“¡Paren las rotativas!”. La orden resonó con nerviosismo y pavor en la medianoche del 6 de enero de 1989 en la redacción de Scinteia Tineretului (La chispa de la Juventud), el periódico de los jóvenes del Partido Comunista de Rumania.

La expresión, inmortalizada en el argot periodístico para detener las máquinas de impresión, no se pronunció aquella noche para incorporar una noticia de última hora, sino para eliminar una imagen que, vista con perspectiva histórica, resultó casi premonitoria.Seguir leyendo