Faltaban cuatro outs para consolidar una hazaña eterna. El japonés Yoshinobu Yamamoto caminaba hacia el montículo del Rate Field con el peso de la gloria sobre los hombros; hasta ese instante, ningún bateador de Chicago White Sox había logrado pisar la primera base.

El derecho sumaba 45 bateadores consecutivos retirados desde su apertura anterior, una racha descomunal que igualaba el segundo registro más largo en la historia de la MLB, solo detrás de la marca impuesta por Yusmeiro Petit. Con dos outs en la parte alta de la octava entrada, sucedió el colapso que nadie en el estadio imaginaba.

Chase Meidroth conectó un rodado suave hacia las paradas cortas, directo al guante del estelar Mookie Betts. Parecía la jugada más rutinaria de la jornada: Mookie Betts pifió el fildeo del rodado y Meidroth llegó a la inicial por un costoso error defensivo, rompiendo de forma dramática el Juego Perfecto de Yoshinobu Yamamoto sin que mediara responsabilidad del pitcher.

El impacto psicológico caló hondo en los aficionados de los Los Angeles Dodgers. El fatídico error revivió de inmediato el fantasma de Hanley Ramírez, cuyo descuido le costó un juego perfecto idéntico a la leyenda Clayton Kershaw en la temporada 2014.

Yamamoto demostró su temple de acero y no se desmoronó luego de el fallo de su compañero. El serpentinero nipón retiró a Jacob Gonzalez con una rola a la intermedia para cerrar el octavo capítulo manteniendo su No-Hitter intacto luego de realizar 103 lanzamientos.

No obstante, el destino le deparaba un golpe definitivo en el noveno episodio: Tristan Peters abrió la última tanda al bate por Chicago.Conectó sólidamente una recta de velocidad a 96 millas por hora. La pelota techó las gradas del jardín derecho, rompiendo simultáneamente el juego sin hit y la blanqueada.

Yamamoto retiró a Edgar Quero antes de dejar el encuentro bajo una ensordecedora ovación de pie. El duelo culminó con victoria de los Dodgers 7-1, dejando los registros del asiático en ocho entradas y un tercio, un hit, una carrera y siete ponches, bajando su efectividad a 2.52.

Esta es la segunda ocasión en que pierde la hazaña en la novena entrada luego de sufrir un jonrón de Jackson Holliday ante Baltimore. La franquicia angelina mantiene a Sandy Koufax (1965) como el único lanzador con un juego perfecto perfecto en su historia.