Aunque inició con el mismo argumento que el conflicto de 2025, la nueva guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos tiene una diferencia clave: todos los actores enfrentan costos mucho mayores.Imagen del estrecho de Ormuz distribuida por la agencia de noticias iraní IRNA.IRNAIsrael lanzó por estas mismas fechas, hace un año, la operación “León Ascendente” contra la República Islámica de Irán. La ofensiva acabó con la vida de parte de la cúpula militar iraní y golpeó infraestructura clave de su programa nuclear, con el respaldo de Estados Unidos y bajo el argumento de frenar el avance nuclear de Teherán.

Al mismo tiempo, Washington e Irán mantenían rondas de negociación sobre ese mismo programa. La situación que vive Oriente Medio desde el pasado 28 de marzo, cuando se inició la operación “Furia Épica”, parece un calco.

El argumento fue exactamente el mismo, aunque la escalada ha sido mucho mayor: inició con el asesinato del líder supremo iraní, el ayatola Alí Jamenéi.La vez pasada, la desescalada llegó relativemente pronto, la guerra duró 12 días. En el presente, la situación es mucho más compleja.

La cuestión hace un año pudo haber sido ser cuán fuerte podría llegar a golpear la dupla EE. UU.-Israel a Irán (algo que se comprobó, de cierta forma, en esta segunda guerra), pero ahora podríamos preguntarnos cuánto tiempo pueden aguantar todos los involucrados, teniendo en cuenta que el panorama parece haberse tornado en una carrera de resistencia.

¿Cuáles son las causas de ese cambio?La principal respuesta que podríamos señalar es la diferencia en la respuesta iraní. En 2025, claro que hubo respuesta, pero se focalizó principalmente en instalaciones militares y nucleares de Israel, en una especie de reciprocidad.

Ahora Teherán no se limitó a atacar la integridad territorial israelí ni la estadounidense, sino que dispersó sus ataques y los focalizó en bases militares y aliados de las dos potencias por todo Oriente Medio, ampliando la dimensión del conflicto hacia una escala más regional.“Utiliza una guerra asimétrica, si se quiere, pero que genera muchos costos. Es decir, que si bien emplea drones y misiles, obviamente cuenta con un amplio repertorio, un amplio mosaico de acciones que no están dirigidas a un solo objetivo, sino que buscan intentar disuadir mediante la generación de una mayor inseguridad en el vecindario”, explica Manuel Camilo González, analista y docente de la Universidad Javeriana.

No se trata de que Irán sea más fuerte o tenga una mayor capacidad de respuesta; más bien, la estrategia que utilizó le permite un mayor margen de maniobra, algo que hace un año parecía más limitado.Asimismo de esto, tal vez el factor más decisivo ha sido instrumentalizar el estrecho de Ormuz como un elemento de negociación. Irán, sancionado, parcialmente aislado en la región y atacando objetivos en países vecinos, ha podido resistir trasladando el costo de la guerra no solo al ámbito militar, sino también poniendo en jaque la economía mundial, ya que por este paso marítimo suele transitar el 20 % del petróleo que se consume en el mundo.

González repite el adjetivo de asimetría para hablar de una victoria iraní: “Mantiene un poco la determinación de los iraníes a que, si bien están sufriendo las consecuencias de un asedio, de un bloqueo, ciertamente es mucho más el costo para Estados Unidos mantener eso”.El conflicto de 2025 tuvo lugar, de cierta forma, como una ampliación de la guerra en Gaza, que para entonces atravesaba uno de sus puntos más críticos por el nivel de destrucción en el enclave. Ahora, si bien la devastación continúa, mientras Benjamin Netanyahu habla públicamente de controlar más del 70 % del territorio palestino, Gaza ha salido del primer orden de discusión.

No obstante, sigue siendo un frente activo, lo mismo que Cisjordania y ahora, con mucha más gravedad, Líbano. Que se hayan mantenido estos frentes ha hecho inevitablemente evidente el costo que tiene para Israel, en términos políticos, económicos y armamentísticos, un despliegue de tal magnitud.“El principal problema para Israel aquí es que, al estirar tanto sus líneas y mantener múltiples frentes abiertos simultáneamente, su economía interna y su cohesión social están sufriendo un desgaste tremendo.

A largo plazo, depender exclusivamente de la superioridad tecnológica y militar sin una salida política clara lo único que hace es alimentar el ciclo de resistencia. En resumen, el costo operativo y humano supera por mucho los beneficios tácticos inmediatos”, sentencia Luisa Lozano, directora del programa de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana.Para Estados Unidos el costo también es considerable.

Ya no se trata solo de disminuir la capacidad iraní, sino que estamos hablando de administrar una crisis multidimensional prolongada y de asumir los altísimos costos de librar una guerra prácticamente al otro lado del mundo. Según el Pentágono, para finales de abril Washington había gastado más o menos unos USD 25.000 millones, justo en la antesala de las elecciones de medio término, por celebrarse en noviembre.Por otro lado, si bien hay cierto aislamiento regional, también es cierto que potencias como Rusia y China mantienen un apoyo diplomático que permite que Teherán no quede del todo solo.

Al cierre de esta edición, había expectativa respecto a que las partes logren un acuerdo de cese al fuego. Pero como ya se vio entre la guerra de los 12 días y la que vemos hoy, eso no garantiza que sea un cierre definitivo, con la cuestión nuclear como uno de los principales escollos.

Al respecto, Lozano concluye que “cualquier intento de mediación, ya sea por parte de Catar, Egipto o canales europeos, va a seguir chocando con la falta de garantías reales de cumplimiento y, sobre todo, con la ausencia de una propuesta concreta para el día después de que callen las armas”.👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? Invitamos a verlas en El Espectador.El Espectador, comprometido con ofrecer la mejor experiencia a sus lectores, ha forjado una alianza estratégica con The New York Times con el 30 % de descuento.Este plan ofrece una experiencia informativa completa, combinando el mejor periodismo colombiano con la cobertura internacional de The New York Times.

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