Ejecutivo oficializa subsidio temporal para transporte de Lima y Callao por alza de combustibleFuera de control: 200 vehículos eléctricos prohibidos de hasta 70 km/h invaden al día la ciclovía de Av. ArequipaLos bolardos de concreto instalados para impedir que los vehículos invadan veredas, cruceros peatonales y áreas de seguridad presentan daños visibles en distintos distritos de Lima.

Un recorrido realizado por El Comercio identificó estructuras destruidas, inclinadas o completamente retiradas en varias intersecciones de Chorrillos, La Victoria y el Rímac, sin que hasta el momento hayan sido repuestas por las autoridades correspondientes.En Chorrillos, los problemas se concentran en puntos como el cruce de las avenidas Los Cedros con Alameda Sur, la intersección de la avenida Los Cedros con la calle Jamaica y el entorno de las avenidas Alameda San Marcos y Los Horizontes. A ello se suman casos detectados en La Victoria, en los cruces de las avenidas Canadá con la Vía Expresa, Canadá con Campodónico y Canadá con Arriola.La situación también alcanza al Rímac.

El pasado 25 de mayo, alrededor de las 5 de la tarde, un automóvil negro impactó contra uno de los bolardos ubicados en la intersección de la avenida Alcázar y la calle Las Calezas. Aunque la estructura dañada fue retirada al día siguiente, hasta la fecha no ha sido reemplazada.María Espinoza, comerciante ubicada en la en el cruce de las Alamedas San Marcos con Los Horizontes, en Chorrillos, indicó que los accidentes vehiculares son frecuentes en la zona y atribuyó los daños observados a los constantes impactos de vehículos.“Es por los choques.

Acá pasan carros particulares y camiones grandes. Asimismo, estamos cerca de una universidad y un colegio.

No hay semáforo y los carros se chocan seguido”, indicó. La vecina afirmó que, pese a la presencia ocasional de policías, no ha observado intervenciones destinadas a reparar los elementos dañados.Una situación similar fue reportada en la avenida Los Cedros.

Israel, propietario de un restaurante ubicado frente al cruce con la calle Jamaica, consideró que los bolardos doblados y destruidos probablemente fueron afectados por vehículos que se salieron de su trayectoria.“Debe haber ocurrido de noche. Yo trabajo aquí y no he visto el momento exacto, pero es evidente que un carro se metió.

Tampoco ha venido ninguna autoridad para hacer el cambio”, comentó.Rosana Flores, vecina de la zona, estimó que los bolardos destruidos en el cruce de ambas vías permanecen dañados desde hace aproximadamente dos semanas. Aunque no considera que los accidentes sean frecuentes en ese punto, cree que el tránsito de vehículos pesados podría explicar las afectaciones.“Para mí que son los camiones.

Por acá pasan todos los días camiones de basura y también vehículos que transportan materiales por las construcciones nuevas. Un auto difícilmente podría causar ese tipo de daño”, remarcó.La residente agregó que el crecimiento inmobiliario y el aumento de tránsito en la zona han modificado significativamente la dinámica del sector. “Antes esto era distinto.

Ahora pasan más vehículos y se ve más movimiento”, aseveró.Durante el recorrido también se constató un hidrante dañado en la intersección de la calle Jamaica con la avenida Los Cedros. Según Carlos Barrantes, vecino del sector, la estructura lleva más de un mes en esas condiciones luego de un accidente vehicular.“Un carro se estrelló y desde entonces sigue así.

Acá los conductores se estacionan donde quieren y hasta se suben a la vereda”, denunció.Barrantes también cuestionó la falta de intervención municipal en otros espacios públicos de la zona y aseveró que varios bolardos permanecen destruidos sin ser reemplazados por unos nuevos.En otros puntos de Chorrillos, los daños llevan mucho más tiempo sin ser atendidos. Arthur Carranza, vecino entrevistado por El Comercio en la intersección de la avenida Los Cedros con Alameda Sur, calculó que algunos bolardos permanecen destruidos desde hace entre cinco y seis meses.“Si te das cuenta, no es solo uno.

