La industria porcina panameña enfrenta una situación paradójica. Después de más de una década de adaptación a la competencia internacional, inversiones en genética, bioseguridad y productividad, el sector alcanzó niveles de producción que lo colocan entre los pocos países de América Latina con capacidad para abastecer prácticamente todo su mercado interno.

No obstante, ese mismo éxito productivo ha derivado en un nuevo desafío: colocar en el mercado una creciente cantidad de animales que hoy supera la capacidad de consumo nacional. Las cifras oficiales reflejan con claridad el fenómeno.

Entre enero y abril de 2026 fueron sacrificados 236,964 cerdos en Panamá, un incremento de 21.2% respecto al mismo período de 2025, cuando se registraron 195,533 animales. La diferencia equivale a 41,431 cerdos adicionales en apenas cuatro meses.

Detrás de ese crecimiento existe una combinación de factores productivos y regulatorios que han transformado la actividad durante los últimos años. Los productores sostienen que una de las claves fue la estabilización del mercado luego de la aprobación, en enero de 2024, de un decreto que fijó límites a determinados volúmenes de importación de carne de cerdo.

Según el sector, durante años ingresaron cantidades muy superiores a las contempladas originalmente dentro del Tratado de Promoción Comercial (TPC) entre Panamá y Estados Unidos. Los porcicultores recuerdan que el acuerdo comercial establecía cuotas crecientes que, para determinados años, rondaban las 4,000 toneladas.

No obstante, aseguran que en algunos períodos ingresaron más de 20,000 toneladas anuales de carne de cerdo importada y, en algunos años, cerca de 25,000 toneladas, generando una fuerte presión sobre los productores nacionales. Lejos de desaparecer, la industria respondió aumentando su eficiencia.

El sector invirtió en genética, alimentación, bioseguridad y mejoras en productividad. En la actualidad Panamá cuenta con parámetros productivos comparables con los de países líderes de la región, según sostienen los propios productores.

Juan Guevara, presidente de la Asociación de Porcinocultores Unidos de Panamá (APUP), asegura que esa presión obligó a los productores a reinventarse para sobrevivir. “Tuvimos que mejorar genética, calidad de canal, bioseguridad y productividad para competir en un mercado cada vez más abierto”, indicó. Esa transformación permitió que la actividad creciera de manera acelerada.

Mientras en 2024 existían alrededor de 7,500 puestos de producción, en la actualidad operan cerca de 10,500. La cadena porcina genera asimismo unos 40,000 empleos directos e indirectos, principalmente en provincias del interior del país.

Parte del crecimiento también estaría relacionado con cambios económicos y sociales ocurridos después de la pandemia. El aumento del desempleo y la migración de personas desde las ciudades hacia las áreas rurales impulsaron el ingreso de nuevos productores a la actividad. “Mucha gente buscó alternativas para generar ingresos y emprendió en el sector agropecuario.

La porcicultura ofrecía una oportunidad de negocio más estable y eso contribuyó al aumento de la producción”, explicó el presidente del gremio. A esto se sumó una mayor confianza en el mercado luego de la regulación de las importaciones y el fortalecimiento de los controles sobre la comercialización de carne de cerdo.

El resultado es una producción nacional estimada en 65,000 toneladas anuales de carne de cerdo, suficiente para abastecer gran parte del consumo local, que alcanza aproximadamente 20.9 kilogramos por habitante al año. La presión del excedente No obstante, el mercado interno parece haber llegado a un punto de saturación.

Los productores afirman que en la actualidad existen más de 4,000 animales que no encuentran salida comercial inmediata y advierten que la cifra podría aumentar durante los próximos meses si no se abren nuevos canales de comercialización. La preocupación es mayor porque desde enero de este año entró en vigencia una nueva etapa del Tratado de Promoción Comercial entre Panamá y Estados Unidos.

A partir de 2026, las partidas de carne de cerdo contempladas dentro del acuerdo ingresan libres de aranceles. Aunque los productores reconocen que se trata de un compromiso de Estado que debe cumplirse, consideran que la apertura comercial obliga a acelerar estrategias complementarias para proteger la sostenibilidad de la actividad nacional.

Guevara sostiene que el sector no pretende desconocer los compromisos adquiridos por Panamá, pero sí pide una administración más estricta del mercado. “Nosotros entendemos que el tratado es un compromiso de Estado. Lo que estamos pidiendo es que se administre correctamente el mercado y que no se sigan autorizando importaciones cuando existe suficiente producción nacional para abastecer el consumo interno”, expresó.

