurtado , histórico preparador físico del “Gitano” Juárez, quien años antes había estado al frente del equipo en los durísimos años 80. Y entre quienes integraron el plantel, estaban “Tapita” Segalla, Silvio Azoge, Juan Manuel Suligoy, el “Cachorro” Gonzalo Favre, Pablo Bonaveri y Daniel Malisani, entre otros.

Ellos llegaron con toda la ilusión a jugar este torneo que se había instalado, por esos tiempos, en uno de los más importantes a nivel juvenil y en el que participaban grandes clubes, como Real Madrid, San Pablo y Corinthians de Brasil, Liverpool y West Ham de Inglaterra y Tigres de México . El año anterior, en 1993, había participado Unión, en un equipo en el que jugaban, entre otros, Clotet, Félix Pereyra, Cámara, Rahiel, Oggioni, Wabeke, Spagnol y “Charly” Cometto, dirigidos por Carlos Mazzoni.

En el 94 le tocó a Colón y, al igual que Unión, se quedó en semifinales de ese torneo que terminó ganando Real Madrid. Pasó mucho tiempo.

Demasiado. Y asimismo del tiempo, la distancia que siempre aleja y nos pone un freno a cualquier intención.

Pero como alguna vez escribió García Márquez, "recordar es fácil para quien tiene memoria; olvidar es difícil para quien tiene corazón". Y en esta historia, hay memoria y también hay corazón.

Ni “Pechu” Suárez olvida aquellos días vividos en Dallas en la casa de la familia de Aaron. Ni Aaron de esos dos pibes santafesinos (con el “Pechu” estaba Malisani), que por el respeto y el afecto demostrado, se ganaron el corazón de una familia que los extrañó desde el momento mismo en el que abandonaron Dallas, cuando regresó la delegación sabalera a la Argentina .

En 32 años, los contactos pudieron hacerse de manera periódica, al principio. Y hasta esporádica, después.

Pero no hubo lugar al olvido. “Pechu” quiso que una camiseta de Colón le llegue a Aaron. Y Aaron le quiso entregar la camiseta de la Universidad a la que él asistía.

El Litoral, con sus enviados a Dallas, fueron los encargados de concretar el feliz final de la historia. La tecnología en estos tiempos logra cosas maravillosas y despierta sentimientos que tanto Aaron como Hernán sacaron a relucir desde el momento en que, “en vivo y en directo”, logramos ese intercambio de camisetas que llevaba implícito un alto valor afectivo para los dos.

Ese “¡ohhhh!” que escuchamos de Aaron cuando vio la imagen de “Pechu” en la videollamada, vino acompañada de una mano en el corazón y ojos que empezaron a brillar por volver a ver a esa persona a la que conoció por algunos pocos días y que se quedó para siempre en el mejor rincón de sus afectos. “Nos llevaban para todos lados. Una familia encantadora que nos hizo sentir como si estuviésemos en casa.

Para mí, algo inolvidable. Y volver a ver a Aaron, recibiendo la camiseta de Colón que le quise regalar, fue un regalo del cielo” , contó Hernán Suárez, quien no dudó en pedirle el “favor” a El Litoral de llevarle la camiseta de Colón al amigo norteamericano, quien no paró de enviar mensajes a este periodista para que el encuentro se concrete enseguida,. lo antes posible, y así vivir un momento que seguramente le resultará inolvidable y le permitirá guardar, esa camiseta, como uno de los mejores recuerdos para aquella experiencia que también para esa familia norteamericana resultó inolvidable.

La historia tuvo dos finales. Uno fue este que acabamos de describir, el más importante.

El otro, fue la atención que tuvo Aaron para con los enviados de El Litoral y dos periodistas que nos acompañan en este largo camino de cobertura que estamos realizando desde Estados Unidos . Aaron quiso que conociéramos algo típico de Texas.

En Fort Worth, está el origen de los cowboys. Y allí se recrea (en un ambiente con mucho de original, autóctono y de aquellos tiempos), lo que era la vida en esa ciudad en el siglo 19.

Y allí está el famoso rodeo, que consiste en un espectáculo al estilo norteamericano, con doma de caballos, destreza y shows musicales. Aaron regaló entradas a estos enviados para que podamos ver qué es lo que divierte a los habitantes de esta zona de la amplia geografía norteamericana.

Pero lo importante fue lo otro. Una historia entre un santafesino y un norteamericano de Dallas, sellado por El Litoral con el regalo de una camiseta de Colón que Aaron guardará con mucho cariño por haber conocido a aquel pibe que era jugador de fútbol y con el que estableció una amistad para siempre.