¿Por qué tantos proyectos para mujeres rurales fracasan antes de empezar?

Últimamente, hablar de emprendimiento femenino rural se ha convertido en una constante dentro de los programas de cooperación internacional y proyectos de desarrollo territorial; pero nada o poco se menciona en políticas públicas. Se multiplican las capacitaciones, los fondos concursables, los capitales semilla y los talleres de empoderamiento económico, casi siempre bajo la promesa de mejorar la autonomía financiera de las mujeres.
No obstante, una pregunta incómoda sigue vigente: ¿realmente se entiende qué necesitan las mujeres antes de diseñar las intervenciones?Me tomé el tiempo de diseñar un cuestionario para desarrollar una entrevista semiestructurada a diferentes actores del ecosistema emprendedor rural del país, como instituciones, organismos internacionales, organizaciones de base y mujeres rurales, y puedo ratificar con los resultados obtenidos que, con frecuencia, los proyectos llegan con respuestas antes de formular correctamente las preguntas. En algunos casos, se asume que toda mujer rural necesita emprender, que todo emprendimiento necesita financiamiento y que toda capacitación genera desarrollo.
Ah, y asimismo, que la mujer rural es el empuje para el desarrollo socioeconómico de sus territorios. Esta lógica ha provocado una repetición de esfuerzos que, aunque bien intencionados, muchas veces terminan fortaleciendo la frustración más que la sostenibilidad.Las personas entrevistadas coinciden en afirmar que, en la mayoría de los casos, el alcance de los proyectos no llega hasta diseñar las herramientas de diagnóstico, menos aún de seguimiento y control.Por ahora, centrémonos en el diagnóstico.
Este no debe limitarse a un formulario inicial ni a una etapa administrativa para justificar presupuestos, ya que es el punto de partida que permite comprender la realidad productiva, social, familiar, ambiental y territorial de las mujeres rurales. Cuando una intervención en el marco del emprendimiento empieza con un proceso de diagnóstico serio, se puede diferenciar el modelo de actividad comercial que tenemos enfrente, ya sea autoempleo, actividad de subsistencia, pequeña empresa consolidable o emprendimiento con potencial de escalamiento.
Esa distinción cambia completamente la estrategia, porque no todas las emprendedoras necesitan el mismo acompañamiento, ni el mismo financiamiento, ni el mismo tipo de formación.Asimismo, diagnosticar también implica escuchar. Y escuchar en territorio exige separar la mirada de la persona ejecutiva o técnica que proyecta desde el escritorio y el deseo paternalista que muchas veces acompaña los proyectos sociales.
Asimismo, implica observar, analizar y comprender el contexto real antes de proponer acciones.Las mujeres rurales no son sujetos pasivos: son protagonistas económicas con conocimiento y saberes profundos de sus contextos, sus riesgos y sus posibilidades. El verdadero diseño estratégico comienza cuando se reconoce esa experiencia como insumo técnico y no solo testimonial, lo que permite construir decisiones más responsables, sostenibles y ajustadas a las verdaderas necesidades de las mujeres y los territorios.
De hecho, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) cuenta con una herramienta de diagnóstico muy completa, a la cual podríamos, en el ecosistema emprendedor, sacarle mayor provecho. En mi constante análisis del ecosistema emprendedor rural en Costa Rica –que no dista de la realidad de América Latina– veo que seguimos enfrentando una contraposición preocupante entre la velocidad y el afán en que se deben ejecutar los fondos y la profundidad del diseño de los programas o proyectos.
Me parece que estamos siendo estrujados: la cooperación quiere resultados rápidos, las instituciones necesitan indicadores visibles, los proyectos compiten por presupuestos anuales y no hay espacio para diagnósticos. Pero el desarrollo sostenible no responde a la lógica de la prisa y es aquí precisamente donde encuentro la necesidad de llenar ese nicho.
Urge hacer cambios estructurales o, de lo contrario, seguiremos en modo neutro y viendo estadísticas sobre el fracaso del emprendedor rural. Tal vez el verdadero apoyo no empieza cuando se entrega un capital semilla, sino cuando alguien se toma el tiempo de preguntar, sin prisa, qué es lo que realmente necesita ser fortalecido.
Desde mi punto de vista, esa diferencia no es técnica. Es profundamente ética.lilianamejiabotero@gmail.comLiliana Mejía Botero es consultora en programas y modelos de negocios para emprendimientos y pequeñas empresas.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.