Amanuenses: una comedia física que apela al absurdo cotidiano

Autora y dirección: Constanza Feldman. Intérpretes: Martín Bertani, Constanza Feldman, Juan Jimenez y Emmanuel Palavecino.
Vestuario: Estefanía Boness y Melina Benítez. Escenografía: Ariel Vaccaro.
Iluminación: Matías Sendón. Música: Pablo Viotti.
Sala: Galpón de Guevara (Guevara 326). Funciones: miércoles, a las 20.30.
Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.“No me interesa cómo se mueve la gente, sino qué los mueve”, decía Pina Bausch mientras creaba, sin saberlo, un género que cambiaría la historia de las artes escénicas: la danza teatro, una mezcla de baile, teatro, expresión corporal, música, gestos cotidianos y emociones reales, que transmitían experiencias humanas.
Si su disciplina fue un antes y después cuando surgió en las primeras décadas del siglo XX, en este presente en el que el cuerpo se disocia y la energía humana es absorbida por un mundo digital de bots y apps para todo, sin buscar encuentros reales, sus principios tienen una vitalidad indispensable.En esta línea se encuentra el espectáculo Amanuenses, una palabra que viene del latín y significa “a mano” y suele referirse a una persona que escribe lo que otra le dicta o copia textos a mano. Se trata de una comedia física dirigida por la bailarina y actriz Constanza Feldman, que recupera el universo -a esta altura vintage- de una oficina previa a la era de las computadoras.
Cuatro empleados grises trabajan maquinalmente en un caos de objetos analógicos. Su actividad no parece producir nada concreto pero, como a gimnastas, la repetición rutinaria de movimientos los ha dotado de destreza física y los convierte en ejecutores precisos de absurdas secuencias coreográficas.
La obra, dice su creadora, es una declaración de amor a la materialidad de una época cuyos vestigios tienden a desaparecer.Los elementos de oficina constituyen un planteo estético: pilas de papeles que cuando se apoyan sobre la mesa levantan polvo, sellos, lapiceras, pegamento y hasta el bendito recipiente hermético para la hora del almuerzo. Cada momento de la vida laboral es llevado a una parodia física que solo genera humor: comparar los almuerzos de los oficinistas, acelerar los tiempos de papeleo para generar caos y confusión, competir por los cigarrillos y el lugar para fumar, hasta excelentes situaciones de incomodidad respecto al contacto físico.
En esta rutina siempre al borde de explotar, hay una escena notable: el cuerpo de uno de los trabajadores queda rígido en la posición de una silla y aunque lo mueven, lo den vuelta y se pasen su cuerpo entre las distintas personas, nadie logra cambiar esa rigidez. Un gran hallazgo de la directora, a través del poderoso lenguaje de la danza, para hacer metáfora de formas de vida y sistemas económicos y sociales que nos tensan y nos quitan movimiento y flexibilidad.
Todo sin decir una palabra. Martín Bertani, Constanza Feldman, Juan Jimenez y Emmanuel Palavecino son los bailarines y actores que llevan adelante este mundo vintage y desquiciado, que asimismo se sumerge en ciertos estereotipos de la masculinidad, como incomodarse con el contacto físico, mirar revistas pornográficas a escondidas y ciertas rivalidades que en esta pieza, siempre terminan con bailes típicos, desde famosas coreografías de la danza clásica hasta pasos clásicos regionales.
Imposible contar esta historia sin la música en vivo, fundamental, a cargo de Pablo Viotti, quien interpreta con un piano abierto (una vez más la fuerza de lo artesanal) y hasta improvisa, siempre atento a los movimientos y las situaciones de los intérpretes. Para el final, el universo de Feldman se vuelve surrealista y objetos inanimados del mundo de la oficina cobran vida en una escena insólita y fantástica.
En su libro Utopía para realistas (2014), el historiador Rutger Bregman plantea todos los problemas que resolvería una renta básica universal y una jornada laboral de 15 horas semanales: menos estrés, desempleo, accidentes, disminución del cambio climático y emancipación de la mujer. En Amanuenses la reivindicación de lo manual y el trabajo sobre el cuerpo como motor narrativo expone también el sinsentido de muchas actividades laborales, que tienden a la alienación y el sometimiento de la mayoría de la población.
Algo que, claro, ya nos mostró Chaplin en Tiempos modernos y que dejó una vara alta y poderosa para seguir pensando qué hacemos con nuestro cuerpo, nuestro tiempo y nuestra vida. 4 stars
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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