Te leo como un libroDonde viven los monstruosComencemos con datos duros: si medimos el largo de las paredes de la galería municipal de arte Pancho Fierro la sala suma 96,20 metros. Y puestas una al lado de la otra, las páginas de la novela “País de Jaula” se extienden como una cenefa de 82,31 metros lineales.

Una divertida coincidencia llena de sentido, porque la obra del gran Edgardo Rivera Martínez envuelve los archivos fotográficos del francés Alphonse Bernós y el peruano Teodoro Bullón, que registraron en su época el paisaje y los habitantes de aquella ciudad novelada.MIRA: Susana Reisz: “Desde chica fui consciente de lo injusta que solía ser la situación de las mujeres”“País de Jauja: Bernós, Bullón y la pluma de Rivera Martínez” es una exposición concebida por la artista visual Sonia Cunliffe, con la colaboración de Bertha Martínez Castilla de Rivera, entrelaza historias, memorias y ficción. Se trata de un ejercicio inédito: reunir los ambos archivos y ponerlos a dialogar con el universo narrativo de la emblemática novela publicada en 1993, y que da cuenta de una ciudad que, a fines del siglo XIX, se consolidó como un refugio estratégico para enfermos de tuberculosis, atraídos por su clima seco y la amplitud de sus valles andinos.

Este flujo migratorio configuró una dinámica social singular donde confluyen el arte, la sanación y el intercambio cultural. En ese contexto, Bernós y Bullón capturaron el espíritu de la época.

El primero, como nos explica Cunliffe, era un francés que llegó al Perú para trabajar en el negocio de muebles, y que retrató la vida cotidiana en negativos de vidrio. Por su parte, Bullón operaba en su patio con luz natural. “Las imágenes no solo registran una ciudad, sino también las emociones y las formas de habitar un espacio profundamente simbólico”, explica la artista.

Aunque no existen pruebas históricas de que ambos fotógrafos se conocieran, la investigación y el imaginario de la artista sugieren que sus caminos debieron cruzarse inevitablemente en la pequeña ciudad andina. Con 117 copias nuevas y una pieza especial en tres dimensiones que emula un retablo, la exhibición invita al público a ver y leer, demostrando que un territorio puede existir con igual fuerza como documento histórico y literario.