Las obras más importantes en la historia del conocimiento suelen tener lugar en poderosos centros con capacidad de acumular saberes y tradiciones diversas. En sus particulares momentos de esplendor político y económico, Atenas, Alejandría, Bagdad, Roma, Sevilla, Florencia, París o Londres fueron polos de innovación y producción de nuevos conocimientos.Mapa del mundo de Claudio Ptolomeo, versión de Donnus Nicholas Germanus (1482) basada en la traducción latina de Jacobus Angelus de la Geografía de Claudio Ptolomeo.WikicommonsAlejandría fue fundada en un estratégico lugar del delta del Nilo por Alejandro Magno en el año 331 a.e.c. y pronto se consolidó como un punto de encuentro de tradiciones filosóficas y conocimientos, el epicentro de la cultura griega que los historiadores llamaron “helenismo”.

Allí se fundaron el Museo y la Biblioteca, dos instituciones emblemáticas para el mundo occidental dedicadas a la acumulación y producción de conocimientos al servicio del gobierno imperial. En el año 30 de la era cristina, buena parte de Egipto, incluyendo Alejandría, fue conquistada por el imperio romano.

De manera que Alejandría se convirtió en un lugar clave para la historia de las ciencias en occidente como un centro de acopio de tradiciones griegas, orientales y romanas. Este fue el lugar privilegiado en el que el astrónomo Claudio Ptolomeo (100-170) vivió y trabajó la mayor parte de su vida.Ptolomeo tuvo acceso a los conocimientos acumulados de la astronomía griega y egipcia lo cual le permitió escribir uno de los tratados más completos de la antigüedad en esta materia que, junto con la física de Aristóteles, consolidaron la versión del cosmos geocéntrico que predominaría durante casi quince siglos.

El tratado, que se conoció en griego como Sistema matemático, se tradujo al árabe en el siglo IX con el nombre de Al-majisti (El más grande) y en el siglo XII al latín: Almagestum. El título original nos sugiere que Ptolomeo estaba embarcado en un ejercicio matemático práctico sin demasiadas pretensiones que especular sobre la verdadera estructura física del universo.

Las inconsistencias entre el modelo matemático de Ptolomeo y la física de Aristóteles fueron el objeto de repetidas críticas por parte de los astrónomos árabes como Alhacén († ca. 1040), las cuales no fueron corregidas hasta el triunfo del modelo copernicano siglos más tarde. Le sugerimos leer: La herencia árabe en la cosmología occidental (El teatro de la historia)Ptolomeo también fue autor de tratados sobre óptica, astrología y música, todos con la eficiente combinación de datos empíricos y teoría matemática, pero en esta oportunidad nos ocupamos del impacto de su obra sobre la cartografía occidental.

Con las mismas herramientas de la geometría básica con que se representó la esfera celeste, la Geografía de Ptolomeo estableció las reglas de una pintura de la tierra en la cual quiso dejar clara la diferencia entre la descripción del mundo en su totalidad (Geografía) y la de lugares particulares (Chorografía). Si bien su obra incluyó numerosas descripciones de regiones específicas, nos referimos hoy a su representación de la ecúmene, la totalidad del mundo habitado sobre la esfera terrestre.

La extensa obra consta de tres partes: en la primera presentó una guía matemática para hacer mapas de la tierra, asimismo de una serie de definiciones que, podríamos afirmar, resumen las reglas básicas de la geografía moderna con una indisoluble relación entre astronomía y geografía. Si bien el mapa más preciso de la Tierra debería hacerse sobre una esfera, la manufactura de globos terráqueos supone desafíos técnicos mayores y los mapas sobre superficies planas ofrecen ventajas prácticas.

Para evitar o aminorar las distorsiones de esta abstracción tan radical, Ptolomeo propuso lo que ahora se conoce como proyección cónica: una imagen plana de una superficie esférica. En una segunda parte de su Geografía se catalogaron aproximadamente 8000 lugares con sus respectivas coordenadas de longitud y latitud; y en una tercera sección Ptolomeo incluyó veintisiete mapas de las distintas regiones del mundo hasta entonces conocidos.

