Diálogo o repartija

Gane quien gane, el próximo gobierno nacerá con una legitimidad frágil y un país partido casi en dos. Por eso será fundamental convocar a un diálogo que gobierne.
El Perú no necesita fotos ni acuerdos que conviertan ministerios o entidades en feudos a cambio de calma temporal.Un diálogo poselectoral serio requiere conducción política al más alto nivel, participación directa del Despacho Presidencial y consecuencias verificables. Método, agenda, secretaría técnica, mesas temáticas, expertos, representantes de bancadas, gobiernos regionales y cooperación cuando corresponda.
Debe incluir al ganador, al perdedor que representará a casi la otra mitad del país, a las principales fuerzas congresales y a actores técnicos, sociales e institucionales capaces de sostener acuerdos.La agenda tampoco puede ser infinita. Debe centrarse en prioridades nacionales concretas como inseguridad, reactivación económica, servicios públicos, gobernabilidad territorial y lucha contra la corrupción.
La reconstrucción de confianza debe ser transversal. El objetivo no debe ser legitimar al ganador con palmadas en el hombro, sino construir condiciones mínimas para gobernar.No todo diálogo sirve.
Hay reuniones reservadas que terminan en reparto de cuotas. Hay encuentros públicos que solo producen titulares.
También existen espacios que, con método, ordenan prioridades y dan sostenibilidad política a la gestión. Charles Lindblom recordaba que gobernar no es solo mandar, sino coordinar, construir legitimidad y avanzar con decisiones posibles.El Acuerdo Nacional, que nació para orientar políticas de Estado, necesita actualizarse o incluso refundarse como parte de un nuevo pacto social luego de una década de turbulencia política.
No basta tener políticas de Estado en papel si no tienen prioridad política, presupuesto, seguimiento efectivo ni rendición de cuentas real. Los acuerdos políticos solo sirven si el Estado puede traducirlos en presupuesto, normas, servicios y decisiones.
La burocracia no puede ser botín, feudo ni trinchera. Debe ser capacidad estatal al servicio del país.La ciudadanía tampoco puede quedarse solo en la reacción, la marcha o la consigna.
Deberá exigir compromisos, vigilar nombramientos y controlar resultados con mayor madurez democrática.Un país partido en dos no necesita solo un pacto entre élites. Necesita un nuevo pacto social con método, prioridades, presupuesto, control ciudadano y una promesa de porvenir.
Basadre nos recordó que el Perú es problema y posibilidad. Hoy toca gobernar esa posibilidad y devolver a las nuevas generaciones la confianza de que el Perú aún puede ser un proyecto común, viable y justo.*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones.
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Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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