Rosalía ha demostrado una vez más que ella no necesita un escenario, una alfombra roja ni los focos de una gran campaña para atraer todas las miradas, sino que le basta con salir pasear por Nueva York para convertir las calles de Manhattan en una extensión natural de su universo estético.La cantante catalana volvió a demostrar que su influencia en la moda trasciende los límites del espectáculo con un estilismo tan inesperado como coherente con la narrativa visual que está construyendo alrededor de su gira Lux Tour.La artista fue fotografiada luciendo un llamativo vestido que fusiona dos de las tendencias que mejor definen su actual etapa creativa: el efecto 'segunda piel' y la estética inspirada en el ballet. Una bailarina modernaEl polémico vestido se compone de un diseño ajustado al cuerpo y de apariencia casi escultórica, que se completa con un tutú de tul que evocaba el imaginario de las bailarinas clásicas, una referencia que lleva meses formando parte tanto de su vestuario escénico como de sus apariciones públicas.Lejos de tratarse de una elección aislada, este look es la versión más gamberra del lenguaje visual que Rosalía ha desarrollado en torno a Lux, una gira concebida como una experiencia artística total en la que conviven la música, la danza, la moda y la performance.

Desde el arranque del tour en Lyon, la cantante ha incorporado elementos propios del ballet clásico, desde tutús y siluetas estructuradas hasta coreografías inspiradas en esta disciplina, reinterpretadas siempre desde una perspectiva contemporánea.Un balletcore muy personalLa influencia del balletcore -la tendencia que recupera códigos estéticos del mundo de la danza- ha conquistado las pasarelas internacionales en las últimas temporadas, aunque Rosalía ha conseguido apropiarse de ella y llevarla a su terreno, mezclándola con referencias urbanas, una actitud transgresora y una teatralidad que ya se ha convertido en una de sus señas de identidad. Su última aparición en Nueva York es una nueva prueba de ello: una demostración de cómo una prenda aparentemente asociada al escenario puede trasladarse a la vida cotidiana y convertirse en una declaración de estilo.Con cada salida pública, la catalana confirma que ya no solo marca el ritmo de la música pop global, sino que también dicta tendencias.

Y si algo ha quedado claro durante esta nueva etapa es que, para ella, cualquier calle puede convertirse en una pasarela.