En un torneo lleno de goles, emociones y figuras internacionales, un personaje muy especial se robó los reflectores y el corazón de miles de aficionados: el pato Merlín.Se trata de un pato pekinés de apenas dos años de edad, originario de la Ciudad de México, que pasó de ser una mascota querida a convertirse en todo un fenómeno viral durante la Copa del Mundo. ​Con su carisma, sus peculiares apariciones entre la afición y su inseparable vínculo con los seguidores del Tricolor, Merlín se ganó el título de mascota no oficial de la Selección Mexicana.Su historia ha dado la vuelta al mundo. Fotografías, videos y publicaciones en redes sociales mostraron al simpático pato acompañando a los aficionados mexicanos en medio de cánticos, porras y celebraciones, convirtiéndose en un símbolo de alegría, unidad y pasión futbolera.Pero ni siquiera sus dueños imaginaron el impacto que tendría aquella primera aparición.

Karla Gómez recuerda que todo inició como un día cualquiera de trabajo entre la multitud de aficionados.“Ese día nos fuimos a vender, la verdad pensamos que habíamos pasado desapercibidos porque había mucho aficionado. En ningún momento pensamos que nos estaban filmando.

"Nosotros nos dimos cuenta cuando llegamos al negocio en la noche, abrí mi Facebook y vi el video. Dije: ‘Ahí estuvimos’, pero no había visto la magnitud que alcanzó ese video hasta el segundo o tercer día, cuando empezamos a ver las vistas y demás y dije: ‘Creo que se volvió a hacer viral’”, relató Karla.Durante este Mundial, sus camisetas de la Selección Mexicana y sus tenis especiales cautivaron a millones de usuarios en internet.

La fama de Merlín pronto cruzó fronteras“España, Brasil, Colombia, Chile… ha habido una situación tan fuerte, no nos la esperábamos la verdad. Entonces Merlín ya es conocido mundialmente y yo en verdad no me la creo”, afirmó Karla.Mientras que su presencia en los festejos realizados en el Ángel de la Independencia arrancó sonrisas a niños y adultos, también despertó la curiosidad de visitantes extranjeros que no podían creer que un pato mexicano estuviera acaparando tantas miradas.Detrás del fenómeno viral existe asimismo una historia de cariño y compañerismo.

Karla asegura que Merlín y Christian, uno de sus dueños, han desarrollado una conexión muy especial.“Sí, los dos son uno solo, se complementan tanto que de verdad tienen una personalidad tan parecida. Yo siempre digo: no tengo un hijo, tengo dos, precisamente por eso, porque los dos son tan iguales.

Es impresionante”, comentó entre risas. Y es que para Christian, Merlín forma parte de su familia.“Es como mi hijo, y tenerlo está bien porque es muy amoroso conmigo.

Si se muere, pues yo también… es como un hijo para mí, lo amo mucho”, confesó.Aunque también reconoce que la estrella mundialista tiene su lado travieso.“Hace travesuras, rompe el papel, rompe las plantillas de la chancla”, cuenta entre sonrisas.Hoy, el pato Merlín es mucho más que una mascota. Es un ejemplo de cómo los momentos más sencillos pueden convertirse en recuerdos inolvidables y de cómo la afición mexicana siempre encuentra formas únicas de hacerse notar en los escenarios más importantes del mundo.

HCM