Si bien no conocemos los mapas originales de Ptolomeo, en el temprano Renacimiento se difundieron múltiples reconstrucciones que respetaron una tradición cartográfica de 1500 años de antigüedad. El primero de los mapas, que aquí reproducimos en una versión de 1482, nos muestra una porción del globo con sus tres grandes partes y sus nombres de Europa, Africa y Asia resaltados en rojo.

Son evidentes las coordenadas de latitud y longitud con sus respectivas referencias numéricas y con detalle se señalan los grandes ríos y cadenas montañosas. El mapa, en particular la zona europea, está atiborrado de nombres en latín de ciudades, ríos y accidentes geográficos.

El exterior está decorado a la manera de los mapas medievales con los tradicionales ángeles sopladores que solían indicar vientos o puntos cardinales. Ningún otro autor, antes o mucho después de Ptolomeo, ofreció un tratado tan completo sobre la Tierra, con descripciones topográficas de la latitud y la longitud de miles de lugares de Europa, Asia y África.

En parte, esto fue posible gracias a que los ejércitos de Alejandro recopilaron información geográfica en un volumen y detalle sin precedentes y a la labor de acopio de conocimientos en la biblioteca de Alejandría. Su Geografía, al igual que su tratado astronómico, el Almagesto, se construyeron sobre un robusto banco de datos que solo era posible recopilar en un poderoso centro como lo fue Alejandría.

Los escritos de Ptolomeo fueron estudiados a profundidad por parte de astrónomos árabes y gracias a las traducciones latinas tuvieron amplia difusión en el mundo cristiano del siglo XV cuando circularon varias versiones impresas. En 1406 apareció la primera versión de la Geografía, traducida al latín por Jacobus Angelus (1360-1411).

Aunque criticada por inexactitudes de traducción, esta versión en latín facilitó su difusión en Europa con posteriores reproducciones bellamente ilustradas del siglo XV. La primera edición impresa con mapas se publicó en Bolonia en 1477, con veintiséis mapas grabados en cobre.

De amplia circulación en los siglos XV y XVI, la cartografía ptolemaica fue el referente de mayor autoridad científica hasta el descubrimiento europeo del Nuevo Mundo en el siglo XVI. Le sugerimos leer: Quien no ha visto Sevilla no ha visto MaravillaLos mapas que acompañaron las distintas ediciones de la Geografía de Ptolomeo constituyeron el prototipo de la cartografía en Europa occidental, cuyas reglas básicas de la representación geográfica fueron difundidas y perfeccionadas en el temprano Renacimiento.

Aún hoy nos parecen obvios y naturales los supuestos básicos de su cartografía: la concepción del espacio como un lugar geométrico haciendo uso de coordenadas como meridianos y paralelos, presentar la esfera terrestre en un plano, la orientación de los mapas con el norte en la parte superior y el oriente a la derecha, el uso de toponimia en latín y la natural centralidad de Europa occidental.Tanto Cristobal Colón como Américo Vespucio hicieron uso de la cartografía ptolemaica como apoyo para sus viajes. En la traducción que Fray Bartolomé de las Casas elaboró de los diarios de Cristóbal Colón mencionó que el almirante revisó una edición de Ptolomeo de 1478.

La confianza del almirante de poder llegar a oriente navegando en dirección occidental muy seguramente se reafirmó en este tipo de mapas en los cuales se representa un globo con masas de tierra enormes y océanos de un tamaño menor al real. Sus dos grandes obras perduraron durante siglos como las representaciones más exactas y confiables tanto de la Tierra como del Cosmos.

Sólo con los grandes viajes de exploración del siglo XVI y con el triunfo de las ideas de Copérnico en el siglo XVII, vamos a encontrar pinturas del cielo y de la tierra que sustituyeron los modelos del astrónomo griego que vivió en Egipto a inicios de la era cristiana.