El Maratón de Río de Janeiro movilizó a toda la ciudad. La atmósfera carioca contagia año a año a la competencia de atletismo más convocante de Latinoamérica. 70 mil atletas participaron en las diferentes categorías del evento, donde destacó la amplia presencia de deportistas chilenos.“Fue mi primera Maratón.

Fue increíble, la disfruté desde el primer kilómetro hasta el último. Es preciosa, pasar por Ipanema, Copacabana, es hermoso.

Ver el Pan de Azúcar al final fue maravilloso. Fue tan increíble la experiencia que quiero correr otra Maratón”, cuenta Francisca Larrere (36) a El Deportivo.El masivo traslado de los corredores nacionales fue el reflejo de que festival de atletismo más relevante de Latinoamérica se encuentra en pleno auge, llamando la atención a nivel mundial.

Competidores de todas partes del planeta, principalmente de América del Sur, llegaron a la Cidade Maravilhosa. Hubo atletas de más de 30 países y, entre ellos, Chile es uno de los que más representantes foráneos aportó.Todo ocurre mientras de fondo se encuentran las principales postales de Río de Janeiro: el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar y la Bahía de Guanabara, entre otros componentes de una vista realmente privilegiada para una de las carreras más hermosas del mundo, donde la playa, el mar y la vegetación realizan una simbiosis natural que define el encanto de la Cidade Maravilhosa.

Se desarrolla un paisaje realmente único.Es por ello que el Maratón de Río de Janeiro se ha convertido en una verdadera atracción. Según datos de la organización, la competencia recibió unos 200 deportistas chilenos.

A ellos se le suman atletas provenientes de países vecinos como Argentina, la otra nación de mayor representación. También hay de otros países con una mayor tradición maratoniana como Kenia y Etiopía.

Precisamente esta última nación hegemonizó el evento. Tsegaye Getachew se coronó en la prueba masculina y Mulu Demissie en la femenina, esta última con récord incluido.“Estamos recibiendo cada vez más gente de fuera del Brasil.

Este año son cerca de 4.300 participantes de fuera del Brasil, de más de 30 países. En su mayoría, Argentina y Chile, en América Latina.

Tenemos mucho orgullo de eso”, afirmó Pedro Pereira, head of product del Maratón de Río de Janeiro, en una entrevista con El Deportivo.Los chilenos tiñen la competencia cariocaTras haber empezado a correr en 2020, Larrere completó su primer Maratón precisamente en Río. Desde febrero se preparó para competir en un evento marcado por su ambiente y estructura: “Es maravilloso el ambiente festivo que tiene, la organización.

Cada tres kilómetros había hidratación y cada ocho hidratación de Gatorade. Entonces se podía ir haciendo con ambas, asimismo había puestos de geles.

En ese sentido la organización era buenísima”, recuerda.En su experiencia también tiene pasos en medios maratones en Estados Unidos, pero dio a conocer una predilección por la competencia carioca: “La expo también enorme, preciosa, mucho para vender. La encontré mucho más grande que Santiago.

He corrido 21K en Estados Unidos, en San Francisco, Brooklyn y Miami; pero la de Río es incomparable, no tiene comparación. Es hermosa y el ambiente festivo es otra cosa.

La gente que está ahí, te ofrecen cosas, sandía, bebidas. No se te acaba la energía porque la gente te contagia de su propia energía”.En otro orden, para Juan Pablo Sepúlveda (29) la competencia carioca fue una experiencia única: “Correr en Río es una locura, sin duda debe ser uno de los eventos más importantes del running de Latinoamérica”, indicó a El Deportivo.También destaca el ambiente que se genera en torno a la competencia y el festival que se desarrolla: “Una genialidad de la organización fue dividir las carreras por días y largar tempranísimo para desocupar rápido las calles y no colapsar el tránsito.

El flujo es perfecto y meten a toda la ciudad en modo fiesta del running”.“Te bajas del avión y ya empiezas a ver pantallas, carteles y referencias a la carrera por todos lados. La expo parece un parque de diversiones para corredores.

De hecho, entré pensando que no iba a comprar nada y terminé saliendo con más cosas de las que tenía presupuestadas”, complementó.El ambiente, tanto por el entorno como por la efusividad de la gente, es algo ampliamente resaltado: “Terminar de correr con el Cristo y el Pan de Azúcar de fondo es una de esas imágenes que se te quedan grabadas. Después ves a cientos de corredores en el metro, en la playa descansando, algunos todavía con la medalla puesta, y entiendes por qué tanta gente quiere venir a correr acá al menos una vez”.“En Río el deporte se respira 24/7.

Salía temprano a caminar y ya había gente corriendo, en bici, haciendo ejercicios en la arena o entrenando. No parece algo reservado para los más deportistas, sino parte de la rutina diaria.

Esa cultura se siente durante la carrera, con batucadas, gente alentando y una energía que ayuda incluso cuando las piernas ya no quieren seguir”, añade.SantiagoLarrere también habla sobre la mejoría que puede tener el Maratón de Santiago siguiendo el reflejo de Río: “En Santiago podría mejorar la organización. En la última hice los 21K y el primer punto estaba desabastecido, que fue a los 5 kilómetros.