Hay varios. Esto ha sido por choques.

Lo preocupante es que pasan los meses y nadie los cambia”, indicó.Carranza advirtió asimismo que la falta de reposición afecta especialmente a personas con discapacidad y peatones que utilizan diariamente una vía con alto tránsito vehicular. “Por aquí circulan estudiantes y trabajadores. Es una zona bastante concurrida”, remarcó.La falta de mantenimiento de bolardos también fue constatada por El Comercio en distintos puntos del distrito de La Victoria, donde varias de estas estructuras de protección vial permanecen dañadas, inclinadas o derribadas pese a encontrarse en intersecciones de alta afluencia de peatones, ciclistas y vehículos.

Durante un recorrido por la zona se identificaron afectaciones en los cruces de las avenidas Canadá con la Vía Expresa, Canadá con Campodónico y Arriola con Canadá, evidenciando un problema que se repite en diversos sectores de la ciudad.Uno de los casos más notorios se encuentra en la intersección de las avenidas Canadá y Paseo de la República, a escasos metros de la estación Canadá del Metropolitano, una de las más concurridas de este sistema de transporte. En este punto se observaron dos bolardos visiblemente inclinados y con signos de haber sido impactados.

Asimismo, la pequeña isla triangular ubicada en la esquina presenta daños en su estructura de concreto, lo que evidenciaría constantes roces o choques de vehículos al realizar maniobras de giro en una zona de intenso tránsito vehicular.La situación se repite en el cruce de la avenida Canadá, cuadra 4, con la avenida Campodónico, cuadra 1, donde un bolardo permanece ladeado junto a una rampa destinada al acceso de personas con discapacidad. El estado de la estructura sugiere que fue impactada por un vehículo, aunque hasta el momento no ha sido reparada ni reemplazada.

Debido a su cercanía con el paso peatonal y la infraestructura de accesibilidad, los daños representan un riesgo adicional para quienes transitan por el lugar.Los daños más severos fueron identificados en la intersección de las avenidas Arriola y Canadá. Allí, tres bolardos de concreto de gran tamaño permanecen tumbados sobre las veredas que conectan ambos sentidos de la avenida Arriola, convirtiéndose en obstáculos para peatones y personas con movilidad reducida.

Asimismo, se retiraron dos de estos bolardos, los cuales no se han vuelto a instalar con nuevos ejemplares.A pocos metros de estas estructuras también se observó un bolardo inclinado en la ciclovía de la avenida Canadá, elemento que divide ambos sentidos de circulación de bicicletas y scooters eléctricos, y que aparentemente habría resultado afectado por un impacto vehicular.A estos problemas se suma el deterioro de la propia infraestructura vial. En el mismo cruce de Arriola con Canadá, El Comercio constató la presencia de hundimientos y huecos de considerable tamaño en la calzada.

Estas irregularidades obligan a conductores, ciclistas y peatones a modificar sus recorridos para evitarlas, incrementando el riesgo de incidentes en una de las zonas con mayor circulación del distrito.El recorrido realizado por El Comercio también permitió identificar estructuras de protección vial dañadas en distintos puntos del distrito del Rímac. Uno de los casos más recientes se registró en la intersección de la avenida Samuel Alcázar con la calle Las Calezas, frente a un supermercado, donde un automóvil negro impactó violentamente contra uno de los bolardos de contención instalados para resguardar a peatones y usuarios de la ciclovía que atraviesa la zona.El accidente sucedió la tarde del pasado 25 de mayo y provocó la destrucción total de la estructura.

Fotografías difundidas luego de el incidente muestran cómo el vehículo terminó empotrado contra el bolardo, desprendiéndolo de su base y esparciendo fragmentos de concreto sobre la vía. Aunque el elemento de protección fue retirado al día siguiente, hasta la fecha no ha sido reemplazado por la Municipalidad del Rímac, dejando un espacio vacío en un punto destinado a separar a los usuarios vulnerables del tránsito vehicular.Alicia, comerciante ubicada en la esquina donde sucedió el choque, indicó a El Comercio que el vehículo ya estaba siendo retirado por la Policía cuando ella llegó a la zona. “Debe haber sido como a las cinco y media de la tarde.

