La ecuación de la última guerra en Oriente Próximo empezó con un sinfín de incógnitas a despejar sobre Irán: su poder de resistencia frente a los bombardeos, que fue mayor de lo esperado, su habilidad para recomponer su arsenal militar, también superior a lo previsto, contra todo pronóstico, o su capacidad para cerrar el estrecho de Ormuz, que ha mantenido prácticamente desde el inicio de la confrontación.Seguir leyendo