Cuando alguien va a nadar, hay dos cosas de las que difícilmente puede librarse: el olor a cloro y el agua en los oídos. Esto último no solo resulta molesto, sino que también puede derivar en infecciones que pueden llegar a ser muy dolorosas.

Algo que sucede con frecuencia en los meses en los que ir a la playa o a la piscina son los planes por excelencia. Seguir leyendo