Hay una esquina de Buenos Aires en la que todos los días, las 24 horas, hay una o dos o tres personas tomando mate. Se sientan contra las persianas bajas de un comercio cerrado que tiene adheridos pedacitos de carteles que fueron arrancados por los servicios de limpieza del Gobierno de la Ciudad, pero mantienen una inscripción en pintura roja en la que todavía se puede leer: “Cristina, viva y libre te queremos”.

Dos pisos más arriba, detrás de un balcón de estilo francés, cumple con su prisión domiciliaria la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, condenada a seis años de cárcel e inhabilitación política de por vida en una causa por corrupción. Los militantes que toman mate en su vereda se turnan para cubrir las horas; quieren estar “por si alguien se acerca a hacer lío o a gritar cosas feas”.Seguir leyendo