Más rápido, ¿y peor?

Paradoja: el país que procesa en línea su declaración de impuestos gestiona su sistema hospitalario con listas de espera y derivaciones en papel, agendas que no conversan entre sí e historias clínicas en silos. No es un problema de voluntad ni de inteligencia: es de arquitectura, incentivos y de prioridad política.La tecnología y la inteligencia artificial ofrecen una oportunidad.
Los casos de uso maduro no son ciencia ficción: algoritmos que priorizan listas de espera quirúrgica según riesgo en lugar de fecha de inscripción; sistemas de diagnóstico que reducen el tiempo entre la sospecha y la confirmación de patologías oncológicas en atención primaria; telemedicina que permite resolver una interconsulta en Chiloé sin que el paciente viaje doce horas; modelos predictivos que anticipan los peaks de demanda estacional y así redistribuir recursos antes del colapso. Ninguna de estas herramientas requiere esperar a la IA general: existen hoy, están documentadas.
La agenda del Ministerio de Salud lo tiene muy presente.El potencial es especialmente alto en la atención primaria, donde el sistema se juega su eficiencia. Un médico que atiende 45 pacientes al día con acceso a un asistente clínico digital que sintetiza la ficha, alerta sobre interacciones medicamentosas e identifica factores de riesgo no explicitados, no es ciencia ficción ni privatización: es una herramienta de equidad.
La IA no reemplaza al médico; le devuelve tiempo para lo que ningún algoritmo puede hacer: escuchar.Pero, los riesgos son proporcionales a la oportunidad. Primero, la brecha digital: implementar soluciones tecnológicas en un sistema que atiende mayoritariamente a mayores, personas en situación de pobreza y comunidades rurales, sin una estrategia de acompañamiento, no reduce desigualdades, las profundiza.
Segundo, la fragmentación: Chile tiene una historia de proyectos tecnológicos en salud que no conversan entre sí —fichas clínicas electrónicas no interoperables entre hospitales del mismo servicio, aplicaciones desarrolladas por cada municipio sin estándar común. Más tecnología sin arquitectura integrada solo multiplica las islas.
Tercero, la ilusión de eficiencia. Digitalizar un proceso ineficiente lo hace más rápido ¿y peor?
Si hay falta de horas médicas en especialidades, ningún algoritmo de agendamiento lo resuelve. Si el problema es que los incentivos no premian la resolución en atención primaria, la telemedicina no cambia nada.
La tecnología amplifica lo que el sistema ya tiene, para bien y para mal.La oportunidad está en la decisión de usar la IA con una lógica de sistema: datos clínicos interoperables como infraestructura pública, no como activo privado de cada proveedor; con estándares de implementación que aseguren acceso equitativo; y evaluación de impacto rigurosa que distinga los proyectos que mejoran resultados de los que mejoran presentaciones en PowerPoint.El sistema de salud pública tiene en la tecnología y la IA su mayor oportunidad de reforma en décadas. También el mayor riesgo de hacer lo mismo de siempre, pero con pantallas.Por Jaime Mañalich, Exministro y Clapes UC
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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