Al día siguiente ya habían retirado el bolardo”, indicó. No obstante, confirmó que desde entonces no se ha instalado una nueva estructura que cumpla la función de protección que existía antes del accidente.La ausencia de reposición resulta especialmente relevante debido a que la intersección forma parte de una ciclovía utilizada diariamente por vecinos y trabajadores que se desplazan por la avenida Alcázar.

La falta de este elemento reduce la barrera de seguridad existente entre los vehículos y las áreas destinadas a la circulación de personas.Los daños a la infraestructura vial no se limitan a este punto. Durante el recorrido por el distrito también se constató la presencia de bolardos deteriorados en la intersección de las avenidas Samuel Alcázar y Prolongación Tacna.

En este cruce, varias de estas estructuras presentan fracturas, inclinaciones y desprendimientos de concreto que evidencian impactos previos ocasionados por vehículos que transitan por la zona. Algunos permanecen parcialmente destruidos sobre la vereda, mientras que otros muestran daños severos en su base, sin que se hayan ejecutado trabajos de reparación o sustitución.La permanencia de bolardos destruidos durante semanas o incluso meses refleja una deficiente gestión del mantenimiento vial y evidencia que la seguridad de peatones y ciclistas no figura entre las principales prioridades de algunas autoridades locales.

Así lo remarcó Alfonso Flórez, experto en transporte y seguridad vial, asimismo de gerente general de la Fundación Transitemos, al analizar los casos identificados por El Comercio en Chorrillos, La Victoria y el Rímac.Según explicó, los bolardos cumplen una función fundamental dentro del sistema de seguridad vial, ya que permiten aislar espacios destinados al tránsito peatonal y evitar que los vehículos invadan veredas, ciclovías, islas de refugio y otras zonas protegidas. “La idea de los bolardos es justamente separar o aislar ciertas zonas de la vía para que no sean invadidas por los vehículos. Si están destruidos o han sido retirados, simplemente dejan de cumplir su función”, indicó.Respecto a la demora en la reposición de estas estructuras, el especialista consideró que no es razonable que elementos de seguridad vial permanezcan dañados durante cinco o seis meses sin ser reemplazados.

En ese sentido, cuestionó la ausencia de mecanismos permanentes de supervisión y mantenimiento de la infraestructura urbana. “Lo que debería existir es un inventario vial actualizado que permita conocer el estado de las vías, la señalización y todos los elementos asociados a la seguridad vial. No obstante, ese tipo de evaluaciones no parece estar entre las prioridades de las autoridades”, aseveró.El experto también indicó que la responsabilidad de reparar los bolardos depende de la jurisdicción donde se encuentren ubicados.

Asimismo, advirtió que muchas veces los problemas responden a limitaciones presupuestarias y a decisiones sobre el destino de los recursos disponibles.“Los municipios siempre tienen necesidades y recursos limitados, pero el tema es cuáles son las prioridades. Si se destinan fondos a otros proyectos y no al mantenimiento de elementos esenciales para la seguridad vial, evidentemente estos problemas se van acumulando”, remarcó.Como propuesta para mejorar la identificación y atención de este tipo de deficiencias, Flórez planteó aprovechar los patrullajes diarios del serenazgo para realizar reportes permanentes sobre el estado de las vías.

Según explicó, el personal municipal podría registrar baches, bolardos destruidos, señalización deteriorada y otros problemas durante sus recorridos habituales, generando informes en tiempo real para facilitar una intervención más rápida de las áreas responsables.“Los municipios ya cuentan con vehículos y personal que recorren las calles todos los días. Con una capacitación básica y una ficha de reporte podrían realizar un inventario vial permanente y detectar problemas antes de que permanezcan meses sin solución”, concluyó.Este diario solicitó información a las municipalidades involucradas sobre los plazos de reposición de bolardos dañados; no obstante, al cierre de esta edición no obtuvimos respuesta.