Según cuenta el autor uruguayo Eduardo Galeano, cuando empezaba la Copa del Mundo de Fútbol, colocaba un cartel en su habitación que rezaba “Cerrado por fútbol” y que no lo quitaba hasta que finalizaba el campeonato o la selección uruguaya quedaba eliminada. Resulta hasta cierto punto extraño que para el autor del celebérrimo libro “Las venas abiertas de América Latina” el fútbol operara un apartamiento frente al mundo y todas sus vicisitudes económicas, políticas y sociales, pues de alguna manera, daba razón al diagnóstico de las corrientes izquierdistas respecto del papel del deporte —y, especialmente, del fútbol— como superestructura que tapaba o incluso justificaba las injusticias producidas por el capitalismo.

El fútbol sería, entonces, un cómplice involuntario, pero colaborador a fin de cuentas, de los excesos del capitalismo sobre la clase trabajadora, pues le impediría tomar conciencia de todas las injusticias que recaían sobre ella.Seguir leyendo