Tanto Abelardo De la Espriella como Iván Cepeda han sacado provecho de la inteligencia artificial para potenciar sus campañas. Hay una nueva era política y eso implica pensar en cómo sortear los desafíos que trae.

Imagen de referencia.Eder RodríguezNo hace falta bajar mucho en los perfiles de los candidatos a la segunda vuelta presidencial para encontrar una publicación hecha con inteligencia artificial (IA). Es evidente que en el caso de Abelardo De la Espriella tiende a ser mucho más frecuente, pues la gran mayoría de sus fotos tienen indicios de estar intervenidas con esta tecnología, asimismo de los videos en los que aparece paseándose por las calles de Colombia acompañado de (o convertido en) un tigre.

Pero Iván Cepeda tampoco ha logrado escapar de ese círculo. Con las manos haciendo el típico corazón de las kpopers y convertido en un títere se le puede ver en una publicación compartida con el Centro de Pensamiento Vida, hecha el pasado 11 de junio.

El fenómeno crece exponencialmente cuando se trata de sus seguidores. Desde el inicio de esta contienda presidencial se han visto cientos de publicaciones hechas con IA.

Los candidatos se vuelven superhéroes, animales, monstruos, demonios o simplemente versiones de ellos mismos con la piel un poco más tersa. Incluso, en el peor de los casos, se ha usado esta tecnología para esparcir noticias falsas, como en un video en el que parecía que Iván Cepeda estaba lanzando amenazas contra el pueblo santandereano u otro en el que “Bad Bunny” cantaba una canción expresándole su apoyo.

El mismo fenómeno se ha documentado con De la Espriella.Le puede interesar: “El imperio de la IA”, el libro que expone a los poderes que se pelean por esta industriaSea cual sea el caso, podemos partir de la base de que la inteligencia artificial, como sucedió con la televisión, la radio y las redes sociales en su momento, se ha convertido en un factor insoslayable de los procesos democráticos y, como tal, merece su propio análisis. Porque en esta revisión de cómo se han manejado los símbolos en las campañas presidenciales, la IA ha sido una de las herramientas favoritas para reforzarlos.

Aunque se sabe también que las campañas lo utilizan como una herramienta de estudio de sus audiencias, aquí se busca desmenuzar lo que implica su uso constante para la creación de contenidos proselitistas. Para los expertos, hay varias conclusiones que se pueden sacar de este panorama.

La primera, para Rafael Rubio, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid, es que “la irrupción de la IA ha dado lugar a una nueva fase en la evolución de las campañas electorales, las campañas algorítmicas, que amenaza con la progresiva deshumanización de las campañas electorales que, ya fuera a través de los contactos interpersonales directos, la intermediación de los medios de comunicación de masas o en la modalidad multiplataforma propia de la digitalización, siempre conservaron —a pesar de la transformación de los canales y las técnicas— su carácter humano”. Esto lo indicó en su artículo “El uso de la inteligencia artificial en las campañas electorales y sus efectos democráticos” (2025).

No porque antes no hubiese mediación de la tecnología y las redes sociales. Tres elecciones en el 2016 —la de Donald Trump, el ‘Brexit’ y el plebiscito por la paz— ya habían dejado pistas sobre el poder que tenía el mundo digital sobre el real.

No obstante, esa “deshumanización” de la que hablaba Rubio se exacerbó con la inteligencia artificial, porque ya no solo se trata de que todo lo que se vea de los candidatos esté en una pantalla, sino que aquello que se muestra no corresponde, en la mayoría de los casos, a la realidad. Esto conecta conecta con la segunda conclusión.También puede leer: “Ante el fascismo no hay pasividad posible: hay que tomar parte por la vida”, Laura Restrepo“Mi percepción, valdría la pena investigarla más a fondo, es que nos estamos acostumbrando a la estética de la inteligencia artificial y como eso ya se nos quedó, pues no estamos cuestionando el contenido que vemos.

Por ejemplo, hay videos de animales salvajes o silvestres caminando al lado de personas y eso ya lo normalizamos. Tanto así, que yo siento que eso está alterando nuestra percepción acerca de lo que es real y lo que no”, aseveró Catalina Moreno, codirectora de Karisma, una organización que se dedica a pensar la relación entre los derechos humanos, la justicia social y la tecnología.

Y esto, para ella, tiene una consecuencia más grave y es que se está erosionando la confianza en el proceso. “Las personas, por ejemplo, no confían en los políticos, confían en su algoritmo para que les dé la información”, agregó. En ese sentido, lo virtual es ahora lo que determina parte del comportamiento en la realidad.

Lo decía Mauricio García Villegas, doctor en ciencia política de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), investigador en Dejusticia y columnista de este diario: “La gente termina votando por lo que ven en la discusión virtual. Está venciendo la imagen sobre la realidad, que es un poco lo que decía Guy Debord y es que estamos en un mundo en donde la vida ya no es vida para ser vivida sino para ser representada.

