El Papa León XIV ha cumplido con el deseo que no pudo realizar el Papa Francisco de situar a Europa ante la realidad de lo que sucedía en la puerta sur del viejo continente.Pateras y cayucos cargados de historias y dramas que muchas acaban hundiéndose en el mar de la muerte ante la indolencia de quienes no sentían la necesidad de huir de la guerra, de la persecución o del hambre.Los mensajes del Sumo Pontífice han estado cargados de profundidad, salud mental, soledad, migración, polarización o la ética en la inteligencia artificial han formado parte de su análisis. Un llamamiento a la reflexión colectiva, algo que me ha sorprendido que viniera desde el líder espiritual de la Iglesia católica, que nos tiene demasiado acostumbrados a sentirla demasiado 'tradicional' en los temas políticos-gubernamentales, y lo afirma alguien que es creyente pero leal defensora del Estado aconfesional.

Mi contrariedad ha sido escucharlo en la sede de la soberanía del pueblo español con el beneplácito y aceptación de quienes lo llenan todos los días de justo lo contrario. Lo tomaré como si todos hubieran aceptado, con la cabeza agachada, la reprimenda ética que les plantea una Institución que no compite por su espacio electoral y demuestra el verdadero sentido universal que supone defender la Igualdad Social.Ha cumplido con el deseo que el Papa Francisco no pudo completar visitando la frontera sur de Europa donde detrás de ese drama migratorio hay rostros, historias y familias.

Y la respuesta que debería dar Europa debería basarse en la dignidad, la solidaridad y la humanidad.Entre la crispación que se ha adueñado de nuestro día a día, no solo de la política española, sino del contexto mundial, ha hecho una llamada al diálogo y al entendimiento, algo tan básico y al mismo tiempo tan útil como escuchar a quien piensa diferente.Y se ha detenido ante uno de los dramas y grandes daños de nuestro tiempo, la salud mental. Esa emergencia silenciosa a la que no se está prestando la suficiente atención y mucho menos poniendo los medios en lo que puede ser una de las grandes lacras de este siglo.

Ansiedad, depresión y soledad no deseada que atrapan a una sociedad que no es capaz de hacerle frente con los recursos adecuados.Todo ello en medio de una llamada de atención a los riesgos que está suponiendo la inteligencia artificial en este nuevo mundo donde el ser humano no debe dejar de ser el centro de las decisiones.Si algo ha demostrado el Papa León XIV en su visita a nuestro país y en cada una de sus palabras que el mensaje no solo estaba dirigido a creyentes sino también a no creyentes. Ha puesto el foco en asuntos que afectan a toda la sociedad y sobre todo reivindica por encima de la diferencia, humanidad.Ya lo afirmaba en su encíclica Magnífica Humanitas: "Cuando la política renuncia a una visión a largo plazo se reduce a cálculos de corto plazo o a polarizaciones estériles, los discursos sobre el bien común pierden credibilidad, y al mismo tiempo crecen las desigualdades y las fracturas sociales".Todo eso lo estamos viendo y en nuestra mano está cambiarlo, como expresó Unamuno: "Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento".

Pues eso, hagamos y convirtamos en realidad todos los buenos pensamientos, que como nos demuestra el día a día, los malos pensamientos llegan rápido y penetran rompiéndonos el alma.