El palacete de Cortiguera, una pieza singular del paisaje urbano santanderino relegada durante décadas a la degradación, ha encontrado en Okuda San Miguel un inesperado salvavidas. Donde las administraciones no han logrado consensuar un uso, el artista plantea convertirlo en el Museo del Kolor, un proyecto que ya ha logrado lo que parecía imposible: devolver el foco sobre un edificio olvidado.Seguir leyendo