Hace menos de un mes, Fatih Birol, titular de la Agencia Internacional de Energía (AIE), advirtió ante una audiencia en Londres que el mundo estaba atravesando la mayor crisis energética de la historia. Si las condiciones no mejoraban, expresó, los precios del petróleo podrían entrar en “zona roja” durante el verano boreal.Pero mientras hablaba, el mercado ya había llegado a una conclusión distinta.Luego de tocar los u$s 112 el barril poco antes de la aparición de Birol, el petróleo Brent, de referencia, inició un retroceso sostenido.

Había caído una quinta parte antes de que EE.UU. e Irán anunciaran un acuerdo preliminar el domingo pasado. Desde entonces, cayó otro 10%.Para el miércoles, el relato había cambiado por completo.

Después de meses en los que traders, ejecutivos y políticos temían que la industria petrolera se dirigiera hacia una escasez aguda durante el verano boreal, la atención se desplazó hacia la oleada de crudo que podría liberarse si la paz en el Golfo se mantiene.El Brent cotizaba a u$s 80, un nivel que no se veía desde los primeros días de la guerra. Incluso en el punto más álgido de la crisis, los precios llegaron a un techo de u$s 126, muy por debajo de los pronósticos de u$s 200 que llegaron a mencionar varios analistas de Wall Street.“Hacer pronósticos siempre es difícil, pero hacerlos sobre el mercado petrolero en particular es sumamente desafiante”, expresó Amrita Sen, fundadora de la consultora Energy Aspects. “Cuando la mayor disrupción de la oferta petrolera de la historia termina derivando en un petróleo a apenas u$s 100, hay que preguntarse: ¿el mercado, nosotros incluidos, nos equivocamos por completo?”Para Robin Brooks, senior fellow de la Brookings Institution, los pronósticos petroleros exagerados durante el conflicto con Irán recordaron a las advertencias que se hicieron luego de la invasión rusa a gran escala de Ucrania en 2022.“Este es el segundo episodio en el que tuvimos pronósticos apocalípticos sobre el precio del petróleo” que no se cumplieron, aseveró.

La lección para los gobiernos occidentales, remarcó, es que el mercado petrolero es más resistente de lo que muchos suponen y que hay más margen para enfrentar a actores hostiles sin desatar consecuencias económicas severas.“Ojalá Europa aplicara con más firmeza el cerco a la flota fantasma [rusa] en el Báltico, porque la preocupación por los precios del petróleo no está tan justificada como dicen algunos”, indicó Brooks.En los últimos tres meses, ejecutivos y traders de la industria petrolera advirtieron en reiteradas ocasiones que los precios del crudo estaban demasiado bajos y no reflejaban el estrés extremo que veían en el sistema energético global. Pero Brooks remarcó que la industria subestimó la velocidad con la que caería la demanda.“Los ejecutivos, sobre todo en el último mes, insistieron mucho en que los precios subirían por la reducción de los inventarios”, expresó, en referencia a la liberación de grandes volúmenes de petróleo de las reservas globales. “Ven lo que tienen justo enfrente, pero no creo que tengan una perspectiva macro.”Lo que faltaba, agregó, era reconocer cuánto habían subido ya los precios.

A u$s 126 el barril, el Brent estaba un 75 por ciento por encima de su nivel previo al estallido del conflicto. “Fue una suba grande” que reflejó un shock grande en la oferta, expresó.Aldo Spanjer, jefe de estrategia de commodities en BNP Paribas Markets 360, había modelado un escenario de peor caso en el que el petróleo llegaría a u$s 200 el barril si el conflicto se prolongaba durante todo el año. Expresó que el acuerdo del domingo fue “más serio que cualquier otra cosa que vimos en los últimos meses” y que adelantó la posibilidad de que se reanudaran las exportaciones de energía desde el Golfo antes de que la reducción de las reservas globales se volviera crítica.Pero Spanjer indicó que la crisis también dejó en evidencia un rasgo estructural del mercado petrolero: pone precio al presente, no al futuro.

Mientras la industria energética se concentraba en la escasez de oferta que se avecinaba, los traders se enfocaban en una pregunta más simple: si había crudo disponible en el corto plazo. “El mercado no está poniendo precio a los balances futuros”, aseveró.El plan de paz todavía no aumentó la oferta de petróleo de Medio Oriente y las negociaciones podrían fracasar. Donald Trump advirtió el miércoles que, si no le gustaba el acuerdo final, EE.UU. retomaría su campaña de bombardeos y que, sin el acuerdo, al mundo se le acabarían las reservas de petróleo “en unas cuatro semanas”.Aun así, los traders miran más allá de la disrupción inmediata.

En el corto plazo, esperan una sobreoferta a medida que los petroleros varados dentro del Golfo comiencen a salir por el estrecho de Ormuz, la angosta vía de exportación que había quedado cerrada por los combates. En el largo plazo, apuestan a que la demanda se recupere más lentamente que la oferta.Kpler, un proveedor de datos sobre commodities, calcula que más de 90 millones de barriles de crudo no iraní y otros 70 millones de barriles de crudo iraní están a la espera de salir de la región.

La AIE expresó el miércoles que, si la paz se sostiene, espera un “excedente significativo” de crudo en 2027 a medida que los países aumenten la producción. Esa mirada contrasta con la de la Opep, que prevé una demanda más fuerte el año próximo.Tamas Varga, analista de la correduría petrolera PVM, expresó que el mercado quizás ya esté incorporando en los precios la sobreoferta del año próximo, aunque advirtió que la caída luce “exagerada”.“El sentimiento es algo poderoso”, expresó. “Si el mercado quiere ser bajista, va a buscar señales bajistas.

Pero no creo que este sentimiento dure. Espero precios más firmes en los próximos meses y quizás también en los próximos trimestres.”