Yo siempre llevo mi hidratación, así que gracias a eso pude seguir tranquilamente, pero mucha gente esperaba ese punto. Falta bastante organización”, asegura.“En Santiago he corrido los 21K y la verdad es que Chile no se queda atrás.

A nivel técnico y logístico la producción es excelente, el circuito es un tremendo desafío y correr en casa tiene una energía especial porque reconoces las calles, aparecen amigos en distintos puntos y la gente sale a alentar con mucha energía”, remarcó Sepúlveda, en tanto.“Pero comparándonos con Río, creo que hay espacio para mejorar. Contagiar más esa cultura deportiva durante todo el año y no solo el día del evento.

Lograr que los barrios se apropien más de la carrera de forma natural, para que se sienta una verdadera fiesta ciudadana; y explotar mucho más el turismo deportivo, con mejor merch oficial, actividades paralelas y experiencias que hagan que más extranjeros quieran quedarse varios días en la ciudad. Porque al final una maratón no es solo una carrera, también es una vitrina para mostrar una ciudad y la cultura que la rodea”, complementó.Cuatro días y cuatro carrerasLa experiencia de Tomás Espinoza (39) es probablemente la más sorprendente.

El atleta corrió todas las distancias en Río: 5K, 10K, 21K y 42K, cada día una carrera distinta, una gesta realmente impresionante. En tanto, su hermano, Nicolás (41), que también es su preparador físico, compitió en los 42K.

Ambos venían de correr en Boston y Londres con una diferencia de pocos días. Es decir, otra hazaña.“Siempre me gustó mucho Rio de Janeiro y había escuchado innumerables veces que la Maratón de Rio era la mejor de Sudamérica por su convocatoria, por la preparación, el profesionalismo, la calidad de sus competidores, la calidad, lo lindo de los paisajes.

Por eso decidí asumir el gran desafío: correr los 21K el sábado y los 42K el domingo. No obstante, al descubrir que también existían las pruebas de 5K el jueves y 10K el viernes, no lo dudé.

Me inscribí en todas las versiones. Los desafíos siempre me han motivado, así que me inscribí en las cuatro distancias”, contó a El Deportivo.No obstante, la previa al desafío estuvo marcada por un accidente automovilístico que amenazó con cancelar todos sus planes: “Llegaba con mucha ilusión, aunque con poco tiempo de preparación luego de haber corrido recientemente las maratones de Boston y Londres.

Pero el destino tenía otros planes. El 25 de mayo, a menos de 15 días del evento, sufrí un grave accidente automovilístico cuando un vehículo de seguridad municipal de Ñuñoa, que venía en persecución de un vehículo robado, pasó una luz roja a más de 100 km/h e impactó violentamente mi auto.

El daño físico fue importante, quedé totalmente inmovilizado, apenas podía caminar. En ese momento, el viaje a Rio para correr la Maratón parecía un sueño imposible”, dio a conocer.“Aun así, decidí aferrarme a la Fe.

Contra toda lógica, compré mi pasaje y viajé a Río. Corrí los 5K después de casi dos semanas sin actividad física, fue muy difícil, el calor, la humedad y los dolores del accidente me golpearon muchísimo.

Terminé con sufrimiento, pero sin rendirme, busqué ayuda médica, recibí tratamiento para el dolor y al día siguiente enfrenté los 10K. Esa carrera fue distinta: me sentí mucho mejor y recuperé la esperanza”, continuó.Poco a poco dejó atrás los dolores y continuó con su gesta.

También fue impulsado por la atmósfera carioca y el ambiente: “El sábado, en los 21K, opté por correr con calma y disfrutar. Fue la mejor decisión, los paisajes de Río son espectaculares, la energía de la gente te contagia y cada kilómetro se transforma en una celebración.

La llegada fue una fiesta inolvidable, aunque todavía quedaba el mayor desafío los 42K".“Esa misma tarde llegó mi hermano Nicolás desde Estados Unidos para acompañarme en la maratón. Sabía por todo lo que había pasado y, aunque su objetivo era correr por debajo de las tres horas, decidió dejar de lado su marca personal para acompañarme durante los 42K.

Ese gesto significó muchísimo”, contó.Espinoza entregó detalles de las dificultades que tuvo para completar sus últimos 42,195 kilómetros, que le significaron un orgullo inexplicable: “La mañana de la maratón inició antes del amanecer en Praia da Reserva, mientras el sol salía sobre el mar, que me llevó a sentir una profunda gratitud por estar vivo y poder estar allí. El calor y la humedad hicieron la carrera extremadamente exigente, pero los paisajes, el apoyo del público y la compañía de mi hermano me impulsaron hasta la meta”, indicó.“Fue, sin duda, mi maratón más lenta, pero también una de las más felices y significativas de mi vida.

No regresé a casa con récords en tiempo; regresé con cinco medallas, nuevos amigos, recuerdos inolvidables y el corazón lleno de alegría. Río me enseñó que las mejores victorias no siempre se miden en tiempo, sino en la capacidad de levantarse, desafiar la adversidad y seguir adelante.

Volví con una enorme felicidad y con la ilusión de regresar el próximo año para vivir nuevamente este desafío extraordinario”, cerró luego de recibir sus cinco medallas (incluyendo la del Desafío 21K+42K).