Andrea Mejía, escritora colombiana: "Entre Rulfo y García Márquez se puede lograr una especie de equlibrio"

Un valle en el ficticio río Nauyaca, en el corazón de los Andes colombianos es el escenario que ve la desaparición de Jeremías, el hombre que guarda en secreto el aguardiente de bejuco que les da algo de vida a los habitantes de la región. que sufren con la sed. Es la trama de la novela La sed se va con el río (Alfaguara), de la escritora colombiana Andrea Mejía (48), una de las nuevas voces literarias de su país.
Bogotana de origen, escritora, doctora en Filosofía, columnista, Mejía ha publicado los libros de cuentos La naturaleza seguía propagándose en la oscuridad (2018) y Quietud (2022), y las novelas La carretera será un final terrible (2020), Antes de que el mar cierre los caminos (2022). Amén de una prosa con arrestos de poesía, con La sed se va con el río su nombre ha dado que hablar, puesto que en 2025 fue finalista del célebre Premio Rómulo Gallegos, el mismo que Roberto Bolaño obtuvo en 1999 por Los detectives salvajes.“Lo primero que me llegó fue una imagen, la imagen de un hombre perseguido por otros dos a través de los cañones de un río.
Esta imagen se me apareció con tanta fuerza y claridad, que busqué un lugar en Colombia parecido, y lo encontré, estuve recorriendo a pie los cañones de dos ríos hermosísimos, quedándome a dormir en las casas de los campesinos, escuchando sus historias en las noches, observando y sintiendo, y claro, tomando apuntes. Luego la escritura y la imaginación hicieron lo suyo”.-¿Qué fue lo más difícil del proceso?Cada vez disfruto más al escribir, o al menos eso intento.
Esta novela en particular fue un placer escribirla. Quizá lo más difícil a veces es tener paciencia y confianza mientras se trabaja todo lo que sea necesario, hasta que sientas que una novela está lista. - La novela se ambienta en las veredas del río Nauyaca, un lugar remoto donde la naturaleza parece imponerse.
¿Cómo construiste este territorio imaginario? ¿Se inspira en lugares reales de Colombia (cañones, selva, páramo)?Me inspiré en buena parte en un territorio real que estuve caminando en las montañas colombianas.
Pero asimismo, al escribir, ese espacio que se me iba apareciendo se fue llenando con la vida del páramo cerca al que vivo, la vida de la selva que amo y de otros ríos. Algo clave para darle vida a ese territorio imaginario, como tú bien lo llamas, fueron los nombres, darle nombres a los lugares, como el río Nauyaca, o Sanangó, el pueblo, o el páramo de Isvara, o el Alto del Nudo.
Todos esos nombre son inventados y fueron una forma de apropiarme de esa geografía. También al describirlos y al dejar que los personajes los recorran, los sitios imaginados van cobrando vida. - La obra ha sido descrita como un “gótico andino” o con ecos rulfianos.
¿Cómo dialoga esta novela con tradiciones literarias latinoamericanas como las de Rulfo, García Márquez u otras?Rulfo siempre ha sido un maestro para mí. En mi biblioteca tengo a Pedro Páramo junto al Corán.
Y García Márquez fue muy, muy importante al escribir La sed se va con el río. Fue un aprendizaje que no me esperaba y que me sorprendió a mí misma, porque en muchos aspectos, la escritura de García Márquez, en Cien años de soledad, es opuesta a la de Rulfo.
Me parece que entre los dos se puede lograr una especie de equilibrio. Lo de gótico andino, pues no sé.
Me suena muy bonito, sobre todo por el cariño inmenso que le tengo al mundo andino. - Hay momentos donde pareciera que los personajes escuchan o interpretan señales del entorno. ¿Te interesa pensar la naturaleza como una forma de conciencia?Me interesa muchísimo.
De hecho es de las cosas que más me interesa en este momento de mi vida. Intentar salir de la prisión de una conciencia limitada por el ego, para recibir la amplitud de la visión de la conciencia desinteresada que vive en la naturaleza y que ella puede comunicarnos si sabemos escucharla y sentirla. - La desaparición de Jeremías atraviesa toda la novela.
¿Te interesaba trabajar la ausencia más que la presencia del personaje?- ¿Sabes que no lo había pensado así? Pero es muy cierto en el caso de Jeremías.
Su presencia es poderosa y ambigua. Él es quien ofrece el milagroso aguardiente de bejuco a los habitantes del pueblo, no es bueno ni malo, sino que solo calla y se ríe.
Pero su ausencia deja un vacío aún más sugestivo que su presencia, y ese vacío, o mejor, esa forma tan extraña de presencia que es la ausencia, deja una huella en el pueblo y en especial en su nieta Lidia. Eso pone a andar la historia.- El río, la humedad, el páramo (Isvara) y la vegetación son casi personajes.
¿Cómo funciona el agua como metáfora (flujo de la vida, sed, continuidad entre vivos y muertos)? El agua es uno de los elementos esenciales de la naturaleza, y junto con la luz o el fuego, el aire y la tierra, nos da la vida.
Pero asimismo, el río tiene ese tremendo poder metafórico que tú dices. El río como imagen de esta realidad que es un flujo continuo que no cesa y que no puede retenerse, pero que es una sola, como un río que también es una unidad viva.
Y pensando en esa continuidad entre los vivos y los muertos que mencionas, recuerdo el mito antiguo de las almas que al morir se lavaban en las aguas del río del olvido para volver a la vida. Es bello, ¿no?- ¿Qué ha significado para ti que la novela fuera finalista del Premio Rómulo Gallegos 2025 y esté recibiendo una recepción tan positiva?Me siento agradecida.
Tranquila y muy agradecida. - En otro plano, ¿cómo ves a la actual literatura latinoamericana?No podría decírtelo. No siento que yo tenga una visión muy amplia y tampoco una visión detallada para poder responder algo medianamente interesante.
Lo que te diga es mentira. Pero sé que hay escritoras latinoamericanas que están haciendo un trabajo creativo y generoso, como Mónica Ojeda y Mariana Enríquez.- ¿Cómo ves a tu país en la actualidad con el gobierno de Gustavo Petro y las elecciones presidenciales?Justo ahora que respondo a tus preguntas, estamos aquí atravesando un momento político muy incierto.
Estamos cerca a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales para que la gente escoja entre un gobierno de ultra derecha, por un lado, y la continuidad de un proyecto político importante que en cuatro años ha traído cambios tangibles en la protección de la naturaleza y en la vida de la gente. No creo que lo importante sea Petro, que puede ser tan arrogante a veces, como lo son tantos políticos.
Lo importante es el proyecto que remarcó su gobierno y que ahora se ve amenazado por la posible llegada al poder de Abelardo de la Espriella, que no es más que un vulgar canal a través del cual pasa el odio, la confusión total y la violencia más cruda.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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