Panamá vuelve a convocar a América, 200 años después del sueño de Bolívar
Hace 200 años, Panamá recibió una idea demasiado grande para su tiempo: reunir a las jóvenes repúblicas americanas bajo una misma mesa, lograr que se miraran de frente, que discutieran sus diferencias y que ensayaran una forma de caminar juntas. Simón Bolívar no llegó nunca al istmo, pero su sueño sí.
Sucedió en 1826 con el Congreso Anfictiónico, cuando Panamá abrió sus puertas para que América intentara caminar unida. Dos siglos después, el país intenta volver a ocupar ese lugar simbólico.
El de punto de encuentro, puente político y casa común para una región que comparte historia, idioma, heridas y esperanzas, pero que no puede hablar con una sola voz. Entre el 20 y el 27 de junio, el país vivirá la llamada semana de alto nivel, una agenda que reunirá presidentes, cancilleres, organismos multilaterales, ministros y líderes internacionales.
La fecha coincide con la instalación del Congreso Anfictiónico se instaló el 22 de junio de 1826, y a propósito de esta fecha el país ha construido una celebración que gravita sobre la pregunta ¿qué queda hoy del sueño de unidad latinoamericana? Carlos Guevara Mann, viceministro de Asuntos Multilaterales y Cooperación, doctor en Gobierno y Estudios Internacionales, politólogo y ante todo, bolivariano de alma y corazón, habla del bicentenario de ese episodio con el entusiasmo de quien ha seguido durante años el pulso de una idea hasta verla tomar forma.
Ha estado detrás de la planificación, las gestiones diplomáticas, los recursos, las reuniones, los ajustes y la paciencia que exige una fecha para la historia. “Todo el año 2026 es el año del Bicentenario”, afirma. Desde enero, cuando el presidente José Raúl Mulino declaró oficialmente el inicio de la conmemoración en el Salón Bolívar del Ministerio de Relaciones Exteriores, se han concretado unas 30 actividades académicas, culturales y diplomáticas.
La intención, explica Guevara Mann pretende “crear conciencia en torno al Bicentenario del Congreso Anfictiónico y su importancia”. Durante la semana de alto nivel se realizará una reunión de jefes de Estado y de Gobierno convocada por Mulino; la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA); encuentros ministeriales de la Asociación de Estados del Caribe (AEC) y de la Comunidad de las Democracias, asimismo de un foro internacional de líderes. “Hemos querido, en torno a esa fecha, crear espacios al más alto nivel para conmemorar este hecho histórico, que asimismo destaca y resalta la vigencia del multilateralismo en América”, afirma el viceministro.
Hasta ahora, cuatro presidentes han confirmado por escrito su participación en la cita presidencial: Guatemala, Honduras, República Dominicana y Colombia. Otros cuatro mandatarios han dado confirmación verbal, aunque el viceministro prefiere no revelar sus nombres hasta recibir las notas oficiales.
Las actividades concluirán el sábado 27 de junio con un evento cultural. La actividad que más ilusiona a Guevara Mann es, quizá, la más política de todas: la reunión presidencial. “No tenemos espacios de ese tipo.
Sí los tenemos, pero no están funcionando”, sostiene. Su diagnóstico está acompañado de ejemplos.
La reunión presidencial de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), convocada en Bogotá, Colombia; apenas reunió a tres mandatarios. Otro espacio institucionalizado para el diálogo continental, la Cumbre de las Américas, también quedó en pausa.
República Dominicana debía organizarla, pero la aplazó primero “hasta nuevo aviso” y luego de forma indefinida. “Es importante que los presidentes se reúnan y puedan conversar”, plantea. Ese, dice, es el espíritu de la reunión convocada por Mulino: “Tener una conversación privada con otros presidentes para atender asuntos de interés común”.
La Asamblea General de la OEA será otro eje central. Guevara Mann defiende el valor de la OEA incluso en medio de las críticas que suele recibir. “Al menos en ese foro, todos son iguales”, dice.
En la OEA, recuerda, los cancilleres discuten asuntos políticos, sociales, económicos, culturales, de salud, desarrollo social y seguridad hemisférica. “Es un espacio donde los ministros de relaciones exteriores de casi todos los países del hemisferio pueden coincidir en condiciones de igualdad, exteriorizar sus preocupaciones, sus intereses y sus consideraciones de forma libre”, explica. Panamá obtuvo la sede de esta Asamblea General por unanimidad durante la reunión número 55, celebrada en Antigua y Barbuda.
La propuesta nació inicialmente desde la Sociedad Bolivariana y buscaba que la organización regresara al istmo en el año del bicentenario, como reconocimiento al Congreso Anfictiónico como antecedente histórico del sistema interamericano. La celebración tiene un costo de $11 millones.
El dinero cubre adecuaciones de sedes, alimentación, traducción, hospedaje, transporte, logística y seguridad. “La logística es impresionante”, resume. Se requieren vehículos blindados, carros para delegaciones, ambulancias, dispositivos de protección, personal de apoyo, servicios especializados y traductores.
También se cubre el alojamiento de jefes de delegación, como acostumbra el país anfitrión en este tipo de encuentros internacionales, asimismo de traslados para algunos expositores invitados. Cuando se le pregunta qué pensaría Bolívar si viera la América Latina actual, Guevara Mann observa una América Latina marcada por gobiernos enfrentados y por otro lado, argumentó que organismos como la OEA son herederos de la semilla sembrada por el Congreso Anfictiónico.
Recuerda que Bolívar murió desilusionado. Poco antes de fallecer dejó dos frases amargas: “América es ingobernable” y “los que hemos trabajado por la libertad hemos arado en el mar”.
Guevara Mann cree que, ante el presente latinoamericano, Bolívar tendría una mirada mixta. Por un lado, vería gobiernos enfrentados, democracias debilitadas, dictaduras, diferencias ideológicas profundas y países que no logran conciliar sus proyectos políticos.
Pero también, encontraría frutos de aquella semilla anfictiónica en organismos como la OEA, en mecanismos subregionales, en la cooperación ambiental, tecnológica, humanitaria, electoral y de derechos humanos. “Bolívar vería que persiste la desunión, sobre todo en lo político, pero también encontraría una cooperación significativa en otros ámbitos, una cooperación que contribuye al desarrollo de los pueblos”, plantea. De Bolívar, Guevara Mann rescata tres rasgos: “su lucha por la libertad, su compromiso inclaudicable con el sistema republicano de gobierno y su apuesta por la anfictionía, por el multilateralismo”.
La semana de alto nivel también incluirá una reunión ministerial de la Comunidad de las Democracias, un espacio que entusiasma especialmente al viceministro. “Como forma de gobierno, la democracia es el sistema que preferimos”, dice. Guevara Mann observa un retroceso democrático global y regional.
Habla de dictaduras abiertas y de regímenes que antes exhibían credenciales democráticas más sólidas, pero que hoy han vaciado parte de su contenido institucional. “En años recientes, la democracia ha venido retrocediendo a todo lo largo y ancho del mundo”, advierte. Por eso, sostiene, Panamá buscó la presidencia pro témpore de la Comunidad de las Democracias: para darle impulso a una coalición que, en su criterio, necesita recuperar vigor.
La conversación deriva hacia Venezuela, inevitablemente. Guevara Mann, como politólogo, entiende el fenómeno de la apropiación de símbolos históricos.
Los líderes desaparecen y otros convierten sus imágenes en bandera, escudo o coartada. Pero como bolivariano no esconde su rechazo al uso que el chavismo ha hecho de Bolívar. “El chavismo se apropió de la imagen de Bolívar, de la trayectoria de Bolívar, del símbolo de Bolívar, para ponerlo al servicio de su sistema despótico y de su régimen corrupto”, afirma.
Luego remata con una frase contundente: “No hay nada más alejado de lo que aspiró Bolívar que el sistema de gobierno de Venezuela en la actualidad”. Para Guevara Mann, la contradicción resulta evidente.
Bolívar luchó por la libertad y el sistema republicano, mientras que el régimen venezolano, sostiene, suprimió libertades, desmontó la separación de poderes y concentró el poder en un solo individuo. “La libertad está suprimida en Venezuela. El sistema republicano de gobierno fue desbaratado.
La esencia de la república es la separación de poderes y el gobierno de los ciudadanos, y ese régimen descartó ese sistema por completo”, afirma. Pero Panamá, dice Guevara Mann, se asocia con otra faceta del Libertador.
No con el Bolívar de la charretera militar, sino con el estadista. Con el hombre que pensó en instituciones, repúblicas, acuerdos y equilibrios internacionales.
Esa imagen está en la Plaza Bolívar, en monumentos, avenidas, barrios y sectores del país. Incluso menciona la restauración de una estatua en Colón que, según cuenta, había sido retirada y abandonada en un depósito por un gobierno anterior.
Para él, el vínculo entre Panamá y Bolívar no depende de una presencia física. Bolívar nunca vino al istmo. “Hay personas que dicen que Bolívar estuvo acá.
No estuvo. Nunca vino a Panamá”, corrige.
Aun así, Panamá ocupó un lugar central en su imaginación política. Bolívar valoraba su posición geográfica y entendía que el istmo podía servir como punto de convergencia para América. “Panamá se asocia con una imagen auténtica de Bolívar: la del estadista, no la del militar con charretera”, dice Guevara Mann.
Esa asociación, agrega, tomó fuerza en los años veinte del siglo pasado, cuando sectores intelectuales, sociales y políticos panameños buscaron fuentes para fortalecer la identidad nacional luego de los golpes que había sufrido el país desde su separación de Colombia. Otro error común gira en torno al número de participantes del Congreso Anfictiónico.
No asistieron decenas de países como los conocemos hoy, sino cuatro Estados de la época: México, Centroamérica, Colombia y Perú. Pero esos cuatro equivalen hoy a once países soberanos. “Si tenemos una reunión con 11 Estados, yo estoy feliz”, comenta Guevara Mann.
México tenía entonces una extensión territorial mucho mayor. Centroamérica acudió como una unidad política, aunque hoy comprende cinco Estados independientes.
Colombia representaba una estructura que luego daría paso a varios países sucesores. Perú completó la lista.
También asistieron observadores del Reino Unido y de los Países Bajos. Los delegados de Estados Unidos nunca llegaron.
Uno de ellos murió en Cartagena, víctima de fiebre amarilla. ¿Qué tan panameño fue aquel Congreso?
Guevara Mann no duda. “Es muy panameño en tanto que se dio en Panamá”, responde. Panamá, dice, tiene una “vocación globalista” que la lleva a acoger a personas de todas partes y darles condiciones para encontrarse. “Fuimos la sede, fuimos el anfitrión de ese congreso.
Eso está muy enraizado en nuestra nacionalidad y nos vincula a un ámbito mucho más amplio que el istmo: el ámbito bolivariano”, puntualiza. Dos siglos después, Panamá vuelve a poner la mesa para que América se siente a conversar.
Es su esencia, su vocación.
Información de La Prensa (Panamá). Edición y redacción: Noticias Today.
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