“Barcos del mundo, arranquen motores. ¡Que fluya el petróleo!”.

Así anunció el presidente Donald Trump que Estados Unidos ha llegado a un acuerdo con Irán que, en principio, pondría fin a la guerra entre los dos países. Agregó que el acuerdo “traerá paz y seguridad a toda la región.

Muchos presidentes han intentado alcanzar la paz con Irán, y todos han fracasado antes que yo”.El anuncio es una buena noticia porque es una alternativa largamente superior a la de regresar al conflicto bélico. A la misma vez, no se logró nada que justificara la guerra.

Aún no tenemos los detalles del acuerdo, pero, en aspectos importantes, la situación hoy es peor que antes de la guerra desde la perspectiva de Estados Unidos, pues al aparentemente no lograr objetivos claves terminó fortaleciendo la posición estratégica del régimen iraní.Cuando Estados Unidos e Israel iniciaron los ataques a Irán a fines de febrero, Trump anunció que eliminaría los planes nucleares iraníes, quitándoles el material que lo haría posible. Asimismo, prometió derrocar el régimen, destruir sus capacidades militares y apoyar al oprimido pueblo iraní.La guerra golpeó duro a la economía y el poderío militar iraníes.

Mató también a líderes importantes como el líder supremo Alí Jamenei. Pero no derrocó el régimen, cuya resiliencia ha sido tal que, lejos de rendirse incondicionalmente como había demandado Trump a inicios de la guerra, ha tenido que negociar con este.De hecho, la guerra reforzó a la facción de línea dura en el poder, que había venido cediendo cada vez más a la facción moderada anteriormente, y que, a su vez, reprimió brutalmente al pueblo iraní que se levantó ante el llamado de Trump.

Miles de iraníes murieron en esa represión. La guerra también resolvió el problema de sucesión para la facción dura del régimen al nombrar al hijo del ayatola asesinado, Mojtaba Jamenei, como el nuevo líder supremo.

Muchos expertos concuerdan con la observación del periodista iraní Akbar Ganji que, “si el proceso de sucesión se hubiera desarrollado en circunstancias normales, es probable que la elección de Mojtaba hubiera provocado protestas generalizadas”.La guerra tampoco pudo eliminar la mayoría de los misiles balísticos iraníes: el país mantiene miles de estos misiles, los cuales representan el 70% de los que tuvo antes de la guerra, muchos de ellos en instalaciones subterráneas. Su capacidad de producir y lanzar esos misiles, así como drones es lo que le ha permitido a Irán bombardear a países aliados de Estados Unidos en el golfo Pérsico.Esa capacidad ha erosionado la confianza que los países del golfo tenían con Estados Unidos, pues no fueron consultados acerca de la guerra ni tampoco protegidos por EE.UU. ante las represalias.

La capacidad iraní de usar drones, minas marinas y botes rápidos también hizo que Irán pudiera cerrar el estrecho de Ormuz, algo que hasta entonces nunca se había hecho y que Trump aparentemente no consideró que Irán pudiera hacer.Pero el impacto económico global ha sido enorme, elevando precios del petróleo, fertilizantes y otros productos. Los economistas estiman el costo total de la guerra entre los cientos de miles de dólares a millones de millones de dólares.No es muy exagerado decir que Irán ha forzado a Estados Unidos a negociar la paz bajo sus términos.

La apertura del estrecho que Trump ha anunciado con bombos y platillos nada más resuelve un problema que Trump mismo creó. Desde ahora, no obstante, se sabe que Irán tiene ventajas estratégicas que antes se desconocían y que están dispuestos a implementar.¿Y qué pasó con el programa nuclear?

Ese detalle se negociará dentro de 60 días. Pero se sabe que Irán ahora tiene 440 kilos de uranio altamente enriquecido comparado a cero bajo el acuerdo nuclear que negoció Obama y que Trump canceló.*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones.

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