Y eso es muy complicado, porque estamos perdiendo el sentido de la realidad”.Para ampliar en el pensamiento de Mauricio García Villegas, lo invitamos a ver este video:Nunca había sido tan fácil y tan barato producir un mundo que se ajustara perfectamente a las narrativas de cada una de las candidaturas. Ahora, si bien ambas campañas han sacado provecho de esta tecnología, se enfrentan con estrategias muy distintas.

Por el lado de Abelardo De la Espriella, le ha permitido materializarse como una bestia feroz, el último eslabón de la cadena alimenticia y, por lo tanto, un hombre capaz de defender a Colombia ante cualquier amenaza. Cepeda, por otro lado, ha sido mucho más rígido en su uso y ha querido recurrir a una estrategia digital más tradicional o anquilosada en el pasado, aunque muchos de sus seguidores no titubean en representarlo –aún sin mucho éxito– como un hombre tierno, casi inofensivo, en su intento de diferenciarlo radicalmente de su opositor.

Aunque también podría haber una razón política detrás de esta decisión, pues tampoco hay que ignorar las dos caras con las que se puede ver esta tecnología. Para la derecha, el uso de la IA es una forma de amplificar la narrativa neoliberal del progreso tecnológico, que promete una vida mejor para la humanidad si se le permite fluir libremente.

Mientras que, para la izquierda, esta es una tecnología que está mucho más atada a las polémicas por el robo de propiedad intelectual, la sobreexplotación de los ecosistemas y la desmesurada acumulación de capital por parte de sus dueños.Basta con ver en las propuestas de De la Espriella que suele referirse a esta tecnología como una de las claves de la modernización del Estado colombiano. Por ejemplo, de llegar a la Presidencia, pretende utilizarla para materializar su propuesta de reducir en un 40 % la burocracia estatal. “Tú le metes a eso un software, inteligencia artificial, porque ya no hay que ponerse a inventar nada y te dice ‘quite esto, elimine esto’ (sic.)”, aseveró el candidato en un artículo alojado en su página web.

De la misma manera, en su plan de gobierno propone “modernizar la DIAN con inteligencia artificial para reducir drásticamente la evasión”. Mientras que, por otro lado, está el presidente Gustavo Petro, quien ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el pasado 13 de junio, aseveró que era una herramienta utilizada para promover un discurso xenofóbico. “El discurso antiinmigración es mucho más poderoso y se acoge por las mayorías de votantes en muchos países porque se expande a través de inteligencia artificial, es decir, de la manipulación de la conciencia humana”, aseveró el mandatario durante su intervención, en la que también alertó sobre el peligro que implica que la IA no tenga una regulación gubernamental global y, al contrario, se encuentre en manos de un pequeño grupo de empresarios.

Esta línea la sigue Cepeda. Le sugerimos: Hernando Gómez Buendía: “Con Petro se asomó un país que no quiere ver la gente de bien”Aun así, para Rubio, la resistencia al uso de la inteligencia artificial tendrá siempre un límite, ya que a la hora de comunicar un mensaje masivo y de despertar el ímpetu de la ciudadanía para levantarse del sofá, salir de la casa e ir a votar, esta seguirá siendo una de las herramientas más poderosas a disposición de las candidaturas. “En un futuro muy próximo, las campañas que no utilicen estas técnicas, especialmente en las grandes circunscripciones, serán cada vez más caras y menos eficaces, ya que la comunicación generalista parece cada vez menos capaz de movilizar a los votantes”, escribió en su artículo.

Si algo demostró la campaña presidencial de 2026 es que la inteligencia artificial ya es un actor más en este proceso y que es necesario seguir pensando en lo que esto implica. “Esta es la nueva forma de hacer política y desde ya tenemos que pensar qué vamos a hacer con eso, porque una nueva campaña que se base en esta falta de confianza en el uno y en el otro nos va a seguir quebrando como sociedad”, cerró Moreno. Desde la ciudadanía, sobre todo, pero también desde los partidos políticos, las empresas tecnológicas y las autoridades electorales es necesario analizar cómo se puede aceptar esta nueva realidad sin que eso implique desmoronar el sistema democrático, aunque esa conversación parece que seguirá pendiente al menos hasta después de la segunda vuelta.Mientras tanto, las campañas quemarán sus últimos cartuchos para intentar que sus mensajes calen en el electorado.

Se verán más videos de Abelardo De la Espriella y su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, poniendo sus garras de tigre sobre sus contrincantes. Y a Aida Quilqué e Iván Cepeda, la llave de la izquierda, uniendo fuerzas con más influencers y streamers para llevar lo más lejos que puedan su corazón kpoper y atraer la mayor cantidad de votos hacia sus filas.

La disputa seguirá en las pantallas, más que en las calles o en las plazas, y se definirá finalmente el próximo 21 de junio en las urnas.Siga leyendo: “Quien gobierne en 2026 tiene que construir un horizonte nuevo”, Andrés Mejía Vergnaud