Por esa razón, uno de los principales planteamientos presentados por APUP al Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) y al Instituto de Mercadeo Agropecuario (IMA) consiste en limitar temporalmente nuevas licencias de importación mientras persista el excedente actual. Según el dirigente, durante las conversaciones sostenidas esta semana con las autoridades agropecuarias se logró el compromiso de revisar la situación de las licencias de importación otorgadas para el resto del año.

Los productores sostienen que algunas empresas continúan solicitando permisos para traer carne del extranjero mientras existe producto nacional disponible. La principal apuesta del sector es la exportación República Dominicana aparece como uno de los mercados más atractivos debido a los problemas sanitarios provocados por la peste porcina africana, enfermedad que ha afectado significativamente parte de su producción local.

Venezuela también es observada como un mercado potencial debido a que no alcanza niveles de autosuficiencia en carne de cerdo. No obstante, el mayor interés está concentrado en Asia.

Los productores consideran que varios países asiáticos presentan oportunidades para la colocación de cortes específicos y subproductos porcinos que tienen alta demanda internacional. Entre ellos figuran despojos y otras piezas que poseen un valor comercial superior en esos mercados que en Panamá. “Asia reúne condiciones atractivas por frecuencia de compra, volúmenes y precios.

También existe potencial en mercados del Caribe. Pero para llegar allí necesitamos certificaciones sanitarias, evaluaciones de mataderos y acuerdos de exportación que permitan una actividad sostenible en el tiempo”, explicó Guevara.

Los productores recuerdan que Panamá ya tuvo experiencias de exportación hacia Centroamérica. En 2023 fueron enviados cerca de 4,000 cerdos a Nicaragua, una operación que consideran una referencia de que existe capacidad para abastecer mercados externos cuando se cumplen las condiciones comerciales y sanitarias necesarias.

Mientras se desarrollan esas oportunidades, el Gobierno y los productores han comenzado a buscar soluciones inmediatas. Esta semana el IMA y el MIDA facilitaron un acuerdo comercial entre porcicultores y empresas agroindustriales para la compra inicial de 3,000 cerdos excedentes.

El director general del IMA, Nilo Murillo Robles, explicó que la entidad actuó como facilitadora para acercar a productores y compradores, con el objetivo de estabilizar el mercado y evitar afectaciones económicas a la actividad. La primera fase contempla la adquisición de 2,000 animales, mientras que el resto será incorporado progresivamente al mercado.

El objetivo del sector es elevar la venta de 300 a 400 animales semanales para lograr una reducción más rápida del inventario acumulado y evacuar el excedente en unas seis semanas. No obstante, los porcicultores consideran que la solución estructural pasa también por modificar la estrategia de compras gubernamentales para los programas navideños.

En la actualidad las Naviferias del IMA contemplan la adquisición de 500,000 piezas de jamón picnic de producción nacional. El problema, según explican los productores, es que el picnic representa apenas alrededor del 10% del peso comercial de un cerdo.

Un animal listo para procesamiento puede aportar entre 180 y 200 libras de carne, mientras que la pieza utilizada para los programas navideños ronda apenas las 20 libras. Por esa razón, el sector propondrá al Gobierno ampliar las compras públicas hacia otros cortes y productos procesados derivados del cerdo.

La medida permitiría aprovechar una mayor proporción de cada animal, aumentar la participación de la agroindustria y reducir la presión que en la actualidad enfrenta la producción nacional. Zonas productivas La expansión de la actividad también queda reflejada en los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC).

Entre enero y abril de 2026 se sacrificaron 236,964 cerdos en Panamá, un aumento de 21.2% frente al mismo período de 2025. En el primer cuatrimestre, el distrito de Panamá encabezó el sacrificio porcino con 59,880 animales, seguido de Las Tablas con 48,985, Arraiján con 36,842, Santa María con 19,221, Santiago con 16,845 y David con 15,291.

Las cifras muestran que la actividad se concentra principalmente en Panamá, Los Santos, Panamá Oeste, Herrera, Veraguas y Chiriquí, regiones donde la porcicultura se ha convertido en una importante fuente de empleo rural y actividad económica. ompap Para los porcicultores, el desafío inmediato ya no es producir más. El verdadero reto consiste en abrir nuevos mercados y construir una estrategia comercial que permita absorber una oferta que continúa creciendo.

La industria considera que el excedente actual puede verse como una crisis coyuntural, pero también como una señal de madurez de una actividad que logró fortalecerse frente a años de competencia externa y que ahora busca dar el siguiente paso: convertirse en un exportador regional de carne de